El caso Asunta, bienvenida sea la buena televisión

La docuserie sobre el asesinato de la niña aporta luz sobre muchas sombras de un caso que causó gran conmoción social


Oviedo

Una llamada al 112 alertando de una niña tirada junto a la cuneta en un pista forestal «ojos blancos, meada y sangre». Así comienza la serie documental Lo que la verdad esconde: el caso Asunta sobre la muerte de Asunta Basterra Porto. Unas imágenes del cuerpo de la niña sin vida revuelven el estómago, son una muestra de la cantidad de información y material inédito con el que ha trabajado Bambú Producciones para elaborar este documental inédito para Antena 3. La realización se ha alargado durante más de 14 meses, y el resultado es sobrecogedor a la vez que fantástico y adictivo. La serie está al nivel de la alabada Making a Muderer de Netflix. Junto con Muerte en León, donde se narra el asesinato de Isabel Carrasco, demuestran que las buenas historias están cerca, sólo se necesita talento para contarlas. Ambas series de no ficción han sabido como hacerlo y conquistar a la audiencia.

Un primer plano muestra tres restos de cuerda naranja y el pie de la niña, no hace falta más para mostrar el horror. Poco a poco, va avanzando cronológicamente sobre lo acontecido en el caso de Asunta Basterra. Mientras intercala imágenes y vídeos familiares de la niña, testimonios de testigos, policía, guardia civil, el juez Taín, los padres, abogados y demás gente relacionada con el caso. Prescinde de narrador, muestra testimonios y grabaciones dejando que cada espectador obtenga sus propias conclusiones. A la hora de narrar el horror y el dolor no hay nada mejor que los propios hechos hablen. No realiza valoraciones morales, aborda el tema desde la neutralidad. Quizá, esto genere dudas y pueda parecer a muchos que no condena el asesinato de la niña; pero, realmente, ejerce la verdadera función del periodismo: mostrar como han sucedido las cosas, sin opinión ni sensacionalismo.

El capítulo avanza, dejándonos, además, entrever las deficiencias en la investigación, las corruptelas, filtraciones y falta de escrúpulos dentro del sistema judicial (no se respetó el secreto de sumario; y el juez instructor, Taín, publicó, meses después, un libro sobre el asesinato de una adolescente), y la falta de ética de algunos medios de comunicación (El Correo Gallego, aceptó a no publicar, en la noticia de la muerte de la niña, el nombre de Rosario Porto tras la  llamada y petición de Basterra, antiguo colaborador y colega).

Como colofón al primero de tres episodios, escuchamos la grabación entre Rosario Porto y Basterra (padres de Asunta) en el calabozo. Una conversación forzada, conscientes de que podían estar siendo grabados «No digas nada inconveniente que sabes que nos están grabando», donde contaban aquello que les interesaba pero que deja frases terribles «Tu imaginación calenturienta nos va a generar muchos problemas».

Han conseguido aportar luz sobre muchas sombras. Tratan al espectador desde un punto de madurez inaudito, desde una posición activa: nos  hace reflexionar sobre los visto y generemos conclusiones propias. Y todo bajo un perfecto tratamiento del caso, prescindiendo del amarillismo y del morbo. Bienvenida sea la buena televisión.

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