¿Qué futuro le espera a la UE tras la Declaración de Roma?

Crisis y disputas marcan el presente de la Unión, que se dirige a una Europa de varias velocidades


roma

Más fuerte, más unida y más solidaria. Sesenta años después de sus inicios, la Unión Europea (UE) se esfuerza por renovarse. La Declaración de Roma, suscrita hoy por los líderes del bloque (a excepción de la británica Theresa May), pretende reafirmar las promesas de paz y bienestar de los padres fundadores en 1957. Pero en el 60 aniversario de la firma de los Tratados de Roma la UE está agotada por crisis y disputas. La próxima semana se enfrenta al peor golpe recibido desde su fundación, el anuncio oficial de salida de uno de sus miembros, el Reino Unido. Y en pocas semanas los franceses decidirán en elecciones presidenciales si entregan el poder a la ultraderechista y euroescéptica Marine Le Pen.

¿Cómo se enfrentará la UE a estos retos, a la desconfianza y las dudas en sí misma? La Declaración de Roma ha sido un parto difícil y se ha discutido mucho sobre ella. El resultado es una mezcla de emoción y descripción de proyectos, un manifiesto de futuro y un ejemplo típico de los compromisos que se alcanzan en Bruselas.

¿Qué aparece en el documento de tres páginas?

La Declaración celebra los éxitos de Europa desde los tratados fundacionales de 1957 y promete hacer frente unida a «retos sin precedentes» como «conflictos regionales, terrorismo, presiones migratorias crecientes, proteccionismo y desigualdades sociales y económicas». Para los próximos diez años se plantea cuatro objetivos: una Europa segura y protegida, una Europa próspera y sostenible, una Europa social y una Europa más fuerte en la escena mundial, comprometida con el refuerzo de su seguridad y defensa comunes. «Para fortuna nuestra, estamos unidos. Europa es nuestro futuro común», concluye el texto.

¿Qué aspecto fue el más controvertido?

La denominada «Europa a distintas velocidades», una variante que defendían sobre todo Alemania, Francia, España e Italia. Significa que cuando no todos los países de la UE quieran embarcarse en un proyecto, los que sí deseen hacerlo pueden comenzar a cooperar en ese determinado aspecto. Los defensores de este concepto creen que es una buena forma de reducir los interminables debates de la UE, superar los bloqueos y hacer que el bloque tenga mayor capacidad de acción. Sin embargo, Polonia y otros países del este temen quedar relegados a un segundo plano. El Gobierno de Varsovia amenazó con bloquear la Declaración pero finalmente la suscribió. La formulación que aparece en el texto no es especialmente contundente: «Actuaremos juntos, a distintos ritmos y con distinta intensidad cuando sea necesario, mientras avanzamos en la misma dirección», dice el texto. Y para los escépticos subraya que la Unión «es indivisa e indivisible».

¿Qué molestaba a los griegos?

También Grecia planteó inconvenientes, pero por otra razón. El Gobierno de Atenas quería que se reconociese que los logros sociales de la UE están vigentes para todos sus miembros. El trasfondo de esa petición es la amarga disputa sobre los rescates financieros a Grecia, a cambio de los cuales se exigieron reformas en el mercado laboral. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, suavizó recientemente la situación con palabras amables y en la Declaración se incluye la importancia de la «Europa social» y se cita expresamente como tarea de la UE la lucha contra el desempleo y la pobreza.

¿Qué cambiará en la UE?

No mucho, según se desprende de la Declaración. La descripción de la actual «comunidad de paz, libertad, democracia, derechos humanos y Estado de Derecho» no se diferencia mucho del objetivo que se plantean los 27 a partir de ahora. «En los diez próximos años queremos una Unión más segura y protegida, próspera, competitiva, sostenible y socialmente responsable, que tenga la voluntad y la capacidad de desempeñar un papel fundamental en el mundo y de modelar la globalización», reza la Declaración. Lo que corresponde a esos objetivos aparece descrito en conceptos clave, como política migratoria, igualdad, preservación de la herencia cultural, una mejor defensa, libre comercio, protección medioambiental... hay para todos pero sin líneas rojas claras. Aun así, hay tres indicios de los deseos de reforma de la UE. Se quiere escuchar las preocupaciones de los ciudadanos, mejorar los procesos de toma de decisiones y «una Unión grande para las grandes cuestiones y pequeña para las pequeñas».

¿Es suficiente para revitalizar el proyecto?

Seguramente no, aunque tras la cumbre Juncker hablase de un «ambiente de renovación». El propio presidente de la Comisión Europea reconoció que falta un concepto real. Él mismo ha planteado varias propuestas pero a la pregunta de cuál será el futuro de la UE sólo pudo contestar así: «Todavía no tenemos una respuesta».

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