Juncker pone a prueba los nervios de May a costa del inglés

«Haré mi intervención en francés ya que el inglés está perdiendo lenta, pero indudablemente su importancia en Europa», deslizó el presidente de la Comisión Europea


Bruselas / corresponsal

Guerra de trincheras. Las negociaciones del brexit aún no han arrancado, pero las escaramuzas dialécticas entre sus timoneles abonan el terreno para que se consume el peor de los escenarios: un divorcio sin acuerdo. Bruselas ha querido cobrarse las amenazas veladas de Theresa May al más puro estilo británico: con eufemismos y buena educación. Las llamadas del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a «la discreción, la moderación y el respeto mutuo» el jueves, no son las únicas que dan apariencia a una ficticia indulgencia europea. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, aseguró ayer en Florencia que la UE intentará negociar «con delicadeza». Nada más lejos de la realidad. May todavía se recupera de la indigestión que le provocó la cena con el luxemburgués y el negociador de la UE para el brexit, Michel Barnier. Una emboscada que puso a prueba los nervios de la británica después de que se filtrasen detalles del desastroso encuentro. La rabia llevó a May a acusar a la UE de interferir en las elecciones británicas. Nada nuevo bajo el sol.

Bien lo sabe Juncker quien, convertido en estos años de legislatura en el saco de boxeo de conservadores y euroescépticos, ha decidido jugar la carta de la provocación para tensar los ánimos de la británica y restar credibilidad a su posición negociadora. Ayer, sin ir más lejos, lo volvió a hacer, despojándose de la prudencia y decoro que le exige el cargo. «Tenía dudas entre el inglés o el francés, pero haré mi intervención en francés ya que el inglés está perdiendo lenta, pero indudablemente su importancia en Europa», deslizó provocando el aplauso de la audiencia. Un mensaje que va de lo lingüístico a lo político: el Reino Unido perderá toda su influencia en Europa y otros, como Francia, llenarán el hueco. ¿Culpas? Por supuesto que las hay. «Hay que recordar que no es la UE quien deja al Reino Unido, sino el Reino Unido quien deja a la UE», apostilló.

Las intrigas y los juegos políticos entre bastidores han despertado la ira de Londres. Con May valorando cómo responder a las provocaciones, fueron sus escuderos los que salieron al ruedo. El ministro para el brexit, David Davis, acusó a Bruselas de «intimidar» a los británicos, una maniobra que cruza «la línea» de lo tolerable. «Que se guarden sus opiniones para sí mismos», sugirió el ministro de Defensa, Michael Fallon, a los funcionarios europeos que filtraron los detalles del encuentro a la prensa alemana. Para Barnier la venganza es suficiente. Ayer quiso poner tierra de por medio y a Londres «pasar página juntos». Una delicada tregua de 32 días, hasta las legislativas en el Reino Unido. Después se saldarán cuentas.

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