Hallan indicios de más riesgo de cáncer en municipios de áreas industriales

Diez millones de personas viven a menos de 5 kilómetros de zonas contaminantes


Santiago / La Voz

Contaminación industrial y cáncer en España: un importante problema de salud pública. Bajo este título, científicos del Instituto de Salud Carlos III han publicado un estudio, dirigido por el epidemiólogo Gonzalo López Abente, en el que hallan indicios de un mayor riesgo de mortalidad por cáncer en municipios próximos a zonas industriales. La conclusión del trabajo, con datos de los años 2007 a 2010, es muy clara, aunque no del todo concluyente: aquellos que residen en pueblos situados cerca de fuentes contaminantes industriales tienen un mayor riesgo que los que residen en otros municipios, «aunque es difícil separar el efecto de las emisiones industriales de otro tipo de exposiciones».

No obstante, avisan los autores, teniendo en cuenta que la cantidad de carcinógenos emitidos al aire por industrias cercanas a centros de población es considerable, «la reducción de las emisiones contaminantes debe verse como un objetivo obligatorio».

Los investigadores analizan estos carcinógenos en las emisiones de aire en proximidad, y la comparan con la mortalidad por cáncer. La población «expuesta» que definieron es aquella que reside a menos de cinco kilómetros de estas áreas industriales. Un total de 9,6 millones de personas en España están en este radio de exposición, mientras que si se limita a dos kilómetros los ciudadanos afectados serían dos millones. En esta comparativa se reflejó que el riesgo de mortalidad por cáncer sube un 17 % en estas zonas, centrado en tumores del sistema digestivo y respiratorio, cáncer de vesícula biliar, leucemias, de próstata, mama y ovario. En función del tipo de industria también se refleja una mayor incidencia de uno u otro tumor. Por ejemplo, el uso del carbón como combustible en centrales eléctricas se asocia a más presencia de cáncer de pulmón y vesícula biliar, o la extracción de antracita o lignito en minas al colorrectal.

Los autores admiten matices que deben hacerse a los resultados. Por ejemplo, los efectos que se ven son pequeños y lógicos, pero no implican una relación causal. Las emisiones actuales de las industrias son probablemente muy diferentes a las de hace años, no se han tenido en cuenta las dosis de exposición y, además, hay variables incontroladas como el tráfico, el tabaquismo o la radiación natural.

Aunque hay municipios expuestos a la contaminación industrial en todo el territorio, incluida Galicia, hay un alto nivel de carcinógenos en varias ciudades del suroeste, este y norte del país. Además, los científicos constatan que algunos tipos de cáncer se asocian a la proximidad a distintos sectores industriales, por lo que recomiendan un informe más detallado. De hecho, hay otros estudios que relacionan el cáncer de riñón con la industria de la chatarra o el de ovario con los fertilizantes. El informe también da por buenos los resultados de riesgo excesivo entre hombres y mujeres. Por ejemplo, en el caso del pulmón aparece mayor riesgo en hombres, lo que podría apuntar a las exposiciones ocupacionales, es decir, personas que trabajan en determinados sectores industriales. La sinergia entre la contaminación del aire y el tabaquismo, por ejemplo, eleva el riesgo de mortalidad un 30 %.

Otra constatación que sugiere esta exposición ocupacional es el exceso de riesgo de cáncer colorrectal, encontrado solo en hombres en municipios de las proximidades de instalaciones metalúrgicas, o de minas de carbón y cáncer de tiroides. No obstante, admiten lagunas, como no tener en cuenta que la exposición real depende de variables como los vientos dominantes o las formas geográficas, solo considerar las emisiones por aire, o asumir que toda la población tiene el mismo nivel expositivo.

El mesotelioma es el único tumor con más incidencia por el asbesto

En Galicia, explican los oncólogos, la mayor incidencia de cáncer que puede darse es por un motivo obvio, el envejecimiento de la población, que es uno de los factores más importantes. No obstante sí se registraron más casos de mesotelioma en las zonas en las que había astilleros por el uso de asbesto, ya prohibido.

«El estudio no sirve para establecer una causalidad, porque tiene limitaciones muy claras», dicen sus autores

Los propios investigadores piden cautela a la hora de interpretar su estudio

r. r.

Cautela. Mucha cautela. Es lo que piden los propios investigadores del Instituto de Salud Carlos III a la hora de interpretar su estudio. «Los resultados -advierten- proceden de estudios de tipo exploratorio que ayudan a generar hipótesis, pero no sirven para demostrar causalidad, ya que tienen limitaciones muy claras», según explica Pablo Fernández, el primer autor del trabajo. No se ha tenido en cuenta, de hecho, la distribución espacial de otros factores de riesgo claramente relacionados con el cáncer, como son el tabaco, la obesidad, el alcohol y otros.

Los datos para realizar su análisis de fuentes contaminantes se obtuvieron del Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes, pero los resultados «se aplican a España y no son específicos por región», por lo que tampoco se podría establecer en qué medida el hipotético riesgo afectaría o no a Galicia.

En líneas generales, los investigadores apuntan a que existen «muchos municipios expuestos a carcinógenos distribuidos por todo el territorio nacional» ya que se observan «excesos de riesgo de morir por algunos cánceres» en zonas próximas a ciertos complejos industriales, pero al mismo tiempo dejan claro que «los resultados deben ser tomados con mucha cautela y nunca ser interpretados en términos de causalidad». Esto último es un factor clave que indica que, con los datos que se tienen, en ningún caso se puede establecer una relación directa causa-efecto entre la exposición a contaminantes procedentes de la industria con una mayor mortalidad por cáncer.

«Enfermedad multicausal»

Pablo Fernández también indica que las conclusiones de sus estudios tampoco permiten «discriminar cuál de los contaminantes podría estar más asociado con la mortalidad por cáncer». Advierte que en el período analizado, 2007-2010, se ha observado una reducción en las emisiones de la mayoría de los contaminantes considerados como carcinógenos. Desde el punto de vista de la salud pública los epidemiólogos del Carlos III entienden que sería aconsejable «cualquier medida preventiva que reduzca o elimine la exposición a sustancias contaminantes, muchas de ellas carcinógenas». «Es -dice Fernández- algo fundamental y necesario». Pero, al mismo tiempo, el experto precisa que «el cáncer, como la mayoría de las enfermedades crónicas, es multicausal, por lo que se recomienda mucha cautela a la hora de tomar decisiones únicamente teniendo en cuenta la posible asociación con la contaminación industrial».

El trabajo plantea una hipótesis, pero no prueba nada

El estudio realizado por los epidemiólogos del Instituto Carlos III no determina una relación directa entre las emisiones de la industria con una mayor mortalidad por determinados tipos de cáncer. Solo plantea que esta posibilidad puede existir, pero no lo concluye. Es una pista a seguir, que puede ser buena o falsa, algo que solo podrán verificar otras investigaciones específicas que establezcan una relación de causa-efecto. Así lo apunta el profesor de Medicina Preventiva en la Universidade de Santiago Alberto Ruano, un experto en epidemiología del cáncer que ha colaborado con el grupo madrileño en anteriores ocasiones. «Es un estudio -precisa- de tipo ecológico, en el que no se analiza a individuos concretos, sino a grupos». Advierte que «para lo que sirven es para apuntar indicios de una asociación que debe ser demostrada, o no, a través de otros estudios epidemiológicos más rigurosos, en los que se analice a individuos particulares, su estilo de vida, su dieta, si fuman, beben, en qué trabajan...».

Manuel Collado, director del Laboratorio de Células Madre en Cáncer y Envejecimiento del IDIS de Santiago, comparte el análisis y destaca que este tipo de estudios sirven para «formular hipótesis de trabajo que luego deben ser refrendadas o descartadas con evidencias más potentes que permitan discernir una causalidad». Tampoco se ha discriminado por población, ya que «áreas más densamente pobladas, las industriales, dan lugar a la aparición de enfermedades de baja incidencia con mayor facilidad, por una cuestión de pura probabilidad». Collado, de todos modos, entiende que la polución ambiental «debe ser temida muy en cuenta y ponerse los mecanismos necesarios para reducir su emisión y minimizar el impacto en la población».

Más investigaciones

Rafael López, director del grupo Oncomet en el IDIS de Santiago, realiza una primera precisión: «el gran causante del cáncer ambiental es el tabaco». Hecha la aclaración, dice que el grupo de Madrid que realizó la investigación «es muy solvente», pero que de su trabajo «no se puede establecer una causalidad». Hay conclusiones que sí le encajan, como que las emisiones de la industria puedan afectar más a los tumores del trato digestivo y al aparato digestivo, pero no entiende la correlación con el de mama. López llama a la cautela, pero sí cree que se debe estudiar más la relación entre el cáncer y la polución.

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