Brasil tiene su Cataluña en el sur

Los estados de Río Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina celebran mañana un referendo ilegal de independencia


brasilia / corresponsal

Brasil es un país gigantesco donde la bandera nacional es omnipresente, casi al nivel de lo que ocurre en Estados Unidos. La camiseta de la selección de fútbol, el segundo símbolo en importancia, se usó como uniforme en las manifestaciones contra la expresidenta Dilma Rousseff, y eso llegó a mancillar la prenda como icono. Ese apoderamiento de la verdeamarela era lo más parecido a un síntoma de división nacional. Pero en Brasil anidan varios movimientos independentistas, de escasa trascendencia en su mayoría, el más poderoso de ellos en el sur. Los estados de Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul celebran mañana un referendo ilegal sobre su salida de Brasil y la formación de un país propio, una reclamación basada más en motivos económicos que históricos.

A los organizadores del movimiento les gusta compararse con Cataluña, aunque, a diferencia de lo que ocurre allá, reconocen de antemano la inutilidad de su consulta. Anidria Rocha, coordinadora de O Sul é Meu País, asume que la votación convocada en 900 ciudades de los tres estados «no tiene ninguna validez legal, pero pretende mostrar la gente que tiene esa voluntad de independencia». La misma plataforma celebró el año pasado otra consulta idéntica, con la pregunta «¿Quiere que Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul formen un país independiente?» Entonces, según la organización votaron 600.000 personas con un 95 % de síes.

Las autoridades estatales no reconocen esta consulta, como no lo hicieron el año pasado, cuando evitaron la intención de los promotores de que se realizase coincidiendo con las elecciones municipales. El máximo órgano electoral lo impidió. Como en España, la Constitución brasileña desampara los plebiscitos de este tipo porque la república está «basada en la unión indisoluble de los Estados» que la conforman. Pero los paralelismos con España son extraordinarios. Aunque detrás de las reclamaciones de los estados del Sur se encuentran vagas motivaciones históricas (es recurrente la alusión a la llamada Guerra dos Farrapos, que los gauchos conmemoran de manera festiva cada 20 de septiembre en Río Grande do Sur), la mayor parte de sus demandas son de índole económica.

Distribución de la riqueza

Los tres estados del Sur que quieren unir fuerzas (de población fuertemente marcada por la inmigración italiana, alemana, polaca y holandesa) se sienten perjudicados por la distribución de la riqueza en la república federal. Con dos de las principales ciudades de Brasil implicadas (Porto Alegre y Curitiba), O Sul é Meu País se parapeta también en los sentimientos de la población que no se identifica con la crisis política que vive Brasil y el descontento con la corrupción. Los mismos síntomas que han resucitado el fantasma de la dictadura militar e impulsado una candidatura de extrema derecha en la figura de Bolsonaro.

Los separatistas de Santa Catarina, Paraná y Río Grande do Sul buscan unirse para salir de Brasil porque consideran injusta su contribución económica a la república. Con cientos de miles de seguidores en redes sociales (y aportaciones económicas para cubrir gastos de 9.000 euros; en Brasil se pregunta enseguida por el dinero ante la sospecha de injerencias foráneas), los motivos valen igual para la otra cara de la moneda: los independentistas del nordeste, los estados de Pernambuco, Ceará y Río Grande do Norte, históricos abandonados del gobierno central, la parte pobre del país y granero de votos del PT de Lula en sus años dorados. Y en el medio, los separatistas del estado de São Paulo, que con un PIB equivalente al de Argentina está considerado el motor económico del gigante brasileño.

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