May choca contra un muro en la UE: «Sus propuestas son insuficientes»

Merkel y Macron comparecen juntos para escenificar la vuelta del eje francoalemán


bruselas / corresponsal

Oferta «justa» y «seria». Con estos adjetivos se atrevió a calificar ayer la primera ministra británica, Theresa May, la propuesta de su Gobierno para garantizar los derechos de los ciudadanos comunitarios una vez que se consume el brexit. Hasta ahora solo se sabe que podrán permanecer en el país quienes lleven más de cinco años de residencia. Para el resto, ya se verá. La británica vincula los períodos de gracia que ofrecerá y el acceso a prestaciones, sanidad o educación, en función de lo que la UE esté dispuesta a ofrecer en las negociaciones de divorcio: «Por supuesto que los detalles de esta propuesta serán parte del proceso de negociación», amenazó tras la cumbre de líderes europeos en Bruselas. Insiste con cinismo en que quiere dar certidumbre a los 3 millones de europeos que viven en el Reino Unido aunque fue la única en el Gobierno de David Cameron que bloqueó una propuesta similar el año pasado porque no garantizaba la reciprocidad de la medida. 

Pero ayer se encontró con un muro. Los 27 no están en disposición de negociar nada y por eso exigen a la británica que pase de lo abstracto a lo concreto. «Es una oferta particularmente vaga. Un primer paso, pero insuficiente», valoró el primer ministro belga, Charles Michel, quien sugirió cautela a sus socios: «no vendamos el oso antes de cazarlo». La UE camina con pies de plomo. «Es obvio que se reducen los derechos de los ciudadanos de la UE en comparación con la situación actual», señaló el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. «No es suficiente», remachó por su parte el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, quien consideró «inimaginable» que el Tribunal de Justicia de la UE quede excluido de cualquier acuerdo sobre los ciudadanos en relación con el brexit».

Nadie sabe qué es exactamente lo que quiere May, quien también comprobó que su peregrina propuesta levantaba asímismo ampollas al otro lado del Canal de la Mancha. Los expatriados acusan a la premier de utilizarlos como rehenes para poder obtener beneficios del mercado único. «La oferta no es generosa, es ridícula», aseguró a la AFP Joan Pons, un enfermero español que dirige The 3 Million, la asociación de europeos creada tras el triunfo del brexit. Nicolas Hatton, fundador del movimiento, cargó contra May: «¡12 meses para esto! Es patético que jueguen con nuestras vidas con la propuesta más regresiva que podíamos imaginar», denunció. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, tachó de «inaceptable» el plan y lamentó que se esté utilizando a sus propios ciudadanos como moneda de cambio. Los laboristas se lanzaron a la yugular de May. Su portavoz para el brexit, Keir Starmer, advirtió de que la propuesta «se queda corta y llega tarde». 

Golpe de mando

«Claro que el brexit es importante, pero tenemos que concentrarnos en nuestro propio futuro». De esta forma la canciller alemana, Angela Merkel, trató ayer de poner tierra de por medio a la disputa con Londres y lanzó un mensaje de fondo a los británicos: El futuro de la UE está por encima de todo. Y allí estaba el flamante presidente francés, Emmanuel Macron, para cerrar filas con Berlín y hacer una exhibición de fuerza del renovado eje francoalemán. Su mensaje apunta directamente a quienes auguraban el fin de la UE tras el brexit. La UE no es un muerto viviente y ahora camina al ritmo de sus dos grandes potencias: Francia y Alemania. En una comparecencia conjunta, Macron quiso escenificar esa alianza inquebrantable que moverá  la UE hacia la refundación: «Cuando los dos caminamos en la misma vía, Europa avanza».

Berlín y París no quieren a terceros países dentro de su locomotora

Tres son multitud. Merkel y Macron no quieren a terceros entorpeciendo su relación. «Todo por la UE sin la UE», podría resumirse la hoja de ruta para la Unión que están pergeñando al margen de los 25, incluyendo a España. Berlín y París no cuentan con el Gobierno de Rajoy que ayer, cuando fue preguntado sobre si la asociación francogermana deja en segundo plano al resto de países, le quitó importancia y respondió que «a nadie».

La locomotora europea se apoyará, sin embargo, sobre dos ruedas, no más. «Necesitamos seguir hablando de cómo podemos remodelar el futuro de Europa», aseguró Merkel. Pero esa reflexión se hará en el marco de los consejos francogermanos que se desarrollarán los próximos meses. Reuniones para ir acompasando el gozne de unión entre Berlín y París que deberán culminar en un documento de refundación que no está previsto que vea la luz hasta después de las elecciones alemanas del 24 de septiembre.

Ahí se pondrán negro sobre blanco cuestiones tan vitales como el futuro de la zona euro. España se mantiene al margen. A pesar de ser el alumno aventajado durante los años de recuperación económica, Berlín y París prefieren  impulsar los cambios políticos de envergadura que necesita el bloque en formato tándem.

Con unos y con otros

Mientras, España impone sus objeciones, como hizo en esta cumbre a la estrategia francoalemana para controlar las inversiones extranjeras en sectores estratégicos y en la introducción de herramientas de protección comerciales frente al dumping. El Gobierno español se alía con unos u otros en función de intereses estratégicos. Con Portugal e Italia para pedir más flexibilidad presupuestaria y unas políticas de asilo y migración más «coherentes», con Francia para impulsar la Europa de la defensa.

El Ejecutivo español insiste en que sigue a la cabeza de la UE. «Estamos en el grupo de los cuatro Estados miembro que tienen más liderazgo en la Unión. Nos gustaría incorporar a Polonia, pero hay sensibilidades distintas», asegura una alta fuente diplomática antes de instar a coger con pinzas el nuevo idilio entre alemanes y franceses. «Hay diálogo bilateral fluido entre ellos, pero en el Consejo las posiciones varían. Algunas veces España puede estar más cerca de Alemania que Francia. Los intereses no tienen por qué ser coincidentes», justifica.

Holanda busca aliados en el este para suavizar el «brexit»

El 82.5% del Producto Interior Bruto (PIB) de Holanda depende de las exportaciones. El comercio está en el ADN de este país, cuya economía es una de las más abiertas y dinámicas del mundo. El Reino Unido es su tercer cliente más importante puesto que el 8.5% de todas las mercancías y servicios que comercian tienen como destino la otra orilla del Canal de la Mancha. Son cifras que explican en buena medida el nerviosismo con el que el primer ministro holandés, Mark Rutte, está asistiendo a los primeros compases de las negociaciones del brexit.

El miedo recorre la columna vertebral de la elite política y económica holandesa. La peor pesadilla podría consumarse: la expulsión de los británicos del mercado único y el levantamiento de barreras comerciales y aranceles a las ventas que podrían encarecerse enormemente. El político liberal se ha puesto manos a la obra para tratar de mitigar el golpe. Ha salido en busca de aliados para su causa que no es otra que suavizar las posiciones de Alemania y Francia en las negociaciones.

Rutte los encontró esta semana al norte y  al este de la UE. Desde los países de Visegrado (Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia), euroescépticos con comunidades amplias de expatriados en el Reino Unido,  hasta los Bálticos (Estonia y Letonia), dependientes del paraguas de seguridad británico en el flanco ruso y los nórdicos (Suecia, Dinamarca y Finlandia), baluartes del libre comercio y enemigos del proteccionismo que tanto ayudó a desterrar Londres. Rutte se reunió con los líderes de todos esos países y ayer comunicó a la canciller Angela Merkel, al presidente del Consejo Donald Tusk, y a la futura presidencia de turno estonia los resultados de la cita.

En vista de que Berlín y París no tienen pensado aflojar las riendas, el holandés se dirigió directamente a la contraparte británica pidiendo que saque la bandera blanca. «De verdad, no subestiméis el impacto que tendrá todo esto en el Reino Unido. Pagaréis un precio muy alto por abandonar la UE si lo hacéis sin conexión alguna al mercado único», advirtió durante la cumbre europea, en la que se volvió a reforzar la idea de excluir a los británicos de cualquier espacio económico en conexión con los 27 si no respetan las obligaciones que entraña esa pertenencia, las famosas cuatro libertades de circulación.

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