Los demócratas quieren aumentar las restricciones de acceso
03 oct 2017 . Actualizado a las 07:29 h.¿Cómo es posible que el tirador de Las Vegas hubiese logrado introducir más de diez armas de fuego en la habitación del hotel en que se alojaba sin despertar sospechas ni levantar la alarma? La masacre en la capital del ocio de EE.UU. incendia de nuevo el debate que se abre cada vez que se produce un asesinato masivo. ¿Qué tiene que ocurrir en el país de las libertades para que las autoridades prohíban o restrinjan la venta de armas?
A diferencia de lo que ocurrió la pasada legislatura, cuando Barack Obama emprendió una intensa pero estéril campaña para convencer al Congreso, en esta ocasión el debate no está alentado desde la Casa Blanca, que ayer consideró prematuro abordar el asunto. Como se sabe, Donald Trump es un furibundo defensor de la Segunda Enmienda, que estipula que no se puede atentar contra «el derecho del pueblo a tener y portar armas». Si no fuera suficiente, entre los apoyos más entusiastas que recibió durante la campaña electoral se cuenta el de la Asociación Nacional del Rife [NRA, por sus siglas en inglés], el potente grupo de presión que representa los intereses de la industria armamentista.
Pese a ello, pocas horas después de la tragedia, Hillary Clinton reabrió la discusión. «Nuestra pena no es suficiente. Podemos y debemos dejar la política de lado, enfrentar a la NRA y trabajar juntos para intentar que esto no vuelva a ocurrir», escribió en Twitter. «Siempre hay personas que matan con historias y motivaciones diferentes. Su trágico elemento en común es que tienen armas poderosas», se le sumó Ben Rhodes, un antiguo colaborador de Barack Obama.
No fueron los únicos. Varios congresistas demócratas pidieron a los republicanos que dejen de bloquear las leyes para incrementar los controles de acceso. La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, envió una carta al presidente del órgano, el republicano Paul Ryan, para pedirle que cree una comisión sobre la violencia con arma de fuego y someter a votación el proyecto de ley presentado en 2015 para mejorar el control sobre ese tipo de armas.
Es improbable que la nueva cruzada cambie la opinión de los republicanos. Pese a que las encuestas indican que la mayoría de los estadounidenses son favorables a un endurecimiento de la legislación, se han comportado en todo momento como un bloque sin fisuras, contrario a cualquier limitación. Trump tampoco ha dado ninguna señal de que tenga interés en cambiar de postura, que entusiasma, por cierto, a su base electoral más fiel. «Tienen un auténtico amigo en la Casa Blanca. Ustedes me han apoyado y yo los voy a apoyar», declaraba cien días después de su llegada al poder en una insólita comparecencia de un presidente en ejercicio ante la Asociación del Rifle.
Tal es la seguridad de los principales fabricantes de armas en la postura del presidente que ayer subían con fuerza en Wall Street. Las acciones de American Outdoor Brands, nombre actual del mayor fabricante de armas cortas del país conocido anteriormente como Smith and Wesson, subían un 3,70 % en el Nasdaq. Los títulos de Sturm Ruger & Company, el cuarto mayor fabricante de armas, se disparaban un 4,26 % en la Bolsa de Nueva York.