Gijón

Haití es un país doliente. La nación con la economía más débil de todo el continente americano acumula una cadena de desastres rematada en los últimos años por dos mazazos mayúsculos: el terremoto que en 2010 asoló su territorio, dejando atrás no solo 300.000 muertos, sino también la devastación de las precarias infraestructuras y servicios del país, y el huracán «Matthew», que se abatió sobre la isla destrozando lo poco que se había conseguido rehacer, dejando un número literalmente incontable de fallecidos y pérdidas que, según los cálculos más recientes, supera los 12.000 millones de dólares. Es el país cuyo dolor acaba de retratar el fotorreportero asturiano Álex Zapico, cuyo trabajo en su tercera visita a la isla caribeña se expone en el museo Juan Barjola bajo el título Haití en el camino.

Son 25 fotografías en color y en gran formato acompañadas de un texto de Michel Suárez para un proyecto que ha financiado la Agencia de Cooperación Asturiana, dependiente del Principado, en colaboración con Médicos del Mundo. Pero ese es el término del camino que, a su vez, emprendió Zapico el pasado diciembre como freelance, y con intención de «contar la realidad de Haití después de los desastres de los últimos años, que lo han convertido en un país donde no hay manera de levantar cabeza». Su viaje se resumen en varios frentes: un relato del contexto general, una mirada a la vida de cuatro familias en las zonas de montaña, las más olvidadas de Haití; los repartos de comida supervisados por Cascos Azules de la ONU; el seguimiento de la instalación de unas bombas de agua donadas por Bomberos Sin Fronteras -vitales para evitar la propagación del cólera- y también el trabajo en este mismo frente sin cuartel de integrantes de Médicos del Mundo.

«Ese es seguramente el problema más grave del país, que necesita lo que llaman "agua sana" para frenar el cólera, que es endémico y se extiende a una velocidad enorme. Una crisis puede estallar en 24 horas porque, a diferencia de la malaria por ejemplo, en solo cuatro horas puedes enfermar de cólera», cuenta el fotorreportero. 

Su viaje partió de la localidad costera de Jérémie, «una de las zonas más complicadas, donde» -precisa Zapico- «la ONU está realizando un reparto de ayuda tan difícil que necesita de su control permanente para evitar que haya muertos durante los repartos». Desde ahí, se propuso dirigirse a las montañas para levantar acta de la situación de los más olvidados entre los olvidados, «una población aislada, que no recibe ayudas, que carece de toda línea de transporte y que no ha podido bajar desde el huracán, incluso teniendo muchos heridos». La forma más rápida, versátil y barata, aunque no necesariamente la más segura, es la moto.

«La inseguridad en las carreteras es enorme. La gente tiene que viajar en convoyes para protegerse, y con escolta militar», asegura Álex Zapico. Eso al margen de lo caro que resulta desplazarse: para un trayecto de 300 o 400 kilómetros, no menos de 300 dólares. Y siempre con el riesgo «de quedarte tirado y sin transporte». Además, un fotorreportero que viaja sin cobertura financiera tiene que pagarse un alojamiento que resulta prohibitivo: «Noventa euros para poder hacer noche en un lugar de mierda». Una situación que se ha consolidado, por pura lógica de mercado, después de la presencia de cooperantes o personal de la ONU con el riñón bien cubierto por sus respectivas organizaciones.

Pero lo importante es lo que, en esas circunstancias nada complacientes, Álex Zapico se trajo de vuelta. Todo ello está en Haití en el camino, y todo ello se mostrará, además de en el Barjola, en distintos puntos de Asturias, como parte de la itinerancia de una muestra que duele, que impacta y que, incluso bajo tanta miseria, retiene a menudo innegables destellos de belleza, como la imagen de esas dos madonnas que se yerguen en mitad de la ruina con toda su dignidad de madres o la mujer que avanza por el camino que inspira el título de la exposición, con paso de superviviente hacia un futuro más que incierto.

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Veinticinco escalas en el camino de un Haití que duele