Moscovici pone la soga al cuello a Macron a costa del déficit francés

El comisario de Economía sugiere que no habrá piedad con el nuevo presidente galo


bruselas / corresponsal

Se equivocaban los que esperaban que Bruselas iba a recibir con ramas de olivo y los brazos abiertos al nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, tras haber contenido la furia eurófoba de Marine Le Pen. Tras las felicitaciones y los baños de autocomplacencia por su victoria, llega ahora el momento de cobrar las facturas pendientes.

El líder de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, dejó caer el lunes que Francia deberá reducir de inmediato su gasto público y adelgazar su anquilosada maquinaria estatal porque gasta mucho. Ayer fue el comisario de Economía, Pierre Moscivici, el encargado de poner la soga al cuello del liberal quien, convertido en icono europeísta y sin equipo de Gobierno, ya hace recuento de las tareas que le ha impuesto el Ejecutivo comunitario aún antes de que haya podido entrar en el Elíseo.

«Francia puede y debe salir ahora del procedimiento de déficit excesivo», recordó ayer el eurócrata en París antes de instar al joven político a «cumplir sus promesas electorales». Moscovici le tomó la palabra y quiere ver cumplida al pie de la letra la promesa de Macron de ahorrar hasta 60.000 millones de euros durante su legislatura borrando del mapa hasta 120.000 plazas de funcionarios. Mañana Bruselas publica sus previsiones económicas para la UE y está previsto que constate el desfase galo de una décima por encima del objetivo del 3% previsto para el 2018. Esta vez, se intuye, no habrá más treguas.

Lo curioso es que se trata de una minucia en comparación con los excesos en los que incurrió el propio Moscovici cuando estuvo al frente de la cartera de Economía de Francia con el presidente saliente François Hollande. Al ahora comisario europeo le tocó en su momento asumir la peor de las tareas que se le puede encomendar a un ministro: incumplir el programa electoral subiendo impuestos y recortando los presupuestos públicos en plena crisis. Francia se hundió en el desempleo, la anemia económica y la deuda despuntó de nuevo.

La única forma que encontró Hollande de salvar los muebles fue retirar de escena a Moscovici, mandarlo a Bruselas y reemplazarlo por Macron, un movimiento que no le debió de sentar nada bien al ahora comisario, quien reprochó de forma velada a su sucesor su falta de disciplina al abandonar el partido socialista cuando las perspectivas de victoria de cara a las elecciones del 2017 se torcieron a mediados del 2016. «Cuando uno es ministro debe ser disciplinado y fiel», aseguró distanciándose de Macron, con el que sí dice compartir su visión europeísta sobre el futuro de Francia. 

A nadie se le escapa la enorme ambición y la alta estima que Moscovici tiene de sí mismo. No descarta volver a la política francesa una vez que termine su exilio en la Comisión. Una retirada al estilo de Napoleón, más forzada que deseada, que nunca acaba de ser definitiva. Mientras tanto, será quien batalle mano a mano con el futuro Gobierno de Macron para hacerle cuadrar las cuentas. El calendario y el ritmo de cumplimiento del déficit francés dependerá en buena medida de la voluntad de cooperación que quiera ofrecer el viejo ministro al nuevo paladín del Elíseo.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Moscovici pone la soga al cuello a Macron a costa del déficit francés