May sacrifica a su equipo para acallar a los «tories» que exigen su dimisión

Llega a un principio de acuerdo con los unionistas ultras de Irlanda del Norte


londres / corresponsal

La primera ministra británica, Theresa May, empezó a digerir ayer las consecuencias amargas de su fracaso en las urnas: se vio obligada a sacrificar a sus dos asesores más cercanos para intentar detener la avalancha de críticas de miembros de su partido que han empezado a reclamar su dimisión. Al tiempo, comprobó que la alianza con los ultras norirlandeses, concretada a última hora del día con un principio de acuerdo, no le va a salir gratis.

Empecemos por los medios conservadores, que intentaron hacer de ella una segunda Margaret Thatcher desde que llegó al poder y que la defendieron a capa y espada durante las ocho semanas de campaña. Ahora la responsabilizan del desastre del jueves y no solo le piden que deje su puesto sino que animan a la derecha a que la empuje. El siempre ponderado Daily Telegraph, por ejemplo, deslizó que «lucha por permanecer en Downing Street mientras que dirigentes tories sopesan desafiar su liderazgo».

La primera ministra se vio obligada a soltar lastre, en una muestra de la debilidad que costó el despido a sus dos asesores más cercanos, el jefe de gabinete Nick Timothy y su colega Fiona Hill, ambos etiquetados como «tóxicos» y que hacen las funciones de chivos expiatorios. Timothy, confidente de May desde sus años como ministra del Interior, asumió su responsabilidad en la campaña, pero culpó del decepcionante resultado al aumento del apoyo de los jóvenes al laborismo más que a un descenso del respaldo a May.

Esta movió ficha pronto, en un intento de aparentar que no está nerviosa ni tan sola, y reemplazó al fiel Timothy por Gavin Barwell, un hombre de partido, ex ministro de Vivienda, que el jueves perdió su escaño de Croydon Central, y con el que espera apaciguar a sus detractores. «Ha sido un ministro de primera y es ampliamente respetado», recalcó. La primera ministra insiste en que cuenta con la «legitimidad» para continuar al frente del Gobierno, pero cada vez convence a menos gente. Aquí nadie olvida que dijo que dimitiría en el caso de perder la mayoría absoluta y que, en lugar de eso, fue a ver a la reina para poder seguir.

El preacuerdo que logró ayer para formar gobierno con el Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte (DUP, por sus siglas en inglés), que le daría un frágil mayoría parlamentaria pero la ataría de pies y manos a una formación ultra católica que rechaza el matrimonio homosexual y el aborto, empezó a movilizar detractores antes de ser anunciado. La líder del Partido Conservador en Escocia, Ruth Davidson, abiertamente lesbiana y protestante, llamó a defender los derechos de los gais y lesbianas, incluido el derecho a casarse. Los buenos resultados de Davidson en Escocia, quitándole parte de los escaños que hasta ahora tenía el Partido Nacional Escocés, la avalan como una voz que tiene que ser escuchada en Londres.

Donald Trump sale en su defensa, pero los conservadores prefieren enseñarle la puerta de salida

May solo tuvo ayer un amigo fiel que no dudó en dar la cara por ella, pero no es seguro que a ella el gesto le vaya a servir de mucha ayuda. Fue el presidente estadounidense, Donald Trump, quien se ofreció a darle «todo su apoyo» destacando una vez más la relación especial entre Estados Unidos y Reino Unido. Sin embargo, la declaración de amistad podría tener más consecuencias negativas que positivas, ya que en Londres no todos apoyan que se de luz verde a su polémica visita oficial.

Trump fue uno de los primeros líderes en mantener una conversación telefónica con May tras conocerse el resultado de las elecciones. Durante la charla reiteró su compromiso de preservar las relaciones bilaterales para conseguir los «objetivos e intereses comunes de cara a los próximos años».

El apoyo trasatlántico no coincide con el doméstico, pues el 60% de los simpatizantes conservadores creen que May debería dimitir por su pérdida de la mayoría absoluta y dar paso a un nuevo líder. De los más de 1.500 participantes en una encuesta del portal Conservative Home, 894 quieren que May se vaya y solo 551 desean que continúe. «Es la conclusión más alucinante que recuerdo de nuestras encuestas», explicó Paul Goodman, encargado de la redacción de la noticia. «Obviamente, los miembros del partido y nuestros lectores están enojados», recalcó.

Goodman no se corta y pide abiertamente a May que incluya en su gabinete a figuras conservadoras críticas con su gestión, como el ex ministro de Justicia Michael Gove y la ex responsable de Educación Nicky Morgan. De hecho, le deja una recado envenenado: «Es tiempo para la humildad, la reconciliación y para poner todas las manos a la obra».

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