¿Cómo se ha llegado a un referendo ilegal?

CDC radicalizó su discurso nacionalista tratando de ocultar sus casos de corrupción y el fracaso de su gestión, pero esa estrategia dejó a Cataluña en manos de ERC y los antisistema de la CUP


Madrid / La Voz

Si no queremos remontarnos a la etapa inmediatamente posterior a la aprobación de la Constitución, cuando el nacionalismo catalán consiguió que el incipiente Estado autonómico otorgara a la Generalitat el control casi total de la educación y las competencias exclusivas en orden público -situando así a Cataluña y al País Vasco como dos excepciones dentro del Estado-, y a cuando Cataluña asumió mediante acuerdos políticos de los nacionalistas con los gobiernos del PSOE y el PP otras muchas competencias no previstas en la Constitución, habrá que convenir que el relato de cómo hemos llegado hasta aquí comienza un 13 de noviembre del año 2003. Aquel día, en un mitin de cierre de la campaña de las elecciones catalanas, el entonces líder de la oposición, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, prometió esto al candidato del PSC, Pasqual Maragall: «Apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña». Fuera la que fuera. El independentismo tomó nota. 

ACUERDO PSC-ERC

Nuevo estatuto. Tres días más tarde, Maragall ganó las elecciones en minoría y se alió con los independentistas de ERC y con ICV para gobernar. Los nacionalistas aprovecharon el compromiso de Zapatero para forzar al PSC no a una reforma, sino a redactar un nuevo Estatuto que desbordaba la Constitución. El 29 de septiembre del 2005, el Parlamento catalán aprueba ese nuevo Estatuto de Autonomía. 

Pacto MAs-Zapatero

Acuerdo con CiU. El 22 de enero del 2006, Artur Mas, líder de la oposición y que entonces renegaba del independentismo, sorprende al pactar en la Moncloa con Zapatero un texto del Estatuto que rebajaba entre otras cuestiones el alcance del término nación para referirse a Cataluña. Tras pasar por la Comisión Constitucional, donde Alfonso Guerra presumió de haberlo «cepillado», el PSOE apoyó en el Congreso el nuevo Estatuto, que salió adelante con solo el 54 % de los votos. Votaron a favor PSOE, CiU, ICV, PNV, BNG y Coalición Canaria. En contra, PP, ERC y EA. Se abstuvieron CHA y Nafarroa Bai. 

Aprobado en Referendo

Un 50,59 % de abstención. Aquel Estatuto, que definía a Cataluña como nación en su preámbulo, fue aprobado 18 de junio del 2006 en un referendo celebrado en Cataluña con una abstención del 50,59 %, un 73,9 % de votos favorables, 20,76% en contra y 5,34% en blanco. ERC y el PP pidieron el no en la campaña. 

Recurso del PP

«Constitución paralela». El 31 de julio del 2006, el PP recurrió ante el Tribunal Constitucional 114 de los 223 artículos del Estatuto y 12 disposiciones. Esgrimía que era en realidad una «Constitución paralela» y que, «por su ínfima calidad jurídica», generaría numerosos conflictos. Rechazaba también la relación bilateral de Cataluña con el Estado, «porque es una desigualdad inadmisible en la Constitución». 

Sentencia constitucional

Cuatro años para el fallo. El Constitucional, sometido a todo tipo de presiones, y con numerosos incidentes procesales y recusaciones por el camino, según reconoció recientemente a La Voz de Galicia su entonces presidenta, María Emilia Casas, tardó cuatro años en emitir, el 28 de junio del 2010, una sentencia que declaraba inconstitucionales 14 artículos del Estatuto y dejó sujetos a la interpretación del tribunal otros 27, además de estimar que las referencias a Cataluña como «nación» en el preámbulo carecían «de eficacia jurídica». 

CiU vuelve al poder

El PSC y ERC se hunden. Poco después, el 8 noviembre del 2010, CiU gana las elecciones en Cataluña con un 38,43 % y 62 escaños y el PSC se hunde, descendiendo a un 18,38 % y 28 escaños. ERC sufre un descalabro y se queda en el 7 %, perdiendo 11 de sus 21 diputados y quedándose en 10, mientras el PP, tercero, logra un 12,37 % y obtiene 18 diputados. Ciudadanos consigue 3 actas. Pero Mas, en minoría, es investido presidente gracias a la abstención del PSC.

DIADA del 2012

Mas se parapeta en la señera. Debilitado por una pésima gestión de la crisis, y acosado por los casos de corrupción de CiU, Mas radicaliza el tono de su perfil nacionalista y de sus ataques a Rajoy, al que culpa de los males de Cataluña. Pero ese giro le lleva a verse desbordado en la Diada de septiembre del 2012, a la que él no asistió, pero que la Asamblea Nacional de Cataluña convirtió ya en un acto de radical reivindicación independentista. 

Mas pide un pacto fiscal

Rajoy se niega. Mas se sube entonces a la ola independentista y el 20 de septiembre se planta en la Moncloa y le echa un órdago a Mariano Rajoy exigiéndole un concierto económico idéntico al vasco. Rajoy se niega a ello por considerarlo inconstitucional. 

Nuevas elecciones

Debacle de CiU, éxito de ERC. Solo cinco días después, convencido de haber capitalizado la Diada del 2012, y cada vez más debilitado por los casos de corrupción, Mas convoca nuevas elecciones, cuando lleva solo dos años de Gobierno, para tratar de reforzarse. El resultado es catastrófico para él. Pierde 12 escaños y se ve obligado a pactar con ERC, que gana 11 con la irrupción de Oriol Junqueras y le arrastra hacia la ruptura con España. 

El 9N

Consulta ilegal, pero consentida. A pesar de que el Congreso se lo deniega, Junqueras impone a Mas la convocatoria de un referendo de independencia. Y, a pesar de que el Constitucional se lo prohíbe, el 9 de noviembre del 2014 se llega a celebrar una consulta sin ninguna garantía legal, que el Gobierno de Rajoy acabó consintiendo, al no darle validez alguna, limitándose a recurrirla ante el Constitucional. 

Irrupción de la CUP

Cataluña, en manos de un grupo antisistema. Un desgastado Artur Mas cercado por Junqueras adelanta de nuevo las elecciones al 27 de septiembre del 2015. Tras comprometerse con ERC a poner en marcha una hoja de ruta independentista, logra que Junqueras acepte concurrir en una lista unitaria, Junts pel Sí, lo que provoca la ruptura entre CDC y Unió. Pero de nuevo el resultado no es el esperado. Junts pel Sí no alcanza la mayoría absoluta y queda en manos de la CUP, un grupo radical de ultraizquierda y antisistema que, con solo diez diputados, fuerza a Mas a renunciar a la presidencia y apoya luego a Carles Puigdemont a cambio de que este se comprometa a lanzarse a la abierta desobediencia al Gobierno y al Tribunal Constitucional, y a convocar unilateralmente un referendo para la secesión de Cataluña, a pesar de que los partidos independentistas suman menos del 50 % de los votos. 

Un referendo ilegal

Desobediencia y leyes en un día. La presión de sus socios de ERC, de la CUP, de ANC y Òmnium fuerzan a Puigdemont a convocar el referendo ilegal de independencia y a desobedecer después la prohibición del Tribunal Constitucional y las órdenes de los jueces, aprobando en un solo día leyes que quiebran el propio Estatuto para dar apariencia de legalidad a la consulta convocada para hoy.

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