Los conservadores alemanes entierran el hacha de guerra para evitar la derrota

La CSU bávara respaldará hoy la candidatura de Angela Merkel pese a las críticas


BERLÍN / E. LA VOZ

Por fin, tras año y medio de disputas en torno a la gestión de la crisis migratoria, Angela Merkel, al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU), y Horst Seehofer, de la Unión Socialcristiana bávara (CSU), parecen dispuestos a enterrar el hacha de guerra. A los socios conservadores no les queda otra opción que aparcar sus diferencias y demostrar unidad, al menos de cara a la galería, si quieren ganar las elecciones generales del próximo 24 de septiembre. Sobre todo después de que Martin Schulz, expresidente de la Eurocámara y recién nombrado candidato por el socialdemócata SPD, haya dado la vuelta a las encuestas y puesto patas arriba el tablero político alemán a ocho meses de los comicios.

La CDU y la CSU buscan hacer las paces con un encuentro de dos días que arrancó ayer en Múnich y que ya ha sido bautizado como «la cumbre de la reconciliación». Pero nadie espera milagros, pues la brecha entre ambas formaciones hermanas es muy profunda. El contencioso comenzó en septiembre del 2015, cuando la canciller abrió la frontera a miles de refugiados, una decisión muy criticada por Seehofer, su socio más a la derecha en el Ejecutivo de la gran coalición y jefe del Gobierno en Baviera, una de las regiones que más inmigrantes acogió. Es más, el líder socialcristiano llegó a amenazar con demandar a Merkel ante el Tribunal Constitucional si no aprobaba un tope máximo de 200.000 llegadas anuales.

Aunque la canciller de hierro se ha negado a dar ese paso, sí que ha endurecido el derecho de asilo, a la vista del creciente rechazo de la población a la acogida de refugiados. Ello, sumado al cierre de la ruta de los Balcanes y al controvertido acuerdo de la UE con Turquía, ha contribuido a reducir la cifra de llegadas al país, que pasó de las 890.000 en el 2015 a 280.000 un año después. El dato ha servido para calmar los ánimos de Seehofer y los suyos, que este lunes tienen previsto cerrar la cumbre con la proclamación oficial de Merkel como candidata conjunta para representar a la CDU y la CSU en las elecciones de otoño, a pesar de las «diferentes percepciones» que aún mantienen ambos partidos.

A día de hoy, la canciller carece de rival a su altura con posibilidades de disputarle el liderazgo. Además, la nueva prioridad de la bancada conservadora es cerrar filas para frenar al Partido Socialdemócrata (SPD), que hasta hace unos días estaba abocado al fracaso, castigado por su viraje a la derecha, y ahora no deja de escalar posiciones gracias al llamado «efecto Schulz». De hecho, el último sondeo difundido ayer por el dominical Bild am Sonntag concede un 33 % de los votos a la CDU/CSU, cuatro puntos menos que la semana pasada, y un 29 % al SPD, que ha sumado nueve en cuestión de días. Se trata de la menor distancia entre los dos grandes partidos alemanes desde julio del 2012 y un fenómeno sin precedentes que aumenta las posibilidades de que los socialistas sellen una alianza con La Izquierda y Los Verdes, un tripartito que suma más del 45 % de intención de voto.

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