Fernando García de Cortázar: «El Gobierno debió haber intervenido hace años los colegios catalanes»

Las escuelas han formado «generaciones en una idea combativa y agresiva contra España», sostiene el historiador bilbaíno


A Coruña / la Voz

Confiesa que se emociona al escuchar Negra sombra o al evocar aquellos viajes a Galicia con sus padres, cuando se extasiaban ante la desembocadura del Miño. Lleva publicados 70 libros y prepara el próximo. Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942), que llevó escolta durante 15 años (cuatro de ellos viviendo en Galicia tras abandonar el País Vasco), habló anoche sobre Lutero en el centro Fonseca de A Coruña y hoy (20 horas) lo hará, en el mismo foro, sobre el cardenal Cisneros.

-¿Cómo ve lo de Cataluña?

-Siempre trato en mi vida de sacar de los males bienes. De este horror, de esta tragedia que estamos viviendo los que nos sentimos muy españoles y, por lo tanto, muy amantes de Cataluña, había que sacar una conclusión clarísima: no se puede permitir que las autonomías, como Cataluña, estén manipulando de esa forma tan provocadora la historia.

-¿Cómo lo hacen?

-En los últimos 30 años se han formado generaciones en una idea combativa y agresiva contra España. Eso es fruto de lo que ha pasado y está pasando en los colegios. Creo que el Gobierno tenía que haber intervenido hace años, la alta inspección tenía que haber intervenido.

-¿Se puede hablar de un momento inicial en todo esto?

-En 1977 hay una gran manifestación en Barcelona a favor de la democracia, de la amnistía y del Estatuto de Autonomía. En esos momentos el independentismo era residual, ni un 10 %. Ahora las cifras han aumentado, y no solo por la crisis económica. Pero esta ha producido una especie de orfandad que ha sido aprovechada por el nacionalismo catalán para crear un espejismo de paraíso artificial en la idea de que la independencia nos va a salvar la economía, nos va a salvar de nuestra situación de tristeza, una cosa que no ha ocurrido.

-¿Cómo han llegado hasta aquí?

-Han pisado el acelerador en la falsificación de la historia y hemos llegado a eso que hay que denunciar: cómo la Generalitat ha comprado los medios, la prensa, la radio, etcétera y ha convertido en verdaderos cadáveres sociales, en cadáveres políticos, a los disidentes. Frente a esa imagen que predican de la España plural, ellos han construido una Cataluña monolítica, en la línea independentista y secesionista, basada en una historia mitificada que muchos historiadores venimos denunciando desde hace tiempo.

-¿Qué pasó con el «seny» catalán, esa versión para la clase media del sentidiño gallego?

-Las clases medias catalanas se han convertido al nacionalismo. La progresía catalana era catalanista pero no independentista, porque hay que recordar que hablan de la tradición y rompen la tradición autonómica del catalanismo; había un catalanismo integrador, con gente como Prat de la Riba o Francesc Cambó, que trataban de afirmar la idea de integrarse en España y liderar el progreso. No en vano cuando Menéndez Pelayo visita Barcelona dice: «Ahí está la cabeza de la regeneración de España», pensando en el catalanismo regenerador... Todo esto se acabó y es dramático para los que están viviendo allí, porque un referendo los obliga a una opción no deseada: ¿por qué tengo que elegir entre una bipolaridad despiadada que me hace enemigo? Usan los mismos sistemas de señalamiento que tiene el fascismo, el señalamiento de los supuestos enemigos.

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