¿Por qué las madres se juegan la vida por sus hijos?

Un estudio desvela el mecanismo por el que ratones hembra enfrentan las amenazas a su prole en lugar de huir o tratar de pasar desapercibidos para protegerse

Una hembra de gorila con su cría, en el zoo de Madrid
Una hembra de gorila con su cría, en el zoo de Madrid

La Voz

Jugarse la vida por los hijos es, en el reino animal, casi tan habitual, como el instinto de supervivencia, pero la pregunta que se han planteado un equipo de investigadores para entender este comportamiento básico es por qué. La respuesta se llama oxitocina y se la ha dado un grupo de madres ratón de laboratorio que, ante una amenaza, optaron por enfrentar el peligro para proteger a sus hijos en lugar de huir o quedarse inmóviles y pasar desapercibidas.

La oxitocina o, más popularmente, la hormona del amor -que se vincula a la maternidad, la lactancia y también a las relaciones sexuales y la fidelidad- ha dado la clave de este impulso protector en los animales. «En presencia de las crías, las respuestas de autodefensa son suprimidas por la oxitocina», señalan los investigadores en su estudio, que acaba de ser publicado en la revista eLife. 

Para entender el mecanismo, los científicos, liderados por la portuguesa Marta Moita y vinculados al Programa Champalimaud de Neurociências y a la New York University School of Medicine, entrenaron a ratones hembra, alejados de sus hijos, para relacionar un olor de mentol con una descarga eléctrica. Después del aprendizaje, los ratones reaccionaron quedándose paralizados al percibir el olor amenazante, un método de autodefensa muy común.

Ya en presencia de sus crías, los ratones actuaron de manera muy distinta: en algunos casos, las madres trataron de tapar la fuente del olor utilizado en el experimento y, en otros, intentaron esconder a sus hijos o los amamantaron y los mantuvieron cerca de su cuerpo, según relató Moita en declaraciones a la prensa portuguesa.

Hasta ahí todo según lo esperable. El comportamiento volvió a cambiar, sin embargo, cuando los científicos bloquearon la oxitocina en el cerebro de los ratones. ¿Qué ocurrió entonces? Pues que los animales volvieron a utilizar su método de autodefensa -quedarse quietos para pasar desapercibidos- en lugar de proteger a su prole.

El estudio destaca que el comportamiento defensivo de las madres con sus hijos no solo tiene un efecto protector inmediato, sino que supone un aprendizaje para las crías, que asocian el estímulo protector con el olor nocivo. «Si los ratones se paralizan, esta información emocional no se transfiera de la madre a las crías», señalan los investigadores.

Aunque todavía no se ha demostrado en humanos, es probable que el mecanismo sea similar, ya que intervienen los mismos elementos. «Falta testarlo», indicó Moita en declaraciones a la agencia Lusa.

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