«No me quedó otro remedio que coger mi arma de fuego y tratar de reducirlo de un disparo»

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Ramón Leiro

El guardia acusado de la muerte del exbatería de Los Piratas insiste en que actuó en defensa de su compañero

23 sep 2017 . Actualizado a las 14:01 h.

«Esa persona era imposible de parar». «No estaba en sus cabales». «Dijo que era Dios y que nos iba a matar a todos, que nos iba a cortar en trocitos». El guardia civil Rubén Ll. A. aseguró ayer que cuando el 26 de agosto de hace dos años disparó al exbatería de Los Piratas, Javier Fernández, Hal 9.000, apuntó a las piernas y que su única intención era inmovilizarlo para salvaguardar la integridad física de su compañero de patrulla.

Relató que aquella mañana fueron desplazados hasta la vivienda del músico para intervenir ante lo que, en un principio, se calificó como un episodio de violencia sexista. De hecho, precisó que cuando se entrevistaron con la mujer del hombre le llamó la atención que «tenía la cara totalmente hinchada, como si le hubieran pegado una paliza. Tenía sangre seca en la nariz, tenía sangre seca en los labios».

Una vez que verificaron que en la vivienda solo se hallaba el músico, el acusado mantuvo que su única prioridad fue lograr que Javier Fernández se calmase para que pudiese ser trasladado a un hospital. Sin embargo, todos sus esfuerzos resultaron infructuosos. En un momento dado, el batería se introdujo corriendo en el interior de la casa seguido por el otro agente.

«Dijo que era Dios y que nos iba a matar a todos, que nos iba a cortar en trocitos» Lo siguiente que observó el encausado fue cómo el músico, con un tenedor en la mano y un cuchillo en la otra, se encaraba contra el otro agente, que empezó a retroceder. «De un golpe que le dio, mi compañero se desequilibró y bajó la guardia. Vi que iba con la mano derecha con el tenedor a clavárselo en la yugular. No me quedó otro remedio que coger mi arma de fuego y tratar de reducir a esa persona con un disparo. Apunté a la pierna, pero esa persona estaba tan fuera de sí, tan loco, que el disparo desafortunadamente dio donde dio». El tiro le alcanzó el abdomen y dañó mortalmente la vena cava.

El guardia insistió en que su intención era reducir a Javier Fernández y que si disparó fue «porque la vida de mi compañero corría grave peligro. Si a mi compañero le hunde el tenedor en la yugular no estaría aquí», dijo.

El compañero fue uno de los últimos testigos que compareció en la primera jornada de esta vista oral. Y lo hizo para refrendar las palabras del acusado al señalar que este apretó el gatillo cuando el músico se dirigía hacia él «con el brazo levantado para agredirme». Dejó claro que si los sanitarios tardaron en evacuarlo fue porque no dejaba que le colocaran las vías.

La mujer del músico dice que no la agredió

Andrea Montes, la mujer del exbatería Javier Fernández, subrayó ayer que en ningún momento fue objeto de una agresión machista. En su lugar, subrayó que su marido estaba «muy nervioso, delirando y con una actitud de mucha tensión». Y exteriorizaba esto con el movimiento de los brazos. En un momento dado, accidentalmente, «me dio un golpe».

Precisó que diez días antes, a instancias del psiquiatra, su esposo redujo la medicación que estaba tomando para tratar el trastorno bipolar que padecía. A partir de entonces, «fue una caída en picado». Aquella mañana «lo vi fuera de la realidad. Estaba ante una persona que estaba descontrolada, con la mirada perdida».

Ante la gravedad que estaba adquiriendo la situación, decidió avisar a varios amigos, al tiempo que abandonaba la vivienda para ponerse en contacto con el 112.

Entre los conocidos que se acercaron a la casa se encontraba el padre de uno de los niños a los que Javier daba clases de batería. Su testimonio contradijo en varios puntos la declaración del guardia civil acusado, toda vez que negó que el músico hubiese agredido al otro agente, así como aseguró que no observó ninguna lesión en el guardia que supuestamente sufrió la acometida de Javier Fernández.

Además, dijo que, a requerimiento de un sargento, firmó una hoja en blanco en la que asegura que se hicieron constar unas afirmaciones que nunca hizo. Ante esta declaración, la defensa entendió que pudo haber cometido un delito de falso testimonio, por lo que pidió que se le dedujese testimonio.

Un experto en tiro de la Guardia Civil estimó que, a la vista de la trayectoria descendente del disparo, este buscó neutralizar a la víctima. Asimismo, consideró adecuado el empleo del arma de fuego. La Guardia Civil no abrió expediente al acusado al considerar que su actuación fue adecuada y acorde con el protocolo.