Mujer, joven, soltera, sin hijos... y sin trabajo

Elena G. Bandera
E. G. Bandera GIJÓN

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Dos asturianas en la treintena, con y sin experiencia, relatan lo imposible que resulta encontrar trabajo y cómo siempre les hacen preguntas sobre su vida personal. Un ejemplo: ¿y tu marido qué opina de que vengas a trabajar aquí?

06 feb 2017 . Actualizado a las 09:02 h.

¿Y tu marido qué piensa de que vengas a trabajar aquí? ¿Y para los niños no será un trauma cambiar de residencia? Preguntas reales que le hicieron en entrevistas de trabajo a Alicia, una gijonesa de 33 años que tiene un doctorado en Químicas, dos masters, infinidad de cursos de especialización, dos idiomas aparte del castellano, experiencia laboral previa y que está preparando una FP. «Algunos te preguntan directamente que si tienes pareja, que si tienes hijos y no creo que ni siquiera sea legal». Ella ni está casada ni tiene hijos. «Les dices que no tienes ni pareja ni hijos, pero te contestan que eso puede cambiar. Les da igual, solo piensan en la baja y en que eres una mujer y estás en edad fértil. Si eres más joven no cuentan tanto con ello, pero hasta los 40 años por lo menos voy a estar con esta cruz», asume.

A finales de 2015, un informe del Fondo Económico Mundial advertía de que la brecha de género, la que impide que la igualdad entre mujeres y hombres sea plena en todo el mundo, no llegará hasta el año 2133 en vista de la lentitud de los procesos para acortarla. El panorama, también en vista de que se sigan realizando este tipo de preguntas personales, no pinta bien. Hacerlas va en contra del artículo 14 de la Constitución Española: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición personal o social». 

«Iba a las entrevistas con experiencia, con cursos de todo y no había manera»

Alicia acabó el doctorado en 2011. «Encontré trabajo enseguida, pero la empresa cerró y quedé en el paro en 2014. Me puse a buscar trabajo y no encontré nada hasta ahora», indica, desde Cantabria, en donde trabaja como falsa autónoma. «Iba a las entrevistas, con experiencia, con cursos de todo y yo creo que se me ve como muy responsable, pero no había manera», asegura. Sigue buscando otras oportunidades laborales. «A día de hoy no puedo competir. Siempre va a haber un chico en la selección y siempre le van a coger antes a él». 

«No quiero irme fuera de España porque es hoy es muy difícil poder regresar»

Conoce incluso el caso de amigas a las que los entrevistadores les llegaron a decir que esperaban que los niños que salían en la foto del perfil de una aplicación de chat para móviles no fueran de ellas. «No lo eran, pero ¿no tiene derecho a trabajar aunque lo fueran?», se pregunta Alicia que, durante el tiempo en el que estuvo sin trabajo, echó solicitudes para todo tipo de trabajos por toda España. No solo de lo suyo. «Antes de irme fuera iría a Barcelona. No quiero vivir fuera de España porque hoy es muy difícil, una vez que sales, poder regresar». En algunas ofertas consiguió que tuvieran en cuenta su curriculum. «He ido a muchos sitios, no me importa cambiar de lugar de residencia y eso debería quedar claro si me presento a la oferta, pero en algunas me tenían en cuenta porque ponía una dirección falsa». 

«Les sale más barato coger a un becario de la universidad»

En uno de los casos, en la que le entrevistaron hasta en dos ocasiones, acabó confesando que no vivía en la ciudad del puesto de trabajo pero que no tenía ningún problema en hacerlo. Lo siguiente que supo es que se habían decantado por otro perfil: «Les sale más barato coger a un becario de la universidad». 

«Mi último contrato fue en verano, de dos meses. Antes llevaba desde 2012 sin trabajo»

Anais es de las cuencas, tiene 30 años y es técnico superior de Educación Infantil. Solo tuvo oportunidad de trabajar tres meses como tal. «Las plantillas están cubiertas. Todas tienen experiencia de ocho, diez años y en las bolsas de empleo hay mucho enchufismo».Como muchos otros jóvenes, ha ido acumulando pequeñas experiencias en trabajos de lo más variado. Desde cuidar niños por su cuenta, pasando por la teleasistencia, hasta ser dependienta. Pertenece, como Alicia, al grupo de Facebook de Asturias por el Empleo, que sigue creciendo

El último contrato de Anais fue de dos meses y se remonta al verano pasado. «Antes ya llevaba desde 2012 sin trabajar», explica. Sin embargo, no figuraba como parada porque estuvo haciendo dos cursos para obtener los certificados de monitor de tiempo libre y de director de tiempo libre. El primero de 320 horas y, el segundo, de 100. El primero, desde octubre hasta finales de enero y, el segundo, de marzo a junio. «Cuando estás haciendo esos cursos, para el paro no contamos», dice, «encima son cursos dirigidos a parados de larga duración que no hayan trabajado en los 12 meses previos y es injusto porque si has trabajado solo tres meses ya no tienes derecho a hacerlos». 

«Si buscas trabajo qué mas dará si estas soltera o con hijos» 

Desde 2012, Anais ha realizado menos de una decena de entrevistas. «Te piden dos, tres años de experiencia y no la tengo porque no hay manera. No sale nada, a veces te entran dudas de para qué echas los currículos… Me desespero sola». En la mayor parte de las entrevistas le han preguntado si tiene cargas familiares. «Si buscas trabajo que más dará si estás soltera o con hijos», dice Anais, que vive con su padre: «Yo no tengo derecho a nada porque vivo con mi padre y eso es injusto porque no quiero vivir de mi padre toda la vida. Es un círculo cerrado».

Todos los días tiene su rutina establecida de búsqueda activa de empleo. «Reviso todas las bolsas en las que estoy apuntada. Miro por internet, me muevo, gasto dinero en transporte y nada». Para los jóvenes que superan los 25 años o los 30 años, y no entran por lo tanto en las bonificaciones para empleadores, las oportunidades laborales son casi las mismas: ninguna o muy pocas. No hay tanta brecha de género. «Mi novio está cobrando el salario social. En mi entorno, todos los que estamos entre los 28 y los treinta y pico años estamos en la misma situación. Tengo familia fuera de Asturias y ya me dicen que están igual», asegura Anais, que como el de Alicia es un nombre ficticio porque el miedo se impone siempre entre quienes creen que, pese a no tener tanto, tienen mucho que perder.