La UE echa por tierra la propuesta de May para sacar ventaja en el «brexit»

La cumbre de mañana rechazará abrir el capítulo comercial mientras Londres no pague


Bruselas / Corresponsal

«No confiamos sino que esperamos que haya avances para diciembre». Así resumía el martes una alta fuente del Consejo Europeo el estado de ánimo de los 27. Nadie se fía del Gobierno de May. Ni de su voluntad de progresar en las negociaciones del divorcio ni en su compromiso con las tres prioridades de la UE: la protección de los derechos de los trabajadores desplazados, la solución para la frontera entre las dos Irlandas y la factura del brexit. A pesar del enorme despliegue diplomático efectuado por la primera ministra en la última semana, los contactos no parece que le vayan a abrir las puertas a la segunda fase de las negociaciones, en las que la UE pasaría a negociar la futura relación con el Reino Unido.

Y no lo harán porque los 27 constatan, como figura en las conclusiones de la cumbre que arranca mañana en Bruselas, que «no se han dado los avances suficientes» para poder abrir un nuevo capítulo. Nadie espera en la capital comunitaria que May aterrice con nuevas ideas. «No esperamos nuevas iniciativas por su parte», aseguran fuentes de la UE conocedoras de las conversaciones entre la premier y sus socios, quienes sí se mostrarán el viernes dispuestos a seguir hacia la siguiente fase, a prepara el trabajo para las negociaciones, pero la luz verde dependerá «de lo que hagan los británicos».

El lenguaje de la UE se ha suavizado aunque las puertas siguen cerradas. Y la razón es que al margen de la aparente unidad entre los 27, han empezado a surgir voces que piden más mano izquierda con los británicos. Es el caso de los holandeses o los italianos. Sin embargo, Berlín y París han impuesto su postura. No habrá negociaciones sobre acuerdos comerciales hasta que Londres se comprometa a saldar las cuentas que debe a la UE, una tarea que May intenta esquivar a toda costa. «Estoy listo para acelerar el ritmo, pero para ir más rápido se necesitan a dos», aseguró ayer el negociador europeo, Michel Barnier, aludiendo a su homólogo británico, David Davis, quien no ha hecho más que correr en círculos desde que arrancó la primera ronda de negociaciones, y ya van cinco, y que ayer acusó a Bruselas de jugar con el tiempo para obtener más dinero.

La negociación del brexit no es el único asunto que genera brechas entre los 27. Durante esta cumbre está previsto que se aborden otras cuestiones igual de peliagudas como la gestión migratoria. Cuando parecía que la UE no podía estar más dividida a costa de la rebelión de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) contra las cuotas de reubicación y la reforma del asilo, fuentes del Consejo confirmaron ayer que también existen reticencias por parte de algunos países en torno a la efectividad del Fondo Fiduciario de la UE para África, un instrumento con el que se trata de externalizar la gestión de los flujos migratorios.

«Habrá que discutir cómo mejorar la confianza en el fondo», admiten. También se debatirá durante la cita la posibilidad de tratar al más alto nivel algunos conflictos enquistados en las mesas de los ministros como el dosier sobre la armonización fiscal: «Algunos dicen que la unidad no debe ser excusa para el inmovilismo. Yo digo que la ambición no debe ser una excusa para las divisiones», alertó ayer una fuente diplomática del Consejo.

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