¿Hay alguien en Londres con quien negociar el «brexit»?

La Eurocámara cierra las puertas a una segunda fase de la negociación


bruselas / corresponsal

«La cuestión es saber por quién pregunto cuando llamo a Londres. ¿Por Theresa May? ¿Boris Johnson? ¿David Davis?». Así de mordaz se mostró ayer en la Eurocámara el líder de los populares europeos, Manfred Weber, momentos antes de que el hemiciclo aprobase una resolución para cerrar al Reino Unido la puerta a la segunda fase de negociaciones este octubre, como estaba previsto. El Parlamento Europeo constató la falta de avances y propuestas por parte de los británicos para pasar a discutir sobre la futura relación bilateral, una situación que muchos atribuyen al caos dentro del partido conservador.

La primera ministra, Theresa May, ha sido incapaz de mantener a raya a algunos miembros del ala dura de su Ejecutivo, como el ministro de Exteriores Boris Johnson. El resultado ha sido desastroso para el Reino Unido que, año y medio después de votar a favor del brexit y tras cuatro rondas negociadoras en Bruselas, sigue atascado en la primera fase. «Hay falta de claridad y desunión entre Johnson, May y Davis. Así es dificilísimo dar pasos», lamentó el portavoz de la Eurocámara para el brexit, Guy Verhofstadt.

Johnson finge que respalda a Theresa May

rita a. tudela

Insiste en que el «brexit» tiene que ser un momento de renovación nacional para el Reino Unido

El impredecible ministro de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson, dispuso ayer de su momento en el congreso conservador para defender la unión de su partido. Él, que no se distinguido precisamente por respetar ese valor, afirmó que el brexit tiene que ser un momento de renovación nacional para el Reino Unido. Pidió que «se deje rugir al león británico» en plena ola de divisiones internas en su partido.

Johnson insistió de cara a la galería, que lo examinaba con lupa, en que todo el gabinete estaba unido detrás de su objetivo de conseguir un «gran acuerdo del brexit». Es improbable que lograra convencer a nadie. Sus diferencias con la primera ministra y con otros ministros, como Philip Hammond, son constantes, y las saca él mismo a la luz en la prensa británica, donde marca sus líneas rojas para la complicada negociación con Bruselas consiguiendo enfadar a sus colegas y votantes por igual.

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Hay brechas en las tres prioridades negociadoras: la frontera entre las dos Irlandas, los derechos de los ciudadanos desplazados y la factura de divorcio. Sobre este último punto el negociador europeo, Michel Barnier, reconoció «serias divergencias» y advirtió a Londres de que «no aceptaremos pagar a 27 lo que se decidió a 28. Ni más ni menos».

A pesar del tono moderado del discurso de May en Florencia, Bruselas no se fía de que las intenciones británicas se plasmen en propuestas concretas en la quinta ronda de negociaciones que arrancarán en Bruselas la semana que viene. Mucho menos, después del envío reciente de cartas de expulsión a comunitarios residentes en Reino Unido y el rechazo del negociador de Londres, David Davis, a aceptar la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. «La culpa del caos la tienen las divisiones en el Gobierno británico. Quizá piensen que después de la convención de los conservadores haya cierto movimiento por parte británica. No esperen esto porque aun no saben qué tipo de relación quieren con la UE», apuntó el laborista Richard Corbett.

Reino Unido decidió salir. Londres escogió la fecha para iniciar la desconexión, pero su Gobierno sigue sin trazar un plan de cómo ejecutar el divorcio. Queda solo un año para cerrar el acuerdo y seis meses para que lo ratifiquen los parlamentos nacionales. Las prisas y la ausencia de una hoja de ruta han desatado el pánico en una parte de la bancada británica. Los euroescépticos acusaron ayer a Barnier de actuar con ánimo vengativo contra los británicos y de secuestrarlos en las negociaciones. El galo se limitó a pedir a Londres respeto a la integridad del mercado único europeo y las cuatro libertades de circulación en la UE.

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