Redacción / La Voz

«Todos los actos terroristas son ataques cobardes contra gente inocente, pero este destaca por su repugnante y abominable cobardía, al tener como blanco deliberado jóvenes y niños inocentes e indefensos». El lamento de la primera ministra británica, Theresa May, confirmaba el salto cualitativo de los yihadistas en el atentado de la noche del lunes en el Manchester Arena, que deja 22 muertos a manos de un suicida que el Estado Islámico se atribuyó como uno de sus soldados. El objetivo era provocar un baño de sangre entre el público adolescente que sigue a la cantante estadounidense Ariana Grande. Así lo confirmaban las dos primeras víctimas mortales identificadas -Saffie Rose Roussos, 8 años, y Georgina Callander, de 18-. Al menos 12 de los 59 heridos, algunos de los cuales están muy graves, tienen menos de 16 años. A media tarde se identificó a un tercer fallecido: John Atkinson, de 26 años.

El lugar

Un aforo completo. Estaban todas las entradas vendidas para un aforo con capacidad para 21.000 personas. La explosión se produjo a las 22.30 hora local (una más en España) nada más acabar el concierto, en el vestíbulo que conecta con la estación de trenes Victoria. La empresa que gestiona el Manchester Arena dijo que la deflagración ocurrió fuera del recinto, en un lugar público, por lo que su seguridad no dependía de ella, sino de la policía. Gary Walker, que resultó herido junto a su mujer cuando esperaban a que salieran sus dos hijas, describió la explosión como «un fogonazo enorme». El pánico se adueñó del lugar, con el público intentando salir, críos llorando y padres buscando a sus hijos. Dentro de la sala, la escena fue descrita por los médicos como una «carnicería». Es el peor atentado en suelo británico desde el ataque de cuatro suicidas contra el transporte público de Londres el 7 de julio del 2005.

El autor

Británico de origen libio. Ian Hopkins, jefe de policía del Gran Mánchester, identificó al autor del brutal atentado como Salman Abedi, poco después de que fuentes estadounidenses filtraran el nombre que May evitó desvelar a la prensa tras su reunión con el comité de emergencia Cobra. Es práctica habitual de la policía británica retrasar la identificación de los terroristas para no entorpecer las primeras investigaciones.

Salman Abedi nació en Mánchester en 1994 en una familia de refugiados libios que llegaron al Reino Unido huyendo del régimen de Gadafi. Sus padres, Ramadan Abedi y Samia Tabbal, residieron un tiempo en Londres y luego se trasladaron a Fallowfield, en el sur de Mánchester. Abedi y sus tres hermanos crecieron en el vecino Whalley Range y estudiaron en el instituto del barrio, centro que copó los titulares de la prensa en el verano del 2014 cuando dos de sus alumnas, las gemelas Salma y Zahra Halane, de 16 años, huyeron a Siria para casarse con yihadistas. De Mánchester han partido jóvenes para hacer la yihad en Siria o Irak. Uno de ellos se inmoló en febrero en Mosul. Abedi era conocido por los servicios de seguridad, pero no era considerado de alto riesgo. La comunidad libia nunca sospechó de este joven. Iba siempre con su hermano Ismail a la mezquita Didsbury, donde su padre era muy respetado y conocido por sus críticas al yihadismo. Sin embargo, el imán recuerda su cara de odio tras un sermón criticando al Estado Islámico y Ansar al Sharia.

Reivindicación

«Lo que viene será peor». El Estado Islámico (EI) se atribuyó el atentado a través de su órgano propagandístico Amaq, pero sin dar el nombre del atacante, que solo identificó como un soldado del califato que «logró colocar una bomba entre las multitudes cruzadas en Mánchester» en venganza por los ataques contra musulmanes. Finaliza con una amenaza: «Lo que viene ahora será aún peor para los adoradores de la cruz y sus aliados». La reivindicación llegó más de 12 horas después del atentado. La inteligencia estadounidense aún no ha verificado el vínculo del kamikaze con el califato.

Artefacto explosivo

«La madre de Satán». El terrorista detonó una bomba de fabricación casera llena de tornillos y tuercas oculta en una bolsa. Los expertos creen que se trata de la madre de Satán, el explosivo preferido del EI: peróxido de acetona (TATP, en sus siglas en inglés). Utilizado en Bruselas, en la sala Bataclan de París o en el frente de Siria, el TATP es un explosivo obtenido mediante la mezcla de acetona, agua oxigenada y ácido sulfúrico, productos fáciles de encontrar en el mercado, pero muy inestables, por lo que su manipulación solo puede hacerla un experto.

La investigación

Posibles cómplices. El MI5 y Scotland Yard intentan averiguar si Abedi era un lobo solitario o tenía apoyo de una célula terrorista. Los investigadores creen que el kamikaze tuvo que ser respaldado por una o varias personas, una de ellas para fabricar la bomba. La policía efectuó ayer por la tarde registros en el domicilio de Abedi y de su familia en el barrio de Fallowfield, y realizó una «explosión controlada» para acceder a la vivienda. Según funcionarios estadounidenses citados por Reuters, Abadi llegó a Mánchester en tren desde Londres.

Un joven de 23 años, cuya identidad no fue facilitada, fue detenido en Chorlton, en el sur de Mánchester, pero se desconoce la relación que tiene con el suicida. Otro hombre fue arrestado tras provocar un incidente en el centro comercial Arndale, pero no tiene vínculos con el ataque.

Seguridad

Máxima alerta. El Reino Unido elevó el nivel de alerta terrorista de grave a crítico, el máximo en una escala de cinco, y decidió el despliegue del Ejército en las calles. Esa alerta significa un riesgo de ataque inminente. «No podemos ignorar la posibilidad de que un grupo más amplio de individuos esté vinculado con el atentado», dijo Theresa May.

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