Trump reprocha la política migratoria de Merkel en un tenso encuentro
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El presidente defiende que la inmigración «es un privilegio, no un derecho»
18 mar 2017 . Actualizado a las 10:41 h.La extravagancia y la impulsividad se vieron ayer las caras con el pragmatismo y la mesura. Esas son las principales características de dos de los líderes más poderosos del mundo. Washington y Berlín frente a frente, o lo que es lo mismo Donald Trump y Angela Merkel, juntos por primera vez después de fuertes desencuentros.
Ayer era el momento de tomar la temperatura a esa hostilidad evidenciada a lo largo de una campaña electoral en la que el entonces candidato republicano acusó a Merkel de arruinar a Alemania con su política de acogida de refugiados. Durante meses, la distancia entre ejecutivos se hizo patente en infinidad de asuntos. Ahí están las alabanzas de Trump al brexit o su distancia con Europa, a la que se suele referir despectivamente como «el consorcio» en todas sus intervenciones.
Con estos precedentes, ni la agenda ni el encuentro en sí eran sencillos. Había muchos nudos que deshacer y buena prueba de ello fueron los 40 minutos de retraso con los que comenzó una rueda de prensa allanada previamente por los respectivos cuerpos diplomáticos.
Aun así, poco o nada podía evitar el choque de trenes en materia migratoria. «La inmigración es un privilegio, no un derecho», dijo Trump sobre el principal escollo que separa a ambas administraciones y que recogió la indiferencia de una canciller que insistió en su política de acogimiento de refugiados. La reunión bilateral sirvió para que el estadounidense reiterase su apoyo a la OTAN, pero con mensaje incluido. «Que todos paguen su parte justa», zanjó. Su petición obtuvo el compromiso de la canciller de que los socios «seguirán trabajando» para incrementar sus contribuciones a la defensa común.
Fue la prensa alemana la que puso al republicano en más aprietos por su proteccionismo. «No creo en políticas aislacionistas. Creo que una política comercial debe ser justa», deslizó tras llamar «fake news» a la periodista alemana. Ayer quedó claro que la rigidez entre ambos sigue existiendo aunque Merkel, en una búsqueda de consenso (y quizá por ello no se citó a Putin), optó por destacar la importancia de trabajar por objetivos comunes y hablar «uno con el otro, en lugar de uno sobre el otro».
El desplante presidencial
El encuentro con la prensa finalizó con un protocolario apretón de manos, que a su vez sirvió para calmar la revolución existente en las redes sociales tras el conflicto que tuvo lugar durante el posado habitual en el despacho oval. Allí, las cámaras registraron el momento más tenso entre ambos mandatarios cuando un periodista les preguntó si podían darse la mano para ser fotografiados. «¿Nos damos la mano?», le dijo en voz baja y amistosamente Merkel a Trump. Sin embargo, la única respuesta que obtuvo la canciller del estadounidense fue su ignorancia y silencio. Trump ni siquiera miró a Merkel, ante la visible incomodidad de la alemana.
Otro de los momentos más comentados fue la reunión previa que ambos líderes mantuvieron con empresarios alemanes y a la que también asistió la hija del presidente, Ivanka Trump, sentada a la derecha de la canciller. Merkel acudió al encuentro con los presidentes de Siemens y BMW, Joe Kaeser y Harald Krüger, preocupados por cómo la postura proteccionista de Trump puede afectar a sus fábricas en Estados Unidos.
El magnate reitera que el Reino Unido le espió en campaña
Donald Trump contradijo a todo su equipo y evitó ayer disculparse ante el Reino Unido tras acusar a su servicio de espionaje de colaborar con Barack Obama para interceptar sus comunicaciones sin aportar prueba alguna al respecto. «Ridículas». Así es como el Ejecutivo de Theresa May y la inteligencia británica calificaron las acusaciones de la Casa Blanca
El Gobierno estadounidense basó su débil razonamiento en un informe revelado en Fox News. El comentarista conservador Andrew Napolitano defendió que Obama salió de la cadena de mando para usar a sus aliados y, así, pedir a la agencia británica de inteligencia de señales (CGHQ) que llevase a cabo el espionaje al neoyorquino. De esta manera, la anterior Administración no solo evitaría dejar huellas, sino que además eludiría las restricciones legales que impiden (si no hay una orden judicial) que Obama pudiera hacer cualquier encargo a la NSA, la CIA o el FBI o incluso al propio Departamento de Justicia.
Que Spicer citase este informe desde el Ala Oeste de la Casa Blanca enfadó sobremanera al Ejecutivo británico, quien finalmente obtuvo las disculpas tanto de Spicer, como del consejero de Seguridad, el general McMaster. Ambos contactaron con el consejero de Seguridad del Reino Unido y garantizaron que no volverán a repetir dichas acusaciones.
Falta de credibilidad
El mismo hastío que trasladaron los británicos lleva días dejándose sentir en Washington, donde congresistas y senadores republicanos continúan desmintiendo al presidente de Estados Unidos.
Los reproches recibidos por la falta de evidencias no han sido suficientes y Donald Trump continúa reafirmándose en sus acusaciones contra Obama sin mostrar pruebas. «Al menos tenemos una cosa en común con la Administración anterior», bromeó Trump ayer ante Angela Merkel en referencia al espionaje de la NSA a la canciller alemana, revelado en el 2013.