Los supervivientes del 11S tienen más riesgo de muerte prematura

Alertan del aumento de infartos y problemas respiratorios


NUEVA YORK / CORRESPONSAL

«Es una locura», dijo James Gormley lidiando entre la pena y la resignación. La suya fue la reflexión de un hombre que acaba de perder a su hermano tras una década de lucha contra el cáncer del pulmón. Se llamaba William Gormley, tenía 53 años y había sido parte del respetado cuerpo de bomberos de Nueva York. «Nos correspondía llevar su cuerpo al Marine Park Funeral Home, pero tuvimos que cambiar de tanatorio porque ya estaban velando el cuerpo de un policía», confesó Gormley. Se trataba del detective retirado William Kinane, de 60 años, también víctima de un cáncer de pulmón.

La casualidad quiso que estos héroes pusiesen hace un mes el mismo punto y final a un relato que ambos comenzaron a escribir el 11 de septiembre del 2001. Fue entonces cuando Gormley y Kinane acudieron al World Trade Center de Manhattan y fue entonces también cuando bombero y policía, junto con otros 2.500 miembros de los equipos de rescate, quedaron sentenciados a formar parte del legado tóxico del polvo generado tras el ataque contra las Torres Gemelas.

Lo estremecedor del relato ya no son solo las casi 3.000 vidas que se cobró el peor atentado terrorista de la historia de EE.UU., sino todas las que se ha seguido cobrando a lo largo de los últimos 16 años y cuyo número, por muerte o enfermedad, previsiblemente seguirá aumentando.

Según un estudio del Departamento de Salud de Nueva York, las personas que sufrieron lesiones físicas o estuvieron expuestas a la nube de polvo provocada por el derrumbe de las torres tiene un mayor riesgo de sufrir un infarto o diversas enfermedades respiratorias, así como de ser víctima de una muerte prematura. «La exposición intensa en un único día, esto es el primer día del desastre, contribuye de forma sustancial al riesgo de desarrollar enfermedades crónicas», explica el director de la investigación, Robert Brackbill.

Este nuevo estudio contó con la participación de 8.701 supervivientes de los atentados. 7.503 trabajaban en las Torres Gemelas, 249 ayudaron en las tareas de rescate, 131 residían en la zona y 818 eran transeúntes. Un 41 % se había expuesto de manera intensa al polvo y al humo y un 10 % tuvo una lesión física. Tras 10 años de seguimiento, los autores de las investigaciones registraron 327 casos de diabetes, 308 de asma, 297 enfermedades pulmonares no cancerígenas y 92 infartos agudos de miocardio.

Los que sufrieron fracturas, lesiones en la cabeza o esguinces se vincularon con personas con mayor riesgo de tener un ataque al corazón, mientras que la exposición al polvo y el estrés postraumático supone tener más posibilidades de desarrollar enfermedades pulmonares.

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