No estaba dispuesto a perder de ninguna manera una de las cinco comunidades autónomas que gobierna el PP
05 abr 2017 . Actualizado a las 07:10 h.El demoledor auto del juez Eloy Velasco en el que pedía al Tribunal Superior de Justicia de Murcia que investigara a Pedro Antonio Sánchez por tres delitos en el caso Púnica fue el empujón final, la sentencia definitiva para que Rajoy diera el visto bueno a su relevo, vestido de dimisión para evitar un supuesto tripartito. Sumada a la imputación en el caso Auditorio por los presuntos delitos de prevaricación, malversación, fraude y falsedad, su situación era insostenible, en vísperas de una moción de censura que iba a derribarlo. A pesar de que el presidente del Gobierno y otros dirigentes populares le habían dado su respaldo total y defendido a ultranza su presunción de inocencia, una vez más se ha cumplido el guion para estos casos.
Rajoy no estaba dispuesto a perder de ninguna manera una de las cinco comunidades autónomas que gobierna el PP y, si para ello, tenía que caer su presidente, que cayera. No tenía ningún sentido mantener a un político acusado de corrupción y abandonado por su socio Ciudadanos, de cuyos cuatro diputados dependía para gobernar. Solo quedaba escenificar su salida. Incluso después de conocerse el contenido de la exposición razonada elevada por Velasco al TSJM, que detalla de forma apabullante los indicios de que Sánchez concertó con el experto de la red Púnica Alejandro de Pedro el pago con dinero público de una campaña para limpiar su imagen, los dirigentes del PP lo apoyaban en público. Pero sus horas estaban contadas.
El compromiso
La forma de justificar su salida para no desmentirse a sí mismos ha sido blandir la amenaza de un supuesto gobierno tripartito que estaría cerrado. Para terminar de convencer a Sánchez de que se fuera, María Dolores de Cospedal se comprometió a rehabilitarlo y reponerlo en el cargo si la Justicia lo absuelve. Es la misma promesa que se le hizo a Francisco Camps para convencerlo de que dimitiera. A pesar de ser declarado no culpable en el caso de los trajes, sigue en el ostracismo político.
En la partida de póker que han mantenido Rajoy y Albert Rivera, este se ha alzado como ganador indiscutible en el último minuto al haber logrado forzar la dimisión de Sánchez sin tener que haber votado junto a Podemos en la moción de censura que se tendría que haber debatido y votado entre hoy y mañana.