La arrogancia de Trump escandaliza a las grandes potencias globales del G7

El presidente apuesta por el unilateralismo y las amenazas en el terreno internacional


bruselas / corresponsal

Humillación. Es el sentimiento que comparten los líderes europeos tras soportar estoicamente el chaparrón de acusaciones y reproches que lanzó el presidente de EE.UU., Donald Trump, durante su itinerario por el Viejo Continente. Ni en la sede de la OTAN ni en la cita del G7 este viernes en Taormina (Italia) pudo el magnate contener su vehemencia retórica que ha dejado con los ánimos encendidos a muchas capitales de la UE. 

El primer agravio, y quizá el más inquietante, fue su falta de compromiso con la defensa colectiva de sus socios de la Alianza Atlántica. Trump no dejó claro que la nueva Administración vaya a intervenir en caso de que alguno de sus aliados sea atacado. Lejos de estrechar lazos con los europeos se dedicó a pasarles la factura por el gasto militar en el sostenimiento de la organización. Las impertinencias y la agresividad de sus palabras dejaron perplejos a los líderes. Entre ellos al primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel, y al presidente francés, Emmanuel Macron, quienes esbozaron sonrisas sarcásticas y comentaron la jugada cuando Trump empezó a dar rienda suelta a su inquina.

Los modales del estadounidense no solo sirven para enviar anécdotas a la hemeroteca. Revelan las líneas de fuerza de lo que será la política y la diplomacia del nuevo inquilino de la Casa Blanca: «América primero», sin respetar a nadie. Lo sabe bien el primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, a quien Trump empujó con brusquedad para mandarlo a un segundo plano y evitar quedar eclipsado al frente de la comitiva de la OTAN. La tensión e incomodidad de la canciller alemana, Angela Merkel, tampoco pasó desapercibida.

El habitual semblante serio de la germana siempre se transforma en perplejidad cuando escucha hablar a Trump. La arrogancia del estadounidense ha generado enorme malestar en Berlín donde tienen que soportar también las amenazas continuas del magnate a su industria automovilística, a la que pretende vetar. Tampoco existe sintonía con la premier Theresa May, quien estos días se mostró tremendamente distante y enfadada por las filtraciones en torno a la investigación del atentado de Manchester. Por si fuera poco, Trump ha dado muestras de ser todo lo impredecible que se esperaba. Primero dijo que la OTAN era obsoleta, luego rectificó. Aseguró durante la campaña que el brexit había sido una gran noticia, pero estos días manifestó su preocupación por la pérdida de empleos que podía generar y siempre se opuso a combatir en Siria, donde acabó interviniendo. Nadie oculta el temor que despierta su voluble temperamento.

«La situación en el mundo se nos puede ir de las manos», advirtieron este viernes el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, y el del Consejo, Donald Tusk. El polaco admitió que este G7 es el que «más desafíos presenta en los últimos años, especialmente en las reglas para mantener el orden global» por las enormes divergencias entre EE.UU. y las otras seis potencias globales (Italia, Reino Unido, Francia, Canadá, Alemania y Japón). Trump ha dejado claro que apuesta por el unilateralismo en el comercio y la lucha contra el cambio climático. Su equipo de asesores siguen revisando la política medioambiental que legó la Administración Obama. El nuevo presidente se resiste a respetar los objetivos del Acuerdo de París por el clima. «Queremos recuperar la manufactura de productos en EE.UU.», justificó su asesor económico, Gary Cohn.

EE.UU. no retirará las sanciones contra Rusia, pero boicotea el acuerdo sobre el clima

«No estamos rebajando nuestras sanciones a Rusia. En todo caso, buscaremos ser más duros», garantizó este viernes en Taormina el asesor económico de Trump, Gary Cohn. Washington intentó despejar así las dudas de sus socios europeos, quienes sospechan de la tenue actitud que mantiene el magnate con Moscú desde que llegó al poder. La declaración trata de tranquilizar a sus aliados. EE.UU. no reconocerá la anexión de Crimea y no pasará por alto la invasión del este de Ucrania.

El G7 también suscribió este viernes su compromiso de seguir adelante con la lucha antiterrorista instando a las compañías de Internet a eliminar contenidos que ensalcen la radicalización y la violencia. En la declaración final también se hace mención a la inmigración en términos muy duros y restrictivos, reflejando el rechazo de Londres y Washington a abrir sus puertas. «Reiteramos el derecho soberano de los países a controlar sus fronteras y establecer límites claros a los niveles netos de migración, como elemento esencial de su seguridad nacional», reza el texto en plena oleada de naufragios en el Mediterráneo. Un jarro de agua fría para las organizaciones humanitarias que acusaron a las siete potencias de tener una «visión muy corta de miras». 

Libre comercio

El debate más polémico se centró en el libre comercio. Las promesas proteccionistas de Trump provocaron sudores fríos en las principales capitales y este viernes se volvió a producir el encontronazo. Las posiciones entre europeos y estadounidenses son irreconciliables. Más aún cuando Washington prepara un plan para declarar la guerra fiscal a sus socios internacionales y amenaza con introducir fuertes aranceles a las importaciones. De nuevo el superávit comercial alemán estuvo en la diana. «Trump no acaba de entender que si quiere negociar con Berlín, deberá hacerlo con la UE a 28», asegura una fuente de Bruselas desplazada a Italia.

En esa misma línea, el estadounidense se negó a ratificar el Acuerdo de París para reducir las emisiones contaminantes. Lo hizo a pesar de la insistencia de sus seis socios del G7. Trump esgrime que la economía de EE.UU. perdería el pulso frente a la potencia china. Aunque su equipo aclaró que no es un «negacionista» del cambio climático, lo cierto es que su Administración mantiene abierto el debate sobre qué hacer con los compromisos medioambientales adquiridos.

La prensa europea se ensaña con la rudeza del magnate

El diario británico The Guardian, no ahorra detalles de todas las polémicas que ha generado el paso de Trump por Europa, desde las filtraciones sobre el atentado en Manchester hasta la humillación pública a sus socios de la OTAN. Señala la tendencia del magnate a convertir sus experiencias personales en verdades inmutables. Muestra de su escasa preparación política son las conversaciones que mantuvo con líderes como el belga, Charles Michel, a quien confesó que sus recelos con la UE vienen de los problemas que tuvo para poder desplegar campos de golf. El diario destaca el miedo del propio equipo de Trump a dejarlo solo. «La perspectiva de Trump totalmente solo con sus seis interlocutores (G7) causa palpitaciones entre los oficiales que escuchen las conversaciones por los cascos». Y es que temen que «revele secretos» si no hay nadie para contenerlo. El también británico Financial Times apunta en su portada hacia el «tenso» encuentro entre la premier Theresa May y Trump y cuestiona abiertamente la intención del magnate de pasar una factura a sus socios que «en ningún caso» debería ser asumida. 

El francés Le Monde calificó las acusaciones del estadounidense de «brutales y torpes»  en su editorial, en el que critica con dureza a Trump por haber hecho hincapié en las divisiones y no en las cuestiones que unen a los socios de la OTAN. La cadena de reproches del magnate a costa de la inversión de sus socios en seguridad y defensa fue inoportuna e innecesaria: «Trump está en su derecho de pedir que se acelere el calendario. Hacer eso hubiese sido más eficaz por su parte en lugar de sermonear como a niños», reza el texto. También guardaron palabras para sus gestos catetos y groseros. Una «brutalidad tanto física como verbal» que quedó patente con el empujón al primer ministro de Montenegro, al que apartó de un manotazo para no quedar eclipsado. «No ayudará a mejorar el clima entre europeos y estadounidenses».

El Süddeutsche Zeitung llevó a su portada la obsesión y las quejas de Trump con Alemania y su industria automovilística. Sus formas y su ignorancia en terrenos como el comercio o las relaciones internacionales han irritado a los germanos, quienes concluyen que «o está hecho para la compleja política exterior».

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