Todos pendientes de Puigdemont

El secesionismo llega dividido al momento decisivo de su desafío: unos quieren declarar ya una independencia que nadie reconocería, otros buscan una proclamación en diferido


Redacción / La Voz

España encara una semana en la que se juega su futuro. Y lo hace pendiente de hacia dónde se incline el martes el presidente catalán, Carles Puigdemont. Si vuelve a la senda de la legalidad que abandonó hace tiempo, o si, por el contrario, porfía en su desafío y da su último paso hacia el precipicio, una declaración de independencia que nadie reconocería. Sea como sea, el desafío secesionista, que lleva años de gestación, entra en sus horas decisivas. A las seis de la tarde del martes comenzará el pleno en el que los separatistas darán el paso definitivo. A 48 horas de ese momento culminante, las cosas no están nada claras, las disensiones van en aumento y, después de años de declaraciones altisonantes, muchos de los que las profirieron no saben bien cómo salir ahora del atolladero.

La firmeza de la Unión Europea, que ha cerrado todos los resquicios a los independentistas, con los que ni siquiera quiere hablar, fue el primer golpe de realidad. Pero el más contundente ha sido la reacción empresarial. En un par de días, Cataluña ha perdido todo su sector financiero y buena parte del industrial y de servicios ha emprendido viaje a otras partes de España. Y ni siquiera ha hecho falta que se consume la amenaza de declarar la independencia. Ha bastado el amague para que el dinero haya salido a la carrera.

 

Disensiones

Los dirigentes secesionistas se han quedado sin nada que ofrecerles a sus seguidores, más que un sueño imposible que se va evaporando día a día. Además, la espada de Damocles de la Justicia y del Tribunal Constitucional está cada vez más cerca de sus cabezas, a solo un pequeño movimiento de la inhabilitación, en la más suave de las perspectivas, y de la cárcel en cuanto se active la vía penal si consuman la declaración unilateral de independencia.

Un planteamiento que un importante sector del soberanismo nunca ha digerido del todo, pero ha dejado hacer ante la necesidad del apoyo de los sectores más radicales. Ahora, la CUP se siente protagonista y exige que el martes se declare la independencia. Los parlamentarios antisistema y los de Junts pel Sí negocian a contrarreloj un texto que sirva de punto de encuentro para su aprobación el martes. La propuesta de los sectores más moderados es una especie de declaración de independencia en diferido, que se anunciaría pero que no se aplicaría ahora, a la espera de una negociación posterior. Es la posición reflejada en las declaraciones de Artur Mas. Pero la CUP se sigue negando, y rechaza incluso unas elecciones plebiscitarias. Su argumento es que ya lo fueron las del 2015.

En la Moncloa confían en que la grieta se amplíe y que cuando llegue el momento de la verdad el secesionismo se resquebraje por completo. Pese a las críticas, Rajoy se mantiene fiel a su estrategia de no adelantarse a los acontecimientos e ir respondiendo a cada paso que den los independentistas, intentando que se ahoguen ellos solos sin darles oxígeno con acciones prematuras. Es lo que explica que haya renunciado a aplicar el artículo 155 de la Constitución pese a las presiones de todo tipo para que lo ponga en marcha. 

Críticas de Felipe González

La última, la de Felipe González, quien ayer dijo que si él hubiera estado en el Gobierno lo habría aplicado hace un mes. «Yo hubiera suspendido a los responsables que han violentado la Constitución y el Estatuto de autonomía en sus funciones y hubiera tratado de excluir la vía penal y la vía de los jueces». Una crítica que extendió también a su propio partido, que, dijo debe apoyar al Gobierno si hace «lo que tiene que hacer», aunque, insistió, hasta ahora no lo ha hecho. Pero Pedro Sánchez insistió ayer en la vía del diálogo, aunque también aclaró que en el supuesto de que los secesionistas cumplan su amenaza, el PSOE apoyará la respuesta que dé el Gobierno ante «cualquier quiebra unilateral del Estado».

Rajoy, que hasta el momento garantizaba que no habrá independencia, ahora asegura que, aunque la declaren, no tendrá efecto real. El presidente sigue confiando, y apelando, a los soberanistas más moderados para que rompan con la CUP y retornen a la legalidad. La respuesta, el martes.

Comentarios

Todos pendientes de Puigdemont