Un agente asegura que mostró alivio al hallarse los restos de la peregrina, y que mantenía contactos con la guerrilla zapatista y colombiana
16 mar 2017 . Actualizado a las 16:49 h.Miguel Ángel Muñoz Blas, de 41 años, acusado de asesinar a la peregrina estadounidense Denise Pikka Thiem en abril del 2015, «se mostró aliviado cuando condujo a la Policía hasta el lugar en el que había escondido el cadáver de la mujer», según ha afirmado este jueves un agente, presente cuando se halló el cuerpo.
Este agente, subinspector del grupo de homicidios y desaparecidos de la Policía Judicial, ha testificado esta mañana en el juicio que se sigue en la Audiencia de León contra Muñoz Blas, quien supuestamente cometió el crimen el 5 de abril de 2015, el mismo día de la desaparición de la peregrina.
El policía ha explicado que viajó en el helicóptero que trasladó al acusado desde Grandas de Salime (Asturias) a Astorga (León) cuando fue detenido el 11 de septiembre en la primera localidad, y ha precisado que al bajarse de la aeronave le anunció de forma voluntaria que quería colaborar y daría a conocer el lugar en el que había escondido el cadáver.
Según este agente, el acusado les guió al sitio donde estaban los restos de Denise, a unos 2,5 kilómetros de su vivienda, en un paraje recóndito y de difícil acceso entre las localidades leonesas de Santa Catalina de Somoza y San Martín de Agostedo.
«Fue entonces cuando se mostró aliviado, se le cambió el rictus de la cara como si se quitase un peso de encima, que es algo muy habitual cuando se cometen este tipo de delitos, sobre todo en personas que no son asesinos profesionales», ha detallado este agente, que lleva casi veinte años de servicio en el Grupo de Homicidios y Desaparecidos.
Además, ha recordado que al día siguiente a la desaparición de Denise el acusado habló más de 45 minutos con su expareja, cuando sus contactos telefónicos apenas duraban un par de minutos.
«Es lo que yo llamo la llamada de descarga, que se produce cuando alguien ha cometido un acto de extrema gravedad y necesita hablar con alguien de su máxima confianza para seguir sintiéndose un ser humano», ha agregado.
También ha dicho que una vez que Muñoz Blas pasó a ser investigado como primer sospechoso de la desaparición de la peregrina descubrieron que mantenía contactos con las guerrillas zapatista y colombiana y que había sido activista de movimientos antiglobalización.
Otro agente adscrito al grupo de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Judicial que ha testificado esta mañana, ha referido que el acusado les dijo a los policías que participaban en la reconstrucción del crimen que agredió a la mujer porque «le miró mal, sintió desconfianza y en ese momento le cambió el chip».
«Nos contó que ese momento le cambió el chip y que no sabe qué se le pasó por la cabeza para hacer lo que hizo», ha declarado este agente, que ha precisado que el acusado les confesó que «primero la golpeó con un palo en la cabeza y cuando estaba convulsionando en el suelo le cortó el cuello con una navaja».
Finalmente les narró que le cortó las manos con una pequeña hacha, aunque los forenses consideraron tras la autopsia que lo hizo con una sierra, en virtud del tipo de corte.
También ha señalado, que el acusado afirmó que cambió de lugar el cadáver «una noche sin luna y vestido de negro», para evitar ser descubierto, y que metió los restos de Denise en una bolsa de plástico negro.
Los investigadores concluyeron que inicialmente lo enterró en una zona próxima a su casa y a finales de agosto lo cambió de lugar a un paraje recóndito a unos 2,5 kilómetros de su vivienda para evitar que fuera encontrado debido a las numerosas batidas que se hacían por la comarca.
Los dos puntos en los que el cadáver estuvo enterrado distan entre sí unos cinco kilómetros, que el acusado recorrió, según su declaración inicial, «unos ratos cargando y otros arrastrando» el cuerpo.
Finalmente, los restos de la peregrina fueron hallados tras la detención del acusado en Grandas de Salime (Asturias) el 11 de septiembre del 2011.
Hasta allí condujo a los investigadores el propio acusado, quien en un primero momento confesó el crimen y se mostró colaborador.
Este testigo también ha declarado que en las cercanías de la casa del acusado se hallaron varios puestos de observación similares a los de los cazadores colocan en los cotos para vigilar y observar a los caminantes a su paso por las cercanías de su vivienda.