Trump indigna a los alemanes tras decir en Bruselas que son «malos, muy malos»

El presidente de Estados Unidos calificó de «bad, very bad» a los alemanes por su superávit comercial, especialmente en el sector automovilístico


berlín / corresponsal

La cumbre del G7 arrancaba este viernes en Taormina con un amplio abanico de temas: la lucha contra el terrorismo, el cambio climático, ¡y hasta los dimes y diretes que puede desencadenar una traducción! Por extraño que parezca, la primera jornada del encuentro estuvo marcada por unas polémicas declaraciones que había realizado Donald Trump sobre Alemania el día anterior, durante una reunión con la cúpula de la UE en Bruselas. Según el semanario Der Spiegel y el diario Süddeutsche Zeitung, que citaron de forma anónima a varios participantes de esa conversación, el presidente estadounidense calificó de «bad, very bad» a los alemanes por su superávit comercial, especialmente en el sector automovilístico.

«Miren los millones de coches que venden en Estados Unidos. Vamos a detenerlos», apuntó Trump de acuerdo con el semanario, que recuerda que, antes de asumir el cargo, el republicano ya había amenazado a las automotrices germanas con imponerles aranceles aduaneros. Los medios teutones, que no dudaron a la hora de traducir las palabras del presidente por «malos, muy malos», reflejaban este viernes la indignación que ha desatado este episodio en Berlín, con titulares del tipo «Trump arremete contra Alemania» o «G7: Seis contra uno».

Sin embargo, sus declaraciones podrían no haber sido tan graves como parecen. Al menos a juzgar por el líder de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que estuvo presente en esa reunión y trató de quitarle hierro al asunto. «No es cierto que Trump hiciera un comentario tan agresivo. Es un problema de traducción. No dijo que los alemanes se comportaban mal, dijo que había un problema. No fue agresivo», aseguró Juncker. Menos contundente se mostró otro de los asistentes al encuentro, el presidente del Consejo Europeo, quien se negó a comentar la noticia, para no «participar en esta cultura de filtraciones». En estos casos, «se necesitan más bien fontaneros profesionales que diplomáticos indiscretos», criticó Donald Tusk.

También intentó restarle importancia el principal asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn. «Él dijo que son muy malos en el comercio, pero no tiene un problema con Alemania», justificó ante los periodistas, al tiempo que explicó que durante la reunión del jueves, Trump mencionó incluso los orígenes alemanes de su padre. Entretanto, el presidente no ha querido pronunciarse al respecto.

Quien sí lo ha hecho es el Ejecutivo alemán, buscando así frenar el aluvión mediático. «La confianza depositada en el Gobierno de EE.UU. no ha cambiado. A nivel político, las relaciones de trabajo marchan bien y están basadas en la confianza. Aunque algunas cosas siguen siendo difíciles de prever», reconoció el portavoz del ministerio de Exteriores desde Berlín.

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