El socialismo europeo, expectante ante el rumbo que toma hoy el SPD alemán

Schulz quema el último cartucho en un congreso al que su partido llega dividido


berlín / corresponsal

«Merkel actúa como si Alemania no tuviera nada que cambiar. Ese es un mensaje muy peligroso. Los países con éxito no pueden estancarse, deben seguir avanzando», defiende en una entrevista con el diario Ruhr Nachrichten Martin Schulz. El líder del Partido Socialdemócrata (SPD) es consciente de que, a pesar de la innegable sed de cambio que existe entre la población alemana, la canciller y jefa de la CDU sigue representando la opción de la estabilidad. Algo que, en tiempos de incertidumbre, la coloca como clara favorita para ganas las elecciones del 24 de septiembre, en las que opta a un cuarto mandato.

El último sondeo del canal público ZDF concede a los socialdemócratas el 25 % de los votos, frente al 39 % de la CDU/CSU de Merkel. Una diferencia considerable, sobre todo teniendo en cuenta que, cuando Schulz asumió el liderazgo del partido en enero sustituyendo a Sigmar Gabriel, que lo había sumido en una crisis inédita con apenas el 20 % de los apoyos, logró recuperar casi diez puntos y hasta adelantar a los conservadores en cuestión de semanas. Pero del llamado «efecto Schulz», que ha ido perdiendo fuelle a medida que el rostro del expresidente de la Eurocámara dejaba de ser la novedad en el tablero político alemán, hoy no quedan más que migajas.

Algo que saben los más de 5.000 socialdemócratas que se reúnen hoy en la ciudad de Dortmund con motivo del congreso de la formación, su última oportunidad para reconquistar al electorado a tres meses de las generales. El socialismo europeo dirige su atención hacia el cónclave para escrutar qué harán sus influyentes compañeros alemanes: ¿girarán a la izquierda como el laborismo británico, el francés o el español? ¿Mantendrá su línea de colaboración con la derecha? La verdad es que las horas previas no emiten mucha claridad. El SPD llega desgastado a la cita, tras haber perdido los tres últimos comicios regionales, incluidos los del land más poblado y su bastión por antonomasia, Renania del Norte-Westfalia. Además, en lugar de cerrar filas, cada día que pasa está más dividido por su programa, que prevé un aumento de la inversión pública, más subvenciones para las familias, un incremento del número de efectivos policiales, pero también una ambiciosa rebaja fiscal que reducirá los ingresos.

Uno de los puntos más controvertidos es el impuesto sobre el patrimonio, que las juventudes socialistas y el ala más izquierdista del partido desean incluir en el decálogo, contra la voluntad de Schulz y sus correligionarios más pragmáticos. Esta tensión no resuelta ha llevado el programa del SPD hacia la ambivalencia: por un lado, intenta recuperar los clásicos temas socialdemócratas bajo el título de «justicia social», y por otro necesita buscar el centro, pues la población alemana gira de manera irremediable a la derecha, especialmente desde la crisis migratoria del 2015.

La ambigüedad volvía a quedar de manifiesto ayer, cuando la cúpula de la formación lanzó un órdago y amenazó con «no firmar ningún pacto de coalición de Gobierno» que no apruebe el matrimonio homosexual, en un intento por distanciarse de los conservadores. No obstante, de acuerdo con las encuestas, la única posibilidad que tiene el SPD de mantenerse en el Ejecutivo tras las elecciones de septiembre es renovar la alianza con la CDU/CSU.

Schulz y los suyos son conscientes de que se la juegan este domingo y no tienen ya nada que perder. Por eso le han pedido que inaugure el congreso a Gerhard Schröder, el ex canciller socialista que se negó a que Alemania participara en la guerra de Irak en el 2003, pero también el arquitecto de la polémica Agenda 2010, que redujo la tasa de desempleo a cambio de aumentar la precariedad laboral y dividir a la izquierda.

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