Trump escondió una segunda cita con Putin

El ruso Ike Kaveladze también asistió a la reunión del hijo del presidente con la emisaria de Moscú


nueva york / corresponsal

La falta de transparencia de la Casa Blanca ha sido la espoleta de la nueva controversia que sacude a una presidencia en permanente conflicto. Ayer el escándalo vino con la revelación de que Donald Trump y Vladimir Putin mantuvieron un segundo encuentro en la cumbre del G20 que hasta ahora los medios desconocían. Se produjo horas después del primer cara a cara que tuvo lugar el pasado 7 de julio y cuya conversación se alargó más de dos horas.

«La falsa noticia de la cena secreta con Putin es enferma. Todos los líderes del G20 y cónyuges, fueron invitados por la canciller alemana», denunció el presidente en Twitter tras las primeras informaciones aportadas por el experto en geopolítica, Ian Bremmer. Fue él quien confirmó que el encuentro había durado una hora y que Putin estuvo acompañado de su traductor oficial, mientras que Trump estaba solo.

«No hubo un segundo encuentro, solo una breve conversación al final de una cena. La insinuación de que se trató de esconder los hechos es falsa, maliciosa y absurda», defendió la Casa Blanca en un comunicado en el que detalló cómo Trump se levantó en mitad de la comida para sentarse al lado de Putin y hablar con él. «Interactuar con líderes mundiales es parte de los deberes del presidente», justificó el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, en un intento de minimizar los daños y antes de que el Kremlin saliese en su defensa. «Quieren minar la autoridad del presidente Trump», denunció el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov.

Es verdad que los presidentes suelen mantener conversaciones improvisadas entre sí. El problema aquí es la falta de información por parte de la administración. «Nunca, en mi experiencia como politólogo, he visto a dos grandes países con una constelación de intereses tan disonantes y cuyos líderes parecen hacer todo lo posible para llevarse bien», advirtió Bremmer.

La revelación del encuentro se produjo días después de que se conociera la reunión entre el hijo del presidente y una abogada rusa con información perjudicial sobre Hillary Clinton y sobre la que la inteligencia de EE.UU. continúa investigando. Tanto es así que ya se ha identificado al octavo asistente. Se trata de Ike Kaveladze, un empresario ruso vinculado con el oligarca y amigo de Trump, Aras Agalarov, también involucrado en la gestión del encuentro en plena campaña electoral. Su figura ya está siendo diseccionada por el fiscal especial, Robert Mueller, así como por el Comité Judicial del Senado. Su líder, el republicano Chuck Grassley, ha pedido información sobre el nuevo personaje al secretario de Estado, Rex Tillerson y al líder de Seguridad Nacional, John Kelly. En paralelo, Mueller dio su visto bueno a que Trump Jr. y el exjefe de campaña, Paul Manafort, puedan declarar ante el Comité de Justicia.

Castiga a los senadores sin vacaciones para que desmantelen el Obamacare

Donald Trump volvió ayer a hacer gala de su imprevisibilidad cuando pidió a los senadores que debían cancelar sus vacaciones de agosto para, de una vez por todas, sacar adelante un plan que entierre el Obamacare. «Francamente, no creo que debamos salir de la ciudad a menos que tengamos un plan sanitario», dijo ante la sorpresa de los presentes.

Apenas 24 horas antes, el mandatario había apostado por «dejar morir» la reforma sanitaria y derogarla sin reemplazo, desoyendo así la oposición que se presentó desde las entrañas de su propio partido. Contra ellos, los senadores díscolos, cargó durante el almuerzo que mantuvo ayer en la Casa Blanca con los 52 representantes conservadores de la Cámara Alta. «La gente está sufriendo. La inacción no es una opción», les advirtió.

No muy lejos de allí, en el mismo ala oeste, varios consejeros del presidente estudiaban estrategias que les permitan cosechar por fin algún triunfo. En este contexto, la aprobación de la reforma tributaria se ha convertido en un imperativo para la joven y desgastada administración, que sigue sin lograr victorias legislativas de peso a pesar de tener el control de la Casa Blanca y de ambas cámaras del Congreso. «El mayor problema que los republicanos podrían enfrentar en las legislativas del 2018 es que los estadounidenses tengan sobre su gestión una sensación de incompetencia e incapacidad para gobernar», avisó Josh Holmes, asesor del líder republicano del Senado, Mitch McConnell. Y es que tras siete años intentando derogar el Obamacare, el Partido Republicano sigue sin ponerse de acuerdo en sacar adelante su gran promesa electoral.

Los golpes se repitieron cuando el Tribunal Supremo dio ayer la razón al juez federal de Hawai, Derrick Watson y sostuvo que los abuelos y otros familiares procedentes de algunos de los seis países afectados por el veto migratorio y que tengan familia en EE.UU., podrán entrar en el país para visitar a sus parientes. La decisión vino acompañada de otra que en cambio, sí avala las intenciones del presidente y accede a su solicitud de aplicar de forma más estricta la prohibición de ingreso de refugiados, hasta que al menos se conozca la opinión de otra corte federal de apelaciones.

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