La UE marca a Londres las líneas rojas de la negociación del «brexit»

La desconexión se hará por fases y no de forma simultánea como exigió May


Bruselas / corresponsal

Tres días después de recibir la demanda de divorcio del Reino Unido, plagada de exigencias y amenazas al bloque, la Unión Europea tomó ayer el testigo. No solo respondió a Londres asegurando que está preparada para un eventual fracaso de las negociaciones sino que presentó sus líneas rojas para marcar el camino y el ritmo de salida a los británicos.  La desconexión que plantea el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se hará por fases y no de forma simultánea, como exigía la premier Theresa May

La primera etapa abarca las tres cuestiones más urgentes que el polaco quiere dejar encarriladas para otoño: garantizar los derechos «recíprocos» de los ciudadanos comunitarios y británicos desplazados a ambos lados del canal de la Mancha (4,5 millones de personas), obligar al Reino Unido a cumplir con todas sus obligaciones financieras adquiridas, es decir, a pagar la factura antes de irse y encontrar una solución «flexible e imaginativa» para Irlanda del Norte, de forma que no se vuelva a levantar una frontera dura con sus vecinos irlandeses. 

Cuando el Consejo constate que los británicos avanzan a buen ritmo y emprenden «progresos suficientes», solo entonces la UE permitirá que las negociaciones avancen a una segunda fase en la que se podrá empezar a debatir el futuro marco de relaciones entre los dos socios y la posibilidad de diseñar un período transitorio para hacer más suave la separación. En cualquier caso, no habrá acuerdo alguno hasta que Reino Unido no se vaya de forma efectiva de la UE. «No queremos encarar el proceso con un enfoque punitivo», asegura Tusk quien considera que bastante daño se han infligido ya los británicos al votar a favor del brexit

El lenguaje de la UE es suave, pero el mensaje no deja lugar a dudas: no habrá margen para concesiones. Tusk recuerda a May que los 27 se mantendrán leales a las directrices. «No habrá negociaciones por separado con los Estados miembro», dice el texto en el que también se excluye la posibilidad de ofrecer ventajas competitivas y fiscales al Reino Unido de cara a un eventual acuerdo de libre comercio.

¿Qué pasará con la cooperación en seguridad, defensa y lucha antiterrorista? May sugería en la carta enviada el miércoles a Bruselas que su país no estaba por la labor de arrimar el hombro si la UE no le daba opción a negociar desde el principio un acuerdo comercial al tiempo que perfilaban los términos del divorcio. La respuesta al chantaje fue un rotundo no. Londres rectificó a continuación y su ministro de Exteriores, Boris Johnson, insistió en que la UE había malinterpretado el sentido de la carta: «El compromiso del Reino Unido con la seguridad y la defensa de Europa es incondicional».

Aunque en la Unión nadie duda de la malicia diplomática en la que llegó envuelta la demanda del divorcio, Tusk ha preferido otorgarles el beneficio de la duda. Más allá del comercio, el polaco quiere «lazos fuertes»  en materia de seguridad, mucho más tras los ataques yihadistas que han sufrido varios Estados miembro en los dos últimos años, incluido el Reino Unido. «La seguridad de nuestros ciudadanos es la prioridad», les recordó. 

España podrá vetar cualquier acuerdo sobre Gibraltar

El punto 22 de la hoja de ruta de Tusk ha desencadenado una tormenta en Londres y en su única colonia, Gibraltar. Apenas tres líneas con las que los 27 han conseguido enervar los nervios de los británicos: «Después de que el Reino Unido abandone la Unión, ningún acuerdo entre la UE y el Reino Unido se podrá aplicar en el territorio de Gibraltar sin el acuerdo entre el Reino de España y el Reino Unido». Esto es, el Gobierno español podrá vetar cualquier pacto si May no accede a revisar el estatus legal del Peñón. 

La sugerencia despertó la indignación de los diputados tories que siguen estupefactos por el espaldarazo europeo a la histórica demanda española que consideran «inaceptable». «No nos dejaremos intimidar», aseguró ayer el presidente del grupo parlamentario, Andrew Rosindell. Otras voces se sumaron al cántico de «con la soberanía de Gibraltar no se negocia» y el Gobierno de May ya ha dejado claro que «jamás» cederán el Peñón. Dentro del Parlamento británico ya se ha pedido al Ejecutivo que disponga de forma urgente de un plan para blindar los territorios de ultramar del Reino Unido. Londres no quiere ni oír hablar de sentarse a negociar con España. Tampoco lo quiere el principal ministro gibraltareño, Fabian Picardo, quien está dispuesto a sacrificar lo que haga falta para evitar que el territorio deje de estar bajo soberanía británica. 

El caso es que la UE reconoce las tesis de España y admite que la disputa sobre la el Peñón es una cuestión bilateral, puesto que Gibraltar no es territorio británico sino una colonia pendiente de descolonización. Partiendo de esa base, ningún acuerdo negociado con Londres se podría aplicar a los 33.000 residentes de la zona. 

La victoria política del Gobierno español es la primera que se apunta tras muchos años reclamando el respaldo de sus socios que solo al ver al Reino Unido fuera del bloque han cedido a las presiones de Mariano Rajoy. Su equipo aplaudía ayer la inclusión de su histórica demanda en la lista de directrices para negociar el brexit: «Nos satisface plenamente», aseguró ayer el portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo

Se avecinan meses de tensión entre Bruselas y Londres a costa de un polémico artículo que otorga a España una posición de ventaja en las negociaciones del brexit. A pesar del tanto anotado, nadie quiere echar las campanas al vuelo. En el Reino Unido quedan 300.000 españoles a la espera de saber qué será de su futuro.

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