La UE honra a sus «padres fundadores», ¿pero dónde estaban las madres?

Louise Weiss, Simon Veil, Nicole Fontaine y Sofía Corradi fueron claves en el proyecto


El sueño europeo se fabricó con testosterona. Guerra, paz, reconciliaciones y negociaciones políticas quedaron relegados al coto exclusivo de los hombres. A pesar del esfuerzo de escritoras como la búlgara Svetlana Aleksievick de recuperar la memoria de las millones de mujeres que resistieron durante las guerras y que pavimentaron las rutas que desembocarían en la Unión Europea, lo cierto es que son los «padres fundadores» los que se llevan la gloria de tal hito. Jean Monnet, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi, Johan Willem Beyen, Joseph Bech y Paul Henri Spaak. Ellos son los artífices del milagro, los padrinos de la criatura, pero ¿dónde estaban las madres? Philippe Geluck, genial dibujante belga responde a esa pregunta en uno de los murales perdidos por las calles  de Bruselas: «Las madres, ellas, se ocupaban de los niños y de la limpieza y hacían las compras en La Chasse». 

 «¿Es necesario recordar que la construcción europea ha sido hasta ahora una cuestión de hombres? ¿Que los comités internacionales, origen de los textos constitucionales europeos como el Tratado de Roma, estaban compuestos exclusivamente por hombres?»,  insistía la ministra de Trabajo belga, Miet Smet, en el 1994. Las mujeres solo ocupaban entonces el 10% de los cargos políticos. Hoy todavía persiste la sima. En la Comisión Europea, los hombres copan el 70.4% del espacio frente al 29.6% de las mujeres, según datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género. Ninguna ha podido liderar la institución.

Son pocos los nombres de mujeres que recuerdan los libros de historia. En el edificio de la Comisión Europea los pasillos están salteados con carteles con el rostro de Jean Monnet: «Ils ont fait l’Europe». Ellos hicieron Europa, no ellas, nos recuerda el Ejecutivo comunitario. Un relato que se repite constantemente. ¿Qué hay de Louise Weiss? La periodista luchó con tenacidad en favor del voto femenino y la reconciliación y desarme de Alemania y Francia como única vía para la paz entre guerras. A pesar de que la sede de la Eurocámara en Estrasburgo lleva su nombre, sus ideas precursoras sobre la construcción europea han quedado olvidadas por una especie de amnesia crónica colectiva. Eso puede explicar que el Consejo Europeo las haya omitido de una antología reciente en la que se recoge el pensamiento de más de 20 europeístas del viejo continente. Ni una sola fémina aparece en sus páginas a pesar de representar la mitad de la población de la UE. Se quedaron sin espacio para Weiss o para la recién fallecida Simon Veil, primera presidenta del Parlamento Europeo (1979-1982). La francesa tuvo que soportar todo tipo de ataques e insultos por mantenerse firme y desafiante ante una sala repleta de hombres el 26 de noviembre del 1974, al presentar su Ley de despenalización del aborto, impulso definitivo para los países del entorno.

La «madre Erasmus»

Otras siguieron sus pasos. Nicole Fontaine tomó el relevo al frente de la Eurocámara (1999-2001). La conservadora francesa no duda hoy en criticar el egoísmo de la actual política europea, dominada por hombres: «La vida política se ha convertido en una aventura personal mientras que hace tiempo era una aventura colectiva», lamenta. También cuestionó la elección del actual comisario de Economía, Pierre Moscivici: «Hubiera preferido a una mujer». Una como la italiana Sofia Corradi. La «madre Erasmus» puso en marcha el programa de mayor éxito en la historia de la UE, que forjó entre la juventud el sentido de pertenencia europea. 

El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, quería más mujeres en su Ejecutivo. Ni prometiendo a los países mejores carteras  logró equilibrar su equipo (19 hombres y 8 mujeres). Los mejores resultados, sin embargo, los están cosechando ellas. La comisaria de Competencia, Margarethe Vestager, ha conseguido lo que su antecesor, Joaquín Almunia, no pudo: Someter al gigante Google y al coloso ruso del gas, Gazprom. Y apunta más alto. De quien no se podrán olvidar los libros es de Theresa May o Angela Merkel. Las dos tienen por delante la misión de escribir otro capítulo de la historia de la UE: el de su ruptura y el de su refundación. 

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