Jean-Luc Mélenchon: Un Pablo Iglesias con traje

El líder de los indignados franceses se define como una opción política transversal que pretende representar a la «gente común»


Redacción / La Voz

Jean-Luc Mélenchon lidera la versión francesa de Podemos. Las conexiones con el movimiento español en el que se inspira son múltiples; Pablo Iglesias, de hecho, ha ido a acompañar a su correligionario francés en la campaña; la plataforma Francia Insumisa se define como opción política transversal, ni de derechas ni de izquierdas, para representar a la «gente común», y su programa se denomina El Futuro en Común; el libro de Chantal Mouffe e Íñigo Errejón Construir pueblo es la obra de cabecera de los líderes del movimiento, y la subida de este en las encuestas ha sido calificada por medios franceses con un titular en español: «Remontada».

La proximidad no es solo ideológica. Mélenchon es el más español de los once candidatos. Su apellido, tan adecuado a la fonética francesa, se hace hispano por los cuatro costados si se le cambia el acento de la e a la o, como era en el original. De los cuatro abuelos del antiguo socialista, tres eran españoles; los paternos, de Murcia pasados por Argelia, y el materno, valenciano.

Como Podemos, Francia Insumisa utiliza con mayor éxito que sus rivales las tecnologías de la información, pero superando a su modelo ibérico, y no solo por los mítines simultáneos gracias al holograma: Mélenchon es el héroe de un juego de combate virtual en Internet. Se titula Fiscal Kombat, y en él el candidato de los indignados se dedica a machacar a «los oligarcas» -como Christine Lagarde o su rival Macron-, a los que sacude y hace soltar cascadas de monedas que van a un fondo público.

Hay muchas coincidencias, pero las diferencias también son evidentes. Jean-Luc Mélenchon no llegó a Francia Insumisa desde la universidad, sino desde una prolongada experiencia política en el ámbito municipal, siempre con el Partido Socialista hasta el estallido de la crisis del 2008 y la opción de los socialdemócratas por la austeridad, que él no respaldó. En el 2009 fue elegido eurodiputado en la lista del Frente de Izquierda para Cambiar de Europa; en el 2012 fue el candidato del Frente de Izquierda a las presidenciales.

Desde entonces, algunas cosas han cambiado. La invariable corbata roja se ha convertido en un echarpe. Pero sigue vistiendo traje, y mantiene el discurso claro, rotundo, sin las ideas fuerza preconcebidas que se han notado en algunos de sus rivales; a veces gruñón, con términos de uso popular y una gesticulación enérgica, con amplios movimientos de brazos.

Padece un cierto grado de sordera, lo que le ha llevado a saber leer en los labios; se confiesa fan de Carla Bruni (¿se podría permitir algo así Pablo Iglesias?) y frecuenta al académico y novelista conservador Jean D’Ormesson; divorciado, tiene una hija de cuarenta y tantos y ha mantenido una larga relación con la bellísima actriz y productora Saida Jawad. Sabe bailar el tango y sigue una dieta vegetariana basada en la quinoa. Está en forma para dar la batalla.

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