En Suecia la objeción de conciencia no sirve para negarse a practicar un aborto

El Supremo dice que no hubo discriminación con la comadrona que alega no ser contratada por no practicarlos

Soldados suecos de maniobras
Soldados suecos de maniobras

redacción / la voz

Declararse objetor de conciencia no es razón en Suecia para negarse a practicar un aborto. Eso ya lo había dicho en el 2015 un tribunal del distrito sueco de Joenkoeping al resolver que la comadrona Ellinor Grimmark no sufría ningún tipo de discriminación laboral cuando los hospitales de la zona, como ella había denunciado, se negaban a contratarla porque no quería realizar ese tipo de intervenciones debido a su religión. La mujer, no convencida, recurrió el fallo a la Corte Suprema del país, pero en ese caso demandó a la autoridad sanitaria de la zona. Y no obtuvo una respuesta diferente de la máxima instancia jurídica del país: «No han violado su libertad de opinión ni de expresión», dice ahora este órgano.

Pero ella, apoyada por diferentes organizaciones cristianas, no dejará de dar la batalla y, como dijo tras conocer el veredicto, recurrirá al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, como publicó la BBC. De momento, como recoge la prensa sueca, deberá correr con los gastos generados hasta el momento en el proceso legal, que ascienden a unos 170.000 dólares. 

División en Europa

La objeción de conciencia a la hora de intervenir o no en un aborto es un tema que divide a Europa. En España está regulado y permitido a nivel particular. Quien no quiera practicarlos porque eso atenta contra su moral deberá declararlo con anterioridad y, como recuerda el ginecólogo y directivo de la Sociedad Europea de Contracepción, Roberto Lertxundi, cada hospital debería tener su listado de objetores porque el servicio es un derecho al que deben de tener acceso todas las mujeres que lo requieran.

A su juicio, resulta urgente unificar la norma en toda Europa para que la legislación de países como Suecia, que fue de los primeros países en legislar al respecto, no choque con la de otros más conservadores como pueden ser Portugal o Italia, donde el porcentaje de abortos es de los más bajos de toda la UE. Un comunicado remitido hace unos meses por la Sociedad Española de Contracepción explicaba que en la Unión Europea hay dos actitudes (la de regular la objeción o no) que «resultan incompatibles, por lo que lo primero que habrá que discutir será decidir que se regule o no».

De los veintiocho miembros que componen la UE, dicen desde el referido organismo, son veintidós los que ya han establecido unas normas como ocurre en el caso de España. Otros lo dejan a criterios preestablecidos y algunos (Suecia, Finlandia, Islandia, que solicitó adhesión pero no es miembro) prohíben la regulación. De hecho, el veredicto de la Corte Suprema sueca va en esa línea.

Roberto Lertxundi ha insistido en la necesidad de un consenso internacional sobre la objeción. «El fondo del problema consiste en que, habitualmente, la regulación del derecho a la objeción de conciencia del personal sanitario se utiliza contra los derechos a la salud de las mujeres especialmente en materia de aborto. Esta circunstancia es manifiesta en los países con gran peso tradicional de la iglesia católica: Polonia, Italia, Irlanda... ».

Abortos en España

10,4. Por cada 1.000 habitantes. La tasa fue registrada en el 2015. En Portugal esta cifra está por debajo de 10.

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