Merkel y Macron despliegan vuelo para blindar las defensas de la UE

Berlín y París pactan avances en el terreno militar y en la integración de la eurozona

POOL | EFE

bruselas / corresponsal

Dos meses han bastado para que el eje francoalemán vuelva a desplegar sus alas. Lo hizo ayer en el Palacio del Elíseo, donde se reunieron el flamante presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel. París y Berlín volvieron a dar muestras de su renovado idilio, deteriorado los últimos años por la falta de sintonía entre el expresidente François Hollande y la líder germana. Esos tiempos quedaron atrás. Ahora Alemania y Francia vuelan de la mano. Y no es solo una metáfora. Las dos potencias sellaron ayer un acuerdo para desarrollar de forma conjunta una «nueva generación» de aviones de combate, una maniobra que apuntala los esfuerzos por crear una fuerza defensiva europea menos dependiente de EE.UU. y que certifica su voluntad para liderar Europa.

«El objetivo de este proyecto común es realizar juntos la investigación y el desarrollo, utilizarlo de manera conjunta y coordinar las exportaciones. Es una profunda revolución», explicó Macron tras el encuentro. Hasta ahora la UE cuenta con dos tipos de aeronaves de combate, el Rafale (de fabricación francesa) y el Eurofighter (fabricado conjuntamente por Alemania, España, Italia y Reino Unido).

No es el único compromiso que el galo logró arrancar ayer a Merkel. La alemana acabó cediendo en manos de su equipo de Defensa para apoyar financieramente a las fuerzas antiyihadistas que operan en el Sahel. Macron estiró la cuerda, pero le fue imposible materializar acuerdos sobre el papel para avanzar en la integración de la eurozona. La canciller, eso sí, se mostró abierta a todo lo que le propuso el paladín liberal, desde la necesidad de contar con un ministro de Finanzas hasta la creación de un presupuesto para la zona euro.

«No tengo nada en contra de esas propuestas», aseguró Merkel. Pero cualquier paso que se dé en materia de integración y modificación de los Tratados deberá esperar a que pasen las elecciones alemanas, previstas para el 24 de septiembre. Lo que vaya a ocurrir después es un enigma. Aunque Bruselas lanza las campanas al vuelo, algunos expertos opinan que la victoria de Merkel no implica más y mejor Europa. Los gestos y las primeras llamadas marcarán el futuro que la canciller tiene guardado para la UE.

También hubo espacio ayer para los reproches velados, envueltos en el habitual discurso asertivo y constructivo que blande Macron. El francés apuntó al gigantesco superávit comercial alemán como causa de desequilibrios en la zona euro. Pidió a Berlín que abra más la mano al gasto y se muestre más flexible con las reformas que le quedan por delante a Francia. Merkel lo despachó de forma elegante al asegurar que «deseamos que todos los países de la zona euro sean fuertes» pero, para tener el «margen para una mayor inversión» como el del país germánico, es necesario que todos saneen sus cuentas. «Francia debe reformar su economía para darle más vigor», le recomendó la canciller.

No cabe duda del escaso apetito que albergan los dos líderes por Donald Trump. Pese a que lo recibió ayer por todo lo alto, Macron recordó que tanto Berlín como París «seguirán luchando contra todo tipo de proteccionismo y contra cualquier intento de competencia desleal en el sistema internacional».

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