La Francia urbana y la Francia olvidada

Macron arrasa en las ciudades con mayor población y baja en zonas rurales y en áreas castigadas por la deslocalización


e. especial / parís

Las brechas están ahí. Los votos solo las dibujan. La segunda ronda de las elecciones presidenciales, pese a la concentración de apoyos a favor de Emmanuel Macron para frenar al Frente Nacional, muestra una Francia dividida. La urbana, cosmopolita y europeísta, se sube al tren de ¡En Marcha! La rural y la de las villas castigadas por la deslocalización se plantea bajarse de Europa. Es en estas zonas donde avanza el FN. Aunque Marine Le Pen solo venció en dos departamentos, Aisne y Pas-de-Calais, la ultraderecha ha ganado terreno en esa Francia que se siente olvidada.

El nuevo presidente llega impulsado por su gran cosecha en las ciudades de más 100.000 habitantes. En París, la alcaldesa socialista Anne Hidalgo presume de un porcentaje aplastante, el 89,68 %. El tópico nacional de que Francia no es su capital no puede aplicarse en este caso. No se trata de una excepción. Macron logró el 88 % en Rennes, el 86 % en Nantes, el 85 % en Burdeos y el 84 % en Lyon.

La globalización

Son las ciudades las que abrazan la globalización porque engordan con el tráfico de personas y mercancías, como recuerda el intelectual Christophe Guilluy en su ensayo La Francia periférica, que explica que la población de las principales poblaciones francesas produce dos tercios del PIB nacional. «La mayoría de las ciudades importantes han votado por Macron, incluyendo las que normalmente votan derecha: esta elección va más allá de la tradicional división izquierda-derecha», apunta a Les Echos Bruno Jeanbart, director adjunto del instituto de encuestas y comunicación OpinionWay. Aunque es cierto que el apoyo al centrista se resiente allí donde tienen más peso las clases populares.

La fachada atlántica también es claramente de Macron, con más del 71 % en todas las circunscripciones. La Bretaña se ha convertido en un feudo del centrista, ya que aquí consigue más del 70 % en todos los departamentos (algunos superan incluso el 77 %). Históricamente, ha aportado un buen número de emigrantes a París e incluso a zonas de ultramar. El aislamiento aquí no vende como tabla de salvación.

El Frente Nacional

El diario Libération dice que hay dos Francias: «La primera tiene un presidente. La segunda, resentimiento». La del resentimiento, la lepenista, se sitúa en el noreste, las zonas rurales y alguna franja del sur. En algunos pueblos de áreas rurales del Somme y de Aisne Marine Le Pen superó el 65 %. También se afianza en el Mediterráneo, el tradicional feudo de su padre.

Cruzando datos de resultados y población, Financial Times realiza un análisis en el que indica que el apoyo a Macron se dispara en las áreas en las que la población tiene una mayor esperanza de vida y se hunde en aquellas donde la expectativa es inferior. Los dos extremos telegrafían el voto: París y Pas-de-Calais.

El debate sobre la fractura social francesa no es nuevo. Basta con retroceder a 1995. Y pasar a otro Emmanuel, Emmanuel Todd. Y a otro presidente, Jacques Chirac. Todd, demógrafo, sociólogo e historiador, acuñó el concepto. Y Chirac lo incorporó a su discurso. Christophe Guilluy cree que las clases populares no han existido para la mayor parte de los políticos franceses en los últimos años. Deberán hacerlo si Emmanuel Macron quiere unir esta Francia partida.

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