Registran la sede del partido de Le Pen por supuestos empleos ficticios

La líder del FN busca acabar con su aislamiento internacional con un viaje al Líbano

Le Pen, este lunes en Líbano
Le Pen, este lunes en Líbano

París / Corresponsal

La policía entró este lunes en la sede del Frente Nacional (FN), al norte de París, para continuar con sus pesquisas sobre una posible malversación de fondos del Parlamento Europeo. La Justicia francesa investiga las condiciones de contratación de hasta veinte asistentes parlamentarios, bajo sospecha de ocupar empleos ficticios. La propia Marine Le Pen habría contratado a uno de sus guardaespaldas y a una íntima amiga en calidad de asistentes. La Eurocámara ya le reclama 340.000 euros por el fraude, que recaudará de su propio salario de eurodiputada.

Sin embargo, a diferencia de los casos de corrupción de François Fillon, los de Le Pen no parecen repercutir en su popularidad. En una encuesta publicada ayer por OpinionWay, la candidata queda a la cabeza en la primera vuelta, siete puntos por encima de sus rivales directos, el centrista Emmanuel Macron y el conservador Fillon. En la segunda votación, Le Pen sigue saliendo perdedora, aunque por menos diferencia: 58 % contra 42 % frente a Macron y 56 % contra 44 % frente Fillon.

No obstante, la popularidad de Le Pen en Francia no se refleja en el ámbito internacional. A dos meses de la primera vuelta de las presidenciales, la candidata ultraderechista busca acabar con su aislamiento internacional y ganar en credibilidad con su primera visita oficial al extranjero. La candidata del FN viajó ayer al Líbano, donde fue recibida por el presidente Michel Aoun, el primer jefe de Estado en hacerlo. Pese a que Le Pen se felicitó de haber evocado «una larga y fructuosa amistad entre nuestros dos países» durante la reunión de media hora en Beirut el primer ministro Saad Hariri no perdió la ocasión de advertirle sobre los peligros de considerar como sinónimos «islam» y «terrorismo». «Los libaneses y los árabes, como la mayoría del mundo, consideran Francia como la patria de los derechos humanos y del Estado republicano, que no hace ninguna distinción étnica, religiosa o de clase entre sus ciudadanos», afirmó el líder suní. La flecha va directa al corazón del ideario de extrema derecha del FN, que en el pasado comparó la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial a las oraciones musulmanas en las calles. 

Es precisamente su posición xenófoba y racista la que le ha costado el apoyo de terceros países de cara a las presidenciales. Desde su llegada al frente de la agrupación a penas se ha reunido con altos representantes internacionales: tan solo le han recibido Ibrahim Mahlab, primer ministro de Egipto en el 2015, y Witold Waszczykowski, jefe de la diplomacia polaca, el pasado enero (este último calificó su programa de reforma de la UE de «nocivo»). Angela Merkel rechazó entrevistarse con ella y Mariano Rajoy predijo que su elección sería una «catástrofe». Donald Trump, el faro que ilumina su ascenso al Elíseo, tampoco la recibió cuando esta estuvo de visita en la Trump Tower.

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