Boris Johnson envía a «tomar viento» a la Unión Europea

Considera que la factura del «brexit» equivale a una extorsión


Redacción / La Voz

Iba a ser el día de Theresa May. La primera ministra británica había planeado aprovechar que se cumple el primer año de su llegada a Downing Street para lanzar un mensaje especial, destinado a recomponer una figura magullada por los resultados de las pasadas elecciones, y efectivamente lo hizo. Tendió obligadamente la mano a la oposición laborista para que colabore ante desafíos nacionales como el brexit y la precariedad laboral en el Reino Unido. Pero el efecto de su gesto duró poco. La culpa la tuvo la locuacidad de su ministro de Exteriores, Boris Johnson.

«Creo que las cantidades que he visto y que proponen exigir a este país equivalen a una extorsión, e ‘irse a tomar viento fresco’ es una expresión totalmente apropiada», dijo en el Parlamento, usando la expresión inglesa «go whistle», literalmente «irse a silbar», en referencia a la factura que Bruselas piensa presentar al Reino Unido por la salida del bloque.

La cantidad, que algunas fuentes comunitarias han estimado en hasta 100.000 millones de euros, es uno de los asuntos más espinosos en la negociación de divorcio con la UE iniciada el pasado mes. Tiene por fin cubrir los compromisos presupuestarios adquiridos por los británicos hasta el 2020 y es uno de los grandes escollos a superar, junto con los derechos de los ciudadanos comunitarios en el Reino Unido, para poder cerrar la separación y definir la futura relación comercial.

Lógicamente, el verbo anti-diplomático del jefe de la diplomacia eclipsó la declaración de buena voluntad de su todavía jefa de filas reclamando a los partidos de la oposición que den un paso al frente «con sus propias ideas y puntos de vista sobre cómo podemos afrontar estos desafíos como país». No fue el único desperfecto que causó. Johnson aseguró también que el Gobierno no tiene un plan para el caso de que el Reino Unido, al final de los dos años de negociaciones, decida abandonar la mesa sin firmar un acuerdo, lo que obligó a Downing Street a desmentirlo.

Amenaza de plante

Sus declaraciones tienen un efecto añadido al poner de manifiesto que las diferencias entre las distintas facciones tories sobre qué tipo de relación construir con la Unión Europea en el futuro son cada vez más profundas. Un buen ejemplo son las amenazas que han sacudido el partido a propósito de Euratom. Varios diputados conservadores partidarios del brexit blando avisaron de que se rebelarán contra los planes de May de retirarse del organismo regulador europeo de la energía atómica, después de que los médicos británicos avisaran de que podría perjudicar al tratamiento del cáncer si el Reino Unido pierde acceso a los isótopos radiactivos necesarios para algunas pruebas, que hasta ahora le llegaban de Francia, Alemania u Holanda. El Gobierno también parece presionado para abandonar su deseo de salir de la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia a partir del momento en que el país deje la UE, en 2019. Esta, como se sabe, es una de las exigencias impuestas para tener acceso al mercado único.

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