Holanda, primer test del trumpismo en Europa

El líder xenófobo Geert Wilders amenaza con emular la gesta del magnate estadounidense


bRUSELAS / CORRESPONSAL

«Espero repetir su mismo éxito y devolver Holanda a los holandeses». Quien pronunció esas palabras no es otro que el polémico Geert Wilders. El líder del partido xenófobo PVV quiere emular la gesta de Donald Trump al otro lado del Atlántico y ganar las elecciones en su país el próximo miércoles. No le faltan apoyos. Los últimos sondeos otorgan a su formación el 14 % de los votos (20-24 escaños), un porcentaje ligeramente inferior al de los liberales del VVD, partido del primer ministro Mark Rutte, quienes consiguieron dar un vuelco a las encuestas la pasada semana, asaltando la primera posición tras endurecer su discurso antiinmigratorio. Hoy se alzarían con el 16 % de los votos (23-27 escaños). Les siguen los democristianos de la CDA (12 % y entre 18 y 20 escaños), empatados con los liberales progresistas del D66. Los verdes del GroenLinks (10 % de los votos) se alzarían en quinta posición con 15-17 escaños y los socialistas del SP se quedarían en el 10 % de los votos (14-16 escaños), por delante todavía de los socialdemócratas de Lodewijk Frans Asscher (PvdA) que caen a la séptima posición con 11-13 escaños desde los 38 de las pasadas elecciones. Gobernar en coalición con los neoliberales en esta última legislatura les ha pasado una factura muy cara. 

Resistencia al populismo

Más allá de lo que decidan los holandeses en las urnas, la UE ha convertido los comicios en su primer gran test de resistencia al populismo de derechas, abanderado por Wilders, la francesa Marine Le Pen y el AfD alemán. Todos cuestionan el statu quo, el proyecto europeo, y proclaman el retorno al proteccionismo económico, el cierre de fronteras y la erradicación del islam de la sociedad. Las costuras de la UE, frágiles de por sí, se abrieron un poco más con los vítores de Trump a favor del brexit y el augurio de más salidas, pero Holanda no tiene por ahora apetito de divorcio. Wilders sí lo quiere. Desea tanto su victoria como el nexit (salida de Holanda). «Podríamos estar sufriendo la dominación de otra organización totalitaria que se llama la UE», llegó a asegurar levantando las sospechas de quienes apuntan, como la Eurocámara, a que los partidos eurófobos europeos están recibiendo financiación y apoyo de Moscú. Precisamente para evitar injerencias de hackers o servicios secretos, las autoridades holandesas han decidido contar a mano las papeletas descartando programas que requieran conexión a la red.

¿Hay alternativa a Wilders? Sí, y muchas. Los expertos apuntan a varios escenarios poselectorales de coaliciones de entre cuatro y cinco partidos. En ninguno aparece el líder xenófobo formando Gobierno, porque sus contrincantes descartan tenderle la mano. No por sus soflamas contra lo que él califica de «escoria marroquí», sino porque conservan en la memoria el bloqueo que impuso al anterior Ejecutivo, una maniobra que obligó a convocar en el 2012 elecciones anticipadas.

El trabajo negociador será hercúleo. Hasta 14 partidos pueden conseguir representación parlamentaria. El arco político está absolutamente fragmentado, un fenómeno que creó tendencia en la UE. Holanda vio surgir desde el 2000 nuevos partidos de corte más radical, atrayendo a un público desencantado e indeciso. Los mismos que entonces votaban por los socialdemócratas en zonas como el cinturón de Róterdam hoy lo hacen por Wilders o la extrema izquierda. El temor a la globalización y sus efectos (deslocalización, desindustrialización, precariedad laboral y pérdida de identidad) no hará saltar por los aires el sistema político holandés, que cuenta con sólidos diques de contención, pero habrá que ver si afecta al estado de salud de la UE de cara a las elecciones francesas de abril. El segundo asalto de los populistas a manos de Marine Le Pen.

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