La trinchera de los ni-ni, en el centro de la batalla

Los dos bandos aumentan la presión sobre insumisos y fillonistas, que optan por votar en blanco o por abstenerse


«Las urnas son para los muertos». La frase adorna la pared de una parada de metro. En La Bastilla el eslogan es otro: «Ni banquero ni facha». Una parte apreciable del electorado francés se plantea la abstención o el voto en blanco. Son los ni-ni. Ni Marine Le Pen ni Emmanuel Macron. Los huérfanos de Jean-Luc Mélenchon y de François Fillon, de la izquierda radical y de la derecha de toda la vida. El desencanto que da esperanzas al Frente Nacional (FN).

Le Pen hace equilibrismos. Lanza guiños a los antisistema para que se queden en casa y, al mismo tiempo, envía señales a los más conservadores en cuestiones sociales. El FN reparte y publica carteles que destacan lo que comparten los programas de su candidata y Mélenchon con la foto de ambos y bajo la frase «Un futuro juntos». Salir de la UE, la OTAN, Schengen, el proteccionismo, la jubilación a los 60 con 40 años cotizados... Ahí está lo que supuestamente los une. «Insumisos, no luchéis en la batalla equivocada, no votéis a Macron».

Los insumisos se han manifestado en ciudades como París, Nantes, Tours y Rennes para mostrar su rechazo a los dos candidatos de la segunda vuelta. Mélenchon no dio consigna de voto e hizo que se posicionaran las bases con el resultado de que más de dos tercios optaron por la abstención y el voto en blanco. Analistas políticos lo acusan de lavarse las manos con esta maniobra. Al estilo de Pilatos. No fue él, fue el pueblo el que optó por la crucifixión.

Entre la ira y la indiferencia

Muchos jóvenes navegan entre la ira y la indiferencia. Los hay que no aceptan «el chantaje moral» de verse obligados llevar a Macron a la presidencia ni «las lecciones morales de la élite». «Llegan a decir que es como elegir entre el cólera o la peste». En Twitter florecen los hashtag: #7demayosinmí. Por las redes sociales asoman también voces asociados al viejo comunismo francés, de corte antieuropeo y proteccionista y versos sueltos de sindicatos que quieren frenar la deslocalización.

En los barrios de la periferia parisina se reparten octavillas para movilizar a los electores: «La abstención en los banlieue no es posible. Sí, el sistema nos está matando, pero con Le Pen aumentarán las muertes».

Lejos, en el territorio de Fillon, Le Pen seduce en cuestiones sociales y religiosas (las encuestas le dan un 30 % de los fillonistas). Entre un 30 y un 20 % amenazan con la papeleta sin nombre y la abstención. El FN los corteja insistiendo en que Macron es el heredero de François Hollande y que enterrará los valores tradicionales, permitiendo la maternidad subrogada y dejando que el número de mezquitas supere al de iglesias.

Los que forman una barrera ante el Frente Nacional llaman a la responsabilidad. Intelectuales y políticos exigen a los indecisos que acaben con la amenaza más inminente, la de la extrema derecha. Y animan a votar en conciencia en las legislativas de junio. Publican anuncios en la prensa, como Serge, Beate y Arno Klarsfeld y la Asociación de hijos e hijas de los judíos deportados de Francia, que publican una página en Libération: «Abstenerse o votar en blanco favorece que la extrema derecha lleve al país al caos económico y al precipicio moral. Lo peor puede suceder, pero es imperdonable ser cómplice».

«Aquí hay gente que se toma a la ligera la posibilidad de que gobierne Le Pen, porque no hemos tenido experiencias de ultraderecha», explica el socialista Philippe Casier. Se refiere a la llamada «banalización del FN». Hoy se celebrará en París un Foro republicano contra la abstención, un acto presidido por Bernard-Henri Lévy y Jacques-Alain Miller en el que estarán Jean-Pierre Raffarin y Manuel Valls. Una iniciativa más para tomar la trinchera de los Ni-ni.

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