Toda Europa cierra filas con España ante el independentismo catalán

Cristina Porteiro
Cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

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Álvaro Ballesteros

Los líderes de los Gobiernos y de las instituciones comunitarias insisten en la integridad territorial de los Estados y muestran sistemáticamente su apoyo al Gobierno de Rajoy

02 jun 2017 . Actualizado a las 09:05 h.

«No nos corresponde expresar una opinión sobre asuntos internos de los Estados miembro». Es la escueta y repetitiva respuesta que arrojan los líderes de las instituciones europeas cuando son interpelados sobre el desafío independentista en Cataluña. La consigna es clara: cerrar filas y dejar en manos del Gobierno español la resolución del conflicto.

¿Qué postura han adoptado los líderes europeos?

La decisión de parapetarse tras España es casi unánime. Solo en algunas capitales centroeuropeas de la antigua órbita soviética se conserva cierta simpatía oculta por el movimiento secesionista. La canciller alemana, Angela Merkel, fue la última en sumarse a la cruzada antiindependentista: «No hay que tocar el principio de unidad territorial [...] Debemos decir alto y claro que los nacionalismos y separatismos son lo contrario de un patriotismo moderno», aseguró la germana. El expresidente francés François Hollande, dejó una ley no escrita a su sucesor, Emmanuel Macron: tratar a Cataluña como lo que es, «una región». París considera el desafío catalán «competencia exclusiva» de España. No quiere tensiones dentro de su territorio, ni en Rosellón, la «Cataluña francesa», ni en Córcega o Bretaña. El tridente de apoyos está completo con el Gobierno italiano. Su primer ministro, Paolo Gentiloni, aseguró que «en esta cuestión no puede haber por parte de Italia una posición diferente a la de nuestro amigo, el Gobierno español». Ni siquiera los británicos, en plena crisis diplomática con España por la futura soberanía de Gibraltar, quieren caer en la tentación de azuzar el secesionismo. La propia líder nacionalista escocesa, Nicola Sturgeon, marca distancias: «Escocia no es Cataluña [...] Nosotros celebramos una consulta democrática y constitucional».

¿Qué papel están jugando las instituciones de la UE?

El de resorte de emergencia. El desafío se juega en casa. La UE solo pasará a primer plano si se consumara la secesión. Será para negar el reconocimiento de Estado a Cataluña y cerrarle las puertas. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, guarda silencio, pero sí se pronunció cuando era candidato: «Comparto totalmente la posición del presidente Mariano Rajoy [...] No hay un automatismo entre independencia y pertenencia a la Unión. En Europa no se plantea esa cuestión. La independencia supone la salida de la UE y no veo que el Gobierno español acepte que Cataluña sea independiente y miembro de la Unión». El presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, también carga las tintas contra los secesionistas y advierte de que Cataluña «nunca podrá ser reconocida en la UE». Entre los grupos políticos que pueblan el hemiciclo tampoco hay apetito. «Las actividades que no se ajusten a la Constitución son ilegales e inaceptables», sostiene el líder de los conservadores, Manfred Weber. Su homólogo socialdemócrata, Gianni Pittella, es favorable a «la máxima descentralización» posible «con respeto a la Constitución. ¿Los liberales? Su líder, Guy Verhofstadt, juega la baza de la ambigüedad para no crear tensiones en su familia, donde conviven catalanes independentistas y nacionalistas españoles. «Es importante que la presidencia de la UE explique la realidad a la que se enfrenta Cataluña», insiste el vicepresidente de los populares europeos en la Eurocámara, González Pons, quien mantuvo esta semana una reunión con el primer ministro estonio, Juri Ratas, para pedirle más «firmeza» con los secesionistas. Fuentes diplomáticas de la delegación estonia descartan explorar ese camino: «A nosotros no nos incumbe», señalan.