¿Deben pagar impuestos los robots asturianos?

UGT pide que las máquinas inteligentes coticen a la Seguridad Social y CCOO considera que deben pagar algún tipo de gravamen. La patronal asegura que la medida restaría competitividad a las empresas

Charlermpon Punnotock, director general de CT Asia Robótica da una mano a un robot en Bangkok (Tailandia)
Charlermpon Punnotock, director general de CT Asia Robótica da una mano a un robot en Bangkok (Tailandia)

Redacción

La industria vive momentos de cambio y los sindicatos no quieren que la nueva revolución les coja con el pie cambiado. La inteligencia artificial ya es una realidad en los procesos productivos y uno de sus efectos más inmediatos es la destrucción de miles de empleos en un país con 4,2 millones de parados -más de 393.000 en Asturias-. Además, la Seguridad Social está agotando su hucha, los ingresos no cubren los gastos y el sistema de pensiones está riesgo a medio plazo, motivo por el que ya hay quien plantea una solución que podría aliviar esos dos problemas: que los robots de nueva generación coticen para contribuir al sistema. La patronal rechaza esa opción y asegura que una medida de esas características restaría competitividad a las empresas.

El debate de que los robots inteligentes paguen impuestos no es nuevo y ya se está debatiendo en varios foros internacionales. El motivo es que varios estudios alertan de la destrucción de empleo que provocará la revolución 4.0. Un informe del World Economic Forum, presentado en Davos, concluye que la digitalización de los procesos productivos destruirá 7,1 millones de empleos y creará 2,1 millones de nuevos puestos para 2020. Es decir, se amortizarán 5 millones de trabajos. La OCDE afina más esa cifra y asegura que el impacto en España supondrá la eliminación del 12% de los empleos actuales.

En este contexto, y con las dificultades que atraviesa el sistema de pensiones en España, el primero en proponer que los robots coticen a la Seguridad fue el asturiano Pepe Álvarez, secretario general de UGT. Mar Celemín, secretaria de Acción sindical de la central en Asturias, comparte la opinión de sus líder nacional y asegura que «es una buena idea». En su opinión, es una propuesta «interesante» para hacer frente «a lo que se nos viene encima». Celemín explica que los cambios en la industria supondrán, a corto plazo, «la sustitución de hombres por máquinas», por lo que sostiene que «tendremos que ver cómo redistribuimos esos beneficios de la sempresas al conjunto de la sociedad».

«El desarrollo económico solo tiene sentido si se refleja en la economía de los ciudadanos», afirma la sindicalista, quien añade que «el objetivo es que ese desarrollo no suponga una pérdida de ingresos para la administración que se traduzca en una pérdida de calidad de vida para la ciudadanía». Por ello considera que la opción de la cotización es interesante, aunque añade que «podría estudiarse otro tipo de medidas, como que paguen impuestos aunque no sean cotizaciones».

Desde CCOO Asturias comparten la preocupación por la destrucción de empleo que generará la industria 4.0 y consideran que hay que buscar mecanismos que posibiliten que el uso de estas máquinas por las empresas tenga un beneficio para la sociedad. Eso sí, tienen dudas de si hacerles cotizar es la solución. Gilberto García, secretario de Acción Sindical de CCOO en Asturia, señala que «en cierto modo, hablar de ese tema es hacerlo de ciencia ficción porque no hay nada concreto». En su opinión, habría que especificar qué maquinas pagarían y cuáles no y añade que «las cotizaciones generan derechos», por lo que reconoce que sería un asunto delicado. 

García afirma que hay dos formas de enfrentarse a ese problema de destrucción de empleo: a favor o en contra de las personas. Por un lado, los robots enfrentándose al trabajador y que les sustituyan sin más, lo que a su juicio generaría «un problema social inabarcable»; o posibilitar que las máquinas reemplacen a los trabajadores «para que los hombres ganen tiempo y calidad de vida y esa riqueza se pudiese repartir entre la sociedad». Para analizar todos estos cambios en la industria, el responsable de CCOO explica que «hemos creado grupos de trabajo para analizar por sectores la introducción de la robótica inteligente». «Estaremos vigilantes para que esos cambios tengan un impacto positivo en el conjunto de la sociedad y no solo en las empresas».

Las empresas rechazan la propuesta

Los planteamientos de los sindicatos no gustan a la patronal, que considera que medidas en esa línea provocarían la pérdida de competitividad de las empresas. Ignacio García, responsable de los Servicios Jurídicos de FADE, asegura que España es uno de los países del mundo que «de forma más importante» grava el trabajo para financiar la Seguridad Social. «Uno de cada tres euros, al menos, del coste de un trabajador» es para tal fin, añade García, quien asegura que «esto penaliza la contratación laboral de las empresas y las hace menos competitivas con los productos de otros países que no gravan los puestos de trabajo con esa intensidad».

Por ello considera que las políticas deberían ir en la línea de «aliviar el gravamen sobre el trabajo», y rechaza como alternativa «gravar la inversión en maquinaria de alta eficiencia, bajo la "atractiva” propuesta de que los robots coticen a la Seguridad Social». En su opinión, eso sería «un disparo certero a la línea de flotación del futuro de las empresas al gravar la inversión tecnológica de las empresas españolas haciéndolas menos competitivas».

La solución al problema de financiación de la Seguridad Social, según FADE, pasa por una economía «moderna y eficiente que genera más y mejor empleo», y no por tener unos gravámenes «sobre nuestra actividad económica que penalizan el empleo, como hasta ahora, o la inversión y a la postre también el empleo, como parece ser el sentido de la propuesta».

Además, destaca las lagunas que tiene el planteamiento. «Cuál sería el “hecho gravable” de la cotización, ¿sólo sistemas mecánicos? ¿Y el software? ¿se grava por coste de adquisición, producción, o por metro cúbico de máquina? Y el motor de un barco ¿Por qué no? ¿Acaso no dejó en el paro a los remeros?», se pregunta García. El debate está sobre la mesa, pero por el momento las posturas entre los agentes implicados están muy distantes.

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