La ultraderecha alemana se fractura ya antes de entrar en el Parlamento

patricia baelo BERLÍN / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

FABRIZIO BENSCH | Reuters

Angela Merkel presiona a los socialdemócratas para reeditar la gran coalición

26 sep 2017 . Actualizado a las 06:58 h.

Los medios alemanes estaban pendientes ayer de una sola mujer. No era Angela Merkel, quien el día anterior se coronaba como ganadora pírrica de las elecciones y se dispone a asumir la que se perfila como su legislatura más complicada, sino Frauke Petry. La copresidenta del ultraderechista AfD se desvinculaba del grupo parlamentario de su partido, agravando así la lucha de poder que divide a la formación, que el domingo rompió un tabú al lograr el tercer puesto e ingresar en el Bundestag por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial con el 12,6 % de los sufragios.

«Hay diferencias y creo que no debemos callar como una tumba», argumentó en una insólita comparecencia Petry, que logró un escaño directo por el estado federado de Sajonia y encarna al sector moderado. El rostro más visible de la formación xenófoba anunció su intención de formar parte del Parlamento como diputada independiente, además de liderar un «nuevo comienzo conservador», sin aclarar si fundará un nuevo partido. La maniobra desató un terremoto en las filas del AfD, que se había reunido para celebrar su triunfo en las urnas.

Muchos correligionarios no tardaron en pedir su cabeza. «Después de este reciente escándalo, prácticamente insuperable por irresponsable, la llamo a renunciar a su función de portavoz y abandonar el partido para no causar más daños», declaró la joven economista Alice Weidel, quien junto al veterano jurista Alexander Gauland, representa al ala radical. Un dúo de conveniencia que el pasado abril se encargó de arrebatarle a Petry la candidatura de AfD a la cancillería y que no convence a todos. De hecho, cuatro parlamentarios ultras de Mecklemburgo-Antepomerania dejaron ayer la Cámara regional.

Entretanto, la canciller alemana asumía su responsabilidad en el auge de la extrema derecha, después del 32,9 % que obtuvo la CDU/CSU, ocho puntos menos que en los comicios del 2013 y su segundo peor resultado. A pesar de volver a defender la decisión de abrir la frontera a miles de refugiados, Merkel reconoció que el viraje a la derecha de la sociedad desde entonces está relacionado de manera «personal y evidente» con su gestión de la crisis migratoria, que según los sondeos ha hecho perder a la derecha un millón de votos que fueron a parar al AfD.

«Es importante que Alemania tenga un Gobierno estable», aseguró asimismo la dama de hierro, que deberá explotar al máximo sus dotes persuasivas para forjar una alianza con el FDP y Los Verdes. El tripartito se presenta ya como el único Ejecutivo posible, dada la aritmética, la negativa de Angela Merkel a unir fuerzas con La Izquierda, y la renuncia de los socialdemócratas a seguir desgastándose en una gran coalición, tras haber cosechado el peor resultado de su historia, con el 20,5 %. No obstante, la canciller insiste en presionar a sus socios del SPD, consciente del reto que supondrá la coalición popularmente llamada Jamaica, inédita a escala nacional, y sabedora de que la entrada del liberal Lindner en el Gobierno ha puesto los pelos de punta tanto en Bruselas como en París por entender que puede suponer un brusco frenazo a la integración europea en marcha.