El Estado Islámico no mira los sondeos

La intención de voto del Frente Nacional seguía ayer estancada en los sondeos y lo cierto es que no existe evidencia empírica de que los atentados favorezcan ese voto de extrema derecha


Es un acto reflejo: cada vez que se produce un atentado terrorista durante una campaña electoral se nos dice que favorecerá a la extrema derecha. Quienes lo dicen quizás no reparen en que están dando a entender que la extrema derecha tiene un discurso más atractivo para los electores en materia de seguridad y terrorismo. Sea como fuere, la intención de voto del Frente Nacional seguía ayer estancada en los sondeos y lo cierto es que no existe evidencia empírica de que los atentados favorezcan ese voto de extrema derecha.

Por centrarnos en Francia, el socialista Hollande ganó a Le Pen y Sarkozy en el 2012 tras una oleada de ataques yihadistas que dejaron siete muertos (entre ellos tres niños pequeños). Y los atentados de París del 2015, en los que murieron 130 personas, vinieron seguidos de unas elecciones regionales en las que no se produjo ningún resultado inesperado, salvo una ligera bajada de la abstención. Este es, quizás, el único efecto más o menos contrastado de las acciones terroristas en los procesos electorales: un aumento de la participación, lo que por lo general suele perjudicar a los partidos más radicales. Si el Frente Nacional obtiene un resultado mejor de lo esperado el domingo se puede afirmar con casi total seguridad que será por otros motivos.

Como tantas veces en el análisis político, existe la tendencia a creer que todo lo que es grave tiene consecuencias graves, pero esto ignora el importante papel que juegan en política las ideas preconcebidas y las lealtades. Después de otros atentados cuantitativamente más graves, este no va a modificar la idea que sobre la cuestión del terrorismo se han formado ya los franceses. Ni siquiera es probable que haga daño a las perspectivas, por ejemplo, del candidato anticapitalista Philippe Poutou, que propone como solución desarmar a la policía, puesto que se supone que sus votantes creen sinceramente que esa medida reduciría la violencia. Es más, precisamente porque se repite esta idea de que los atentados favorecen a la extrema derecha, muchos votantes de centro e izquierda se vuelven todavía más hostiles a ella, al establecer una relación imaginaria entre las dos cosas; como si, en el fondo, Frente Nacional y Estado Islámico actuasen tácitamente de acuerdo.

Es otra idea abusiva. Lo más probable es que al Estado Islámico las elecciones francesas no le importen lo más mínimo. La tesis de que los yihadistas prefieren gobiernos más duros con la inmigración para así atraerse las simpatías de los musulmanes europeos es muy popular entre los políticos y los comentaristas pero no se basa en nada objetivo. En la abundante documentación que generan los yihadistas no se menciona nada que permita suponerlo. Sería, por lo demás, extraño. Uno de los secretos del discurso político yihadista es que no tiene tantos secretos. No es sofisticado, no es tacticista. Por el contrario, si algo le caracteriza es que ve el mundo en blanco y negro. Nuestros partidos, nuestros políticos, nuestras ideologías, son para ellos todo lo mismo. 

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