Bruselas se prepara para una guerra comercial con EE.UU.

Juncker advierte a Trump que habrá represalias si impone barreras al acero


Bruselas / Corresponsal

Se acabaron las banderas blancas. La Unión Europea prepara toda su artillería para librar una guerra comercial contra uno de sus socios históricos: Estados Unidos. El mensaje lo envió el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en los márgenes de la reunión del G20 en Hamburgo. El luxemburgués advirtió a Donald Trump que «habrá represalias» si Washington cumple su amenaza de imponer aranceles de hasta el 20 % sobre las importaciones de acero.

Aunque la medida proteccionista tiene como objetivo levantar barreras a las empresas chinas, a las que se les acusa, también en la UE, de competencia desleal, la maniobra puede afectar de forma colateral a las compañías europeas, segundas exportadoras internacionales por detrás del gigante asiático. «Si Estados Unidos introduce aranceles sobre las importaciones europeas de acero, Europa estará lista para reaccionar de manera inmediata y adecuada», aseguró Juncker, quien no ha dudado en salir en defensa de los intereses de potencias como Alemania, Italia, Francia y Bélgica, quienes concentran individualmente más cuota exportadora que Estados Unidos.

Más allá de las peculiaridades del sector del acero, a la UE le preocupa el repliegue proteccionista de la Administración Trump en asuntos tan importantes como el comercio y el clima. Y no solo eso. Las formas de Trump tampoco gustan. El multimillonario ha hecho del unilateralismo su bandera, una actitud que ha levantado ampollas, especialmente en Berlín. La canciller alemana, Angela Merkel, desempeñó el rol de anfitriona. A pesar de cuidar las formas y de evitar enfrentamientos directos con el temperamental e impredecible líder estadounidense, la germana no escondió su malestar con la actitud desafiante del inquilino de la Casa Blanca. «Las discusiones están siendo muy difíciles. Sobre el asunto del comercio, virtualmente todos creemos que necesitamos un comercio libre, pero también justo», aseguró, tratando de templar los ánimos con Trump, al que intentaron convencer de la conveniencia de apoyar el libre comercio. Le instó a no tomar más decisiones por su cuenta: «Necesitamos una sociedad abierta, especialmente a los flujos comerciales», indicó.

Nadie le cree

La escaramuza en el G20 vino precedida de la luna de miel entre la UE y Japón, que se apresuraron en sellar esta semana un acuerdo político en torno al nuevo pacto de libre comercio entre los dos socios para indicarle a Estados Unidos la senda a seguir: «El proteccionismo no es el camino», recordaron en una declaración conjunta en la que reiteran su compromiso con el Acuerdo de París contra el cambio climático, el mismo del que se bajó el gigante norteamericano. El America First de Trump no casa bien con sus últimos gestos de acercamiento a sus socios europeos para los que tuvo buenas palabras durante su fugaz visita a Polonia. Nadie le cree. «Hemos esperado mucho tiempo para escuchar esas palabras por parte de Trump, pero la cuestión es si ha sido algo aislado o no. Las palabras son fáciles, pero son las acciones lo que importa», zanjó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Las protestas rebasan a los 21.000 policías

J. C. B. / Colpisa

Los manifestantes, divididos en grupos y repartidos por toda la ciudad, trataron de bloquear e impedir el acceso de las delegaciones al lugar de la reunión

La cumbre de Hamburgo comenzó sus sesiones acosada por cientos de manifestantes que, divididos en grupos y repartidos por toda la ciudad, trataron de bloquear e impedir el acceso de las distintas delegaciones al lugar de la reunión con sentadas y barricadas. Aunque las protestas se desarrollaron mayoritariamente de manera pacífica, los disturbios protagonizados la noche anterior por activistas del llamado «bloque negro» de ultraizquierda rebrotaron al comenzar la jornada.

Docenas de automóviles fueron incendiados en torno al perímetro de seguridad que rodea el recinto ferial y los hoteles donde se hospedan los invitados. Solo en la noble Hamburger Strasse un grupo de encapuchados prendió fuego a cerca de 30 automóviles. También en el barrio de clase alta de Blankenese ardieron varios vehículos durante la mañana. En Altona unos 60 encapuchados vestidos de negro se enfrentaron con palos y piedras a agentes antidisturbios y causaron daños en tres coches policiales. La Policía reprimió con cañones de agua varias conatos de violencia de activistas que trataron de superar el perímetro de seguridad para cortar calles y cruces con el objetivo de paralizar el movimiento de las delegaciones.

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