«El euro está muerto», viva la doble moneda

Le Pen defiende una cohabitación de divisas en Francia; el portazo a la moneda de la UE crea división dentro del propio FN


«Seremos una Cuba sin sol», decía Emmanuel Macron en un mitin antes de la primera vuelta de las elecciones francesas. Él se refería al izquierdista Jean-Luc Mélenchon. Pero la que quiere dos monedas, como sucede con la isla caribeña con el peso convertible y el cubano, es Marine Le Pen. La candidata del Frente Nacional (FN) y rival de Macron en la segunda vuelta grita en una entrevista publicada en periódico Le Parisien que «el euro está muerto», pero a continuación propone una cohabitación. Una divisa para el común de los mortales y sus compras diarias y otra para las grandes empresas y sus grandes operaciones. Le Pen reconoce implícitamente que quiere oficiar un funeral, pero que será complicado celebrar un entierro. «Del euro moneda única al euro moneda común», indica la ultraderechista.

Los franceses, como los españoles, creen que el cambio de divisa supuso un buen bocado para sus bolsillos por los redondeos al alza. En principio, prometer la salida del euro encajaría perfectamente en los mantras de Le Pen: soberanía, identidad y proteccionismo. «Es la causa del desempleo en masa, no se adapta a nuestra economía», asegura la líder. Pero en el Frente Nacional son conscientes de los tintes apocalípticos del planteamiento. Quedarse fuera de la moneda europea, más que una opción, se presenta como una amenaza para los que no cumplen. «Sí, sufrimos con el cambio, pero irse ahora sería una locura», apunta un jubilado parisino mientras repasa la lista de la compra en un supermercado abierto 24 horas. Las encuestas indican que siete de cada diez franceses están en contra de la propuesta. Por eso, en los últimos cuatro años, el Frente Nacional ha ido suavizando su discurso sobre una cuestión que genera enfrentamientos de puertas adentro. Le Monde señala que el programa de la formación no lo considera una prioridad, porque «el calendario debe adaptarse a los retos inmediatos».

Marine Le Pen habla de negociar con la UE la posición de Francia y de plantear, si no hay acuerdo, un referendo. El brexit es su arma de presión. Aunque su sobrina y diputada Marion Maréchal-Le Pen matiza que todo el proceso tardará años.

Esta es otra escenificación de los difíciles equilibrios del Frente Nacional. Como la relación de la candidata con su padre y antiguo líder de la formación, que también fue abordada en la entrevista de Le Parisien. Asegura que no se hablan: «Yo no soy responsable de sus meteduras de pata». Marine intenta alejarse de las declaraciones homófobas y antisemitas de su progenitor.

A pesar de los sondeos, se ve capaz de batir a Macron, al que ve «agresivo», en la votación del domingo y declara a los suyos «listos para gobernar».

Macron escarba en el antisemitismo de los Le Pen visitando el Memorial de la Shoah

Shoah es una palabra hebrea. Significa catástrofe. Se usa para referirse al holocausto. Emmanuel Macron, candidato presidencial de En Marcha, visitó ayer el Memorial de la Shoah, en París. En Francia se celebraba el Día de la Deportación, que recuerda a los judíos que fueron enviados a campos de concentración durante la ocupación nazi con la connivencia del régimen colaboracionista de Vichy. El reconocimiento de esas víctimas y de la responsabilidad de los franceses no solo es una asignatura pendiente del Frente Nacional. Durante años lo ha sido de todo el país. Pero pocos lo han dejado tan claro como Jean-Marie Le Pen, que llegó a calificar el holocausto de «detalle de la historia». El antisemitismo es una de las grietas que intenta maquillar su hija Marine. Y también una de las líneas rojas que dibuja Macron. «Lo que pasó es imperdonable, no debería suceder nunca más. Hay que rechazar el relativismo y el negacionismo», dijo el candidato, que se puso kipá y se enfundó guantes para tocar y ver documentos del museo.

Apoyo de un exministro

El líder acaba de recibir el apoyo público del exministro centrista Jean-Louis Borloo, que asegura estar «a fondo» con el candidato de EM porque representa «la modernidad, la propuesta de un mundo abierto y solidario», mientras que «Marine Le Pen quiere dividir, parapetarse detrás de una línea Maginot, separarse de los vecinos europeos».

Pero Macron también es objeto de críticas. Y no solo procedentes del FN. Alain Finkielkraut, intelectual francés de origen judío, lo acusó de meter «a los muertos en campaña».

El homenaje de Marine Le Pen a los judíos deportados durante la Segunda Guerra Mundial fue más discreto. Un ramo de flores ante un monumento en Marsella. Sin presencia de la prensa. Fue su propia formación la que difundió la imagen en las redes sociales. En Saint-Nazaire, miembros del FN fueron obligados a abandonar un acto en memoria de los asesinados. Su presencia no fue aceptada por otros asistentes a la ceremonia. Le Pen prefirió visitar la fábrica Altéo de Gardanne, una factoría situada en el sur de Francia que provoca las iras de los ecologistas por sus vertidos al Mediterráneo. La candidata, que sigue intentando arañar voto obrero, prometió defender a los trabajadores y satisfacer a los defensores del medio ambiente.

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