«Cuando un niño se cura vuelve a ser un niño»

Ya solo canta tras las cortinas. Pero Paco Arango (1966) regresa a las pantallas con su segunda película para apoyar la curación de los niños con cáncer que tan bien conoce como presidente de la Fundación Aladina. «Quiero que la gente salga del cine con un chute de vida», asegura.


Lo que de verdad importa (The healer) tiene magia, humor y un mensaje poderoso. Con un reparto internacional con estrellas como Oliver Jackson-Cohen (Drácula de NBC), Camilla Luddington (Anatomía de Grey), Jonathan Pryce (Piratas del Caribe) y Jorge García (Perdidos), el hijo filántropo del multimillonario Plácido Arango ha dejado todo bien atado para convencer al espectador de que detrás de una película 100 % benéfica hay una sólida historia y una impecable factura. «También para que pueda exhibirse en el mayor número de países» y «llegar a todos», ya que «genera conciencia y hace el bien». Su fin es dar a conocer los campamentos Serious Fun para niños enfermos que fundó Paul Newman que, lejos de ser solo algo lúdico, curan, asegura este Arango «Aladino» que desde que en el 2001 se involucró como voluntario en el hospital pediátrico Niño Jesús, de Madrid, ha entregado su corazón a los niños desde Aladina.

-La película, aire fresco, cuenta una preciosa historia salpicada de realismo mágico a través de un ingeniero mecánico que debe poner en orden su vida.

-Lo importante está hecho, pero ahora hay que intentar que la gente vaya a verla y perdure en el tiempo para poder seguir recaudando, ya que el 100 % va a ser benéfico. El reparto es internacional para que se exhiba en el mayor número de países. Una película en inglés no tiene barreras aunque me encante hacer cine en español. Va a ser primicia en España porque yo soy español, pero la película va a tener una distribución mundial.

-¿Por qué en España la película no se llama «El sanador», como en inglés?

-Porque curandero o sanador suena aquí a que te van a timar. Lo que de verdad importa lleva el nombre de una fundación que existe en España desde hace diez años y que da congresos para transmitir mensajes y valores gratis a gente joven. Cada vez que hacen un acto, lo petan.

-Lo que recaudaste con «Maktub» (2011), tu primera película, después de la serie «Ala….Dina» (2000), lo destinaste a mejorar el hospital Niño Jesús.

-Sí, hicimos el Centro Maktub para trasplante de médula ósea infantil, el más sofisticado de España y quizás de Europa. Solo espero que la gente no piense que, por ser benéfica, la película va a ser mala. Toda la recaudación se destinará a los campamentos Serious Fun para niños enfermos que creó Paul Newman. Todo lo que él levantó, como los productos gourmet Newman’s Own y los 540 millones de dólares que consiguió en 16 años, los donó también. Era un santo. Y estos campamentos son tan increíbles no porque sean un premio para los niños, sino porque son una curación. Por eso pensé que tenía que darles notoriedad y, gracias a los valores de este proyecto, muchas empresas han invertido en la película, porque genera conciencia y hace el bien.

-Están en países europeos, pero no hay ninguno en España.

-Me gustaría tener uno en España pero es muy costoso, son complejos y tienen un hospital dentro. Nosotros llevamos a unos 120 niños al de Barrestown (Irlanda), que está en otro país, y eso es también parte de la aventura porque además estarán con otros 600 niños de Europa que tienen el mismo problema.

-En solo diez años habéis entrado en muchos hospitales españoles mejorando la calidad de la estancia de los menores y creando en el Niño Jesús una uci muy especial.

-Aladina humaniza los hospitales. Aún nos falta por pagar 250.000 euros de nuestra uci, por eso estamos recaudando «achuchones», donaciones. Esta uci era necesaria.

-Has elegido A Coruña para tu primera premier, pero aquí no habéis llegado...

-Queríamos dar a Coruña y Galicia la importancia que se merecen. Aún no estamos en ningún hospital gallego porque tenemos que encontrar los que nos necesiten y que nos den la oportunidad de poder ayudar.

-¿Sigues componiendo?

-Detrás de la cortina. Aunque la última canción de la película es mía.

-¿Cuándo te cortaste la coleta?

-Un día, corriendo por el parque, un mes antes de que mis planes de casarme se fueran por la borda, un niño me miró y dijo: «Mamá, este señor es un famoso». No dijo cantante, dijo famoso. Así que dije: «Se acabó todo». Creé mi productora e hice Ala…Dina, que fue un pelotazo. Cambió mi vida, porque mientras hacía la serie empecé a hacer voluntariado en el Niño Jesús y a los tres meses se convirtió en una quiniela diaria que no ha cambiado en 16 años.

-¿Van a seguir tus películas centrándose en el cáncer infantil?

-Maktub contaba una historia muy triste sobre un niño que conocí en el Niño Jesús. Pero en esta quiero que la gente salga con un chute de vida. La próxima será una comedia romántica y otra, ya en producción, una fábula preciosa que ocurre en Nueva York. Pero siempre donaré todo lo que gane. El cine es la última gran sesión de hipnosis. Si la película es buena, el mensaje te llega directo al corazón. El cine bien hecho es el lujo de la comunicación. Tiene todos los ingredientes para remover el alma.

-¿La sociedad está concienciada sobre el cáncer infantil?

-No lo suficiente, en parte porque causa dolor. La tragedia mayor que hay en el cáncer infantil es que gran parte de la investigación de medicamentos no está desarrollada para niños, sino para adultos porque hay más dinero. Hay logros y las estadísticas ya marcan un índice de supervivencia del 80%, pero falta mucho por hacer. La alimentación es clave. Pero también hay que cuidar cosas como el agua del grifo, no solo por los metales pesados sino por el estado de las tuberías.

-¿Cómo viven los niños su enfermedad?

-Los niños viven al día, no viven el lunes, el martes… Un niño oncológico de 8 años tiene como 17. Cuando se curan, vuelven a tener 8 y ser niños.

-¿Cuántas veces se te rompe el corazón en Aladina?

-Demasiadas. He perdido a más de 400 niños a pie de cama y a cada uno de ellos le quería. Pero siempre digo que solo hay ocho segundos para llorar porque luego algo más pasa que te hace reír y sonreír. Esta es la magia de este hospital.

-Hay muchos artistas que se están movilizando por distintas causas, como Bertín Osborne o Eva Longoria. ¿Es la fama un arma poderosa para concienciar y hacer donar?

-Sin duda. Aquí todo el mundo tiene que aportar su grano de arena donde mejor considere. Pero si todos, todos lo hacemos, crearemos un mundo mejor.

-¿Llegaste a tener relación con Paul Newman?

-Sí, le conocí cuando llevaba cinco años trabajando con niños con cáncer y con Aladina. Nos hicimos amigos y me invitó a formar parte de su fundación. Y ya llevo 9 años. Su hija Clea Newman vendrá a España al estreno de la película.

-¿Cómo era Paul Newman?

-Muy profundo, tanto que parecía melancólico. Era tímido, tenía mucho pudor pero era un loco de la vida, un aventurero, un ser especial y humilde. Donó toda su fortuna. En los campamentos pedía que no hubiera paparazis y en uno que no respetaron esto, le cogió el brazo a la persona que se lo estaba mostrando y caminó con los ojos cerrados todo el camino para que no valiera ninguna foto. Era un tipazo.

-¿Qué puntos de vista compartías con él?

-Muchos. A él le importaba más hacer el bien que forrarse o recibir elogios y a mí es lo que me han enseñado los niños.

-¿Cuál es la petición más especial que te ha hecho un niño?

-Me pidió algo para su madre, aunque él ya no está con nosotros. Le preocupaba mucho la infelicidad de su madre y habló largo tiempo y tendido conmigo de ello. Esto es lo que hace por otra parte la niña en la película al cambiarle el chip al «sanador».

-¿Qué son para ti los milagros?

-Yo he visto muchas tragedias pero he visto muchos milagros, nada que ver con gente flotando ni ángeles. Y cuando he visto milagros, no ha sido por fe, porque no he tenido una educación religiosa. Yo sé que después de esta vida hay algo más profundo e increíble y eso lo he visto en los peores momentos. Son cosas muy íntimas pero verídicas.

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