Bruselas llena a España de optimismo

La Comisión Europea eleva sus previsiones y calcula que la economía crecerá un 2,8 % este año y que el país se quedará tan solo a una décima de cumplir el déficit

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Bruselas / Corresponsal

La magia llega a Bruselas. Solo tres meses y medio después de que la Comisión Europea sugiriese a España la necesidad de emprender nuevos recortes de hasta 11.000 millones de euros para embridar el déficit, el equipo del comisario de Economía, Pierre Moscovici, rectificó este jueves sus cuentas y anunció una revisión al alza del crecimiento para la economía española, que engordará un 2,8 % este año. La cifra supera todas las expectativas, incluso las del Gobierno de Mariano Rajoy, y sitúa a España en el pelotón de cabeza de la zona euro, donde el alza rozará el 1,7%. El país volverá a crear riqueza «a niveles precrisis», admiten en Bruselas.

El bandazo ha dejado perplejos a los expertos comunitarios, ya que hace apenas tres meses, en febrero, la Comisión vaticinó un crecimiento del PIB de solo el 2,3 %, hasta medio punto menos. «Una buena noticia», dice Moscovici. Pero, ¿a qué se debe ese milagroso repunte? Fuentes de la Comisión tratan de justificar la diferencia -que el galo se negó a calificar de «error»-, asegurando que se debe al «efecto confianza» del consumidor, un fenómeno imprevisto por Bruselas que se asienta sobre el buen desempeño del consumo privado en España y el buen ritmo de la demanda exterior, a pesar del aumento de la inflación y el estancamiento salarial. La inversión, especialmente en el sector de la construcción, vuelve a insuflar energía al PIB español.

La cifra es redonda para el Gobierno de Rajoy, que pone así el broche final a nueve años de resaca económica. España ha tardado casi una década en digerir sus excesos precrisis: el derroche público, los desfalcos bancarios, las inversiones de alto riesgo y el bum inmobiliario. Años de reformas estructurales, recortes y subidas de impuestos para poner en orden las cuentas. También de enfrentamientos con los socios del euro, promesas incumplidas y hasta amenazas de multa.

Déficit excesivo

¿Sigue España bajo el brazo sancionador? Pues sí, y desde el 2009 para ser exactos. Los sucesivos Gobiernos empuñaron la tijera para reducir los desequilibrios en las cuentas públicas, pero fueron incapaces de sacar al país del procedimiento de déficit excesivo. Esta vez puede ser diferente. «Ahora confiamos más que hace meses en que España podrá alcanzar el objetivo de déficit del 2018 y saldrá del procedimiento», admitió ayer Moscovici. Las previsiones de Bruselas dan la razón por primera vez al ministro español de Economía, Luis De Guindos, quien siempre se apoyó sobre el crecimiento y las previsiones optimistas de ingresos como antídoto para mantener a raya el déficit. El desfase presupuestario estará por debajo del tope del 3 % del PIB en el 2018 (2,6 %) y este año solo se quedará a una décima del objetivo comprometido con la Comisión (3,2% frente al listón del 3,1 % fijado).

¿Significa esto que España se podrá librar de nuevas medidas de ajuste? Bruselas no quiere que el Gobierno se relaje, pero fuentes de la Comisión reconocen que «la diferencia no es nada» y que la cifra ha pasado a ser «una cuestión de confianza» para el equipo de Moscovici, que ahora sí se fía de las cuentas de la Moncloa.

Pero no todo son brindis y laureles. El equipo de Juncker es consciente de que los bajos salarios y la precarización del empleo están detrás del vigoroso repunte de la economía española.

Una recuperación asimétrica

España pisa fuerte en las cifras macroeconómicas, pero suspende en el pilar social, sobre el que se ha cargado el peso de la crisis. Aunque suelen sonar con más intensidad las alabanzas que los reproches, la Comisión Europea ya advirtió en reiteradas ocasiones al Gobierno español de la urgente necesidad de invertir más en educación, en redes de apoyo a los desempleados y en reducir la brecha de pobreza. A pesar del descenso del paro, desde el pico del 26,1 % en el 2013 al 17,6 % con el que se cerrará este ejercicio, la creación de empleo se desinfla y el horizonte está lejos de despejarse, con una deuda pública que amenaza con apalancarse en torno al 100 % del PIB durante una década.

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