La UE no cede a la seducción de May y le pide que evite un «brexit» doloroso

La británica hace un guiño a los ciudadanos para desbloquear las negociaciones


Bruselas / Corresponsal

«Queremos que os quedéis». Así de templada y amistosa se mostró el jueves la primera ministra británica, Theresa May, horas antes de reunirse en Bruselas con sus 27 socios de la UE. La conservadora quiso lanzar un mensaje de tranquilidad a los europeos residentes en el Reino Unido. Son más de tres millones de personas que no saben qué será de ellos y sus familias cuando el país abandone la Unión en marzo del 2019 y la premier quiso dejar claro por carta que Londres ofrecerá todas las garantías para que se puedan quedar agilizando el mecanismo futuro de concesión de permisos.

La maniobra llega en pleno bloqueo negociador con Bruselas, según advirtió ya el responsable europeo, Michel Barnier, y está previsto que hagan hoy los 27, con Theresa May fuera de la cumbre. «No se han dado avances suficientes para pasar a la siguiente fase», aseguran las conclusiones. Sin embargo, este pequeño paso de May puede abrir las puertas al inicio de los trabajos internos de la UE para preparar el salto a la segunda fase. La británica pide urgencia. «Esperamos ver avances en las próximas semanas», manifestó antes de mostrar su compromiso con la seguridad y la defensa europeas.

A pesar de sus gestos, los 27 siguen el proceso con mucho escepticismo. «Hay voluntad de avanzar, pero constatamos que no podemos hacerlo», asegura una fuente de Bruselas. Incluso el primer ministro holandés, Mark Rutte, defensor de un brexit blando, admitió el jueves los escasos avances que han dado los británicos para llegar a un acuerdo de divorcio. «Preferiría una cifra para poder negociar. Pero si esto es pedir mucho, al menos tener una propuesta de cómo llegar a esa cifra. Pero ella ni siquiera ha podido elaborarla», se quejó el liberal.

La situación está en punto muerto. May ofreció 20.000 millones de euros. «Cacahuetes», en opinión del presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani. Aunque para el jefe del Consejo Europeo, Donald Tusk, no es una suma menor: «Nunca he visto cacahuetes de 20.000 millones de euros». Bruselas insiste en que la factura no puede bajar de los 60.000 millones.

May se comprometió a acelerar el trabajo para llegar a diciembre con los deberes hechos. Es la fecha crítica para los 28. «Si para entonces no tenemos posibilidad de avanzar nada y de aprobar nuevas directrices de negociación yo creo que no acabamos», asegura una fuente conocedora de las negociaciones. «Estoy seguro de que sigue siendo posible, pero necesitamos más propuestas por parte de los británicos», sostuvo Tusk. Más crítico de mostró el primer ministro irlandés, Leo Varadkar. «No es suficiente con que el Reino Unido diga lo que no quiere, como una frontera dura en Irlanda. Tiene que explicar con detalle cómo piensan evitarlo».

Alemania y Francia siguen abanderando a los socios con una posición más dura. La canciller quiso relajar un poco el ambiente tendiendo la mano a May y asegurando que hay «señales esperanzadoras» de poder avanzar a la segunda fase antes de que acabe el año. «Ha habido progresos aunque en este momento no son suficientes para entrar en una segunda fase», indicó arropada por el presidente francés, Emmanuel Macron, quien pidió claridad y subrayó la «fuerte unión de los 27» y el respaldo absoluto al trabajo de su paisano Barnier.

Kurz anuncia un Gobierno proeuropeo en Austria

La UE respira tranquila. De momento. Y lo hace después de que el ganador de las elecciones austríacas, el joven Sebastian Kurz, anunciase su intención de articular una coalición de Gobierno comprometida con el proyecto europeo. «Cualquier Ejecutivo que vaya a formar será pro europeo, un Gobierno que quiere construir Europa activamente», aseguró el nuevo canciller a su llegada al Consejo Europeo.

Las dudas todavía no se han despejado ya que Kurz incidió en varias ocasiones en su deseo de prescindir de los socialdemócratas del SPÖ, segundos en los comicios por un estrecho margen de votos respecto a la tercera fuerza, el partido ultraderechista FPÖ, que partía en las quinielas como el favorito de Kurz para organizar el nuevo Ejecutivo dada su férrea oposición a las políticas migratorias de la UE y a la acogida de refugiados. El conservador trató el jueves en Bruselas de convencer a sus socios de que no tienen nada que temer. «Queremos poner a Austria de nuevo en lo alto de la UE. Soy un proeuropeo», incidió.

Pero los amigos que se granjeó en los últimos días hacen saltar las alarmas. Nada menos que el ministro de Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, celebró el giro a la derecha de Kurz en torno a los inmigrantes, una maniobra aplaudida por los países de Visegrado (Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia), que ya sueñan con sumar un quinto socio al club de los amotinados contra las cuotas de acogida. Pero el V5 no parece que vaya a tomar forma. Kurz rechaza el ingreso de Austria en el grupo. Italia aguanta la respiración y cruza los dedos esperando que Viena no cierre el paso de Brenner, puerta de salida de los migrantes en su ruta hacia el norte de Europa.

A pesar del tono de tranquilidad y de las buenas palabras de Kurz, no está claro cómo podrá cuadrar el círculo y conseguir formar un equipo de ministros europeísta. Solo tiene dos opciones para articular su gobierno: o los socialdemócratas, con los que no quiere negociar, o la ultraderecha, contraria a los valores de la UE. Ninguna otra opción suma los escaños suficientes para poder perfilar una coalición estable.

El primer ministro de Malta asegura que su país no es un Estado mafioso

«Necesitamos llegar hasta el fondo de este asunto», aseguró con el semblante despreocupado el primer ministro maltés, Joseph Muscat. El socialdemócrata acudió a Bruselas para reunirse con sus socios europeos, una cita que arrancó empañada por el asesinato reciente de la periodista de investigación, Daphne Caruana, conocida por desvelar asuntos de corrupción relacionados con las más altas esferas del Estado, incluido el círculo más cercano de Muscat.

El hijo de la reportera, Matthew Caruana, lo acusó hace tres días de ser «cómplice y responsable» de su muerte, la décimo tercera que se produce en la isla con un coche bomba en poco más de un año. El primer ministro rechazó todas las acusaciones y recordó desde la capital comunitaria que Caruana también arremetió contra muchos miembros de la oposición. Es el mismo mensaje que deslizó el miércoles ante el Parlamento maltés, donde hizo una radiografía lacrimógena sobre el acoso al que su familia se vio sometida por la periodista fallecida.

Las preguntas incómodas no tardaron en llegar cuando Muscat apareció por la puerta del Consejo Europeo. «¿Es su país un Estado mafioso?». «No, en absoluto», respondió el primer ministro quien aseguró que pondrán todos los medios disponibles para dar con los asesinos de Caruana. Los trabajos ya están en marcha. Malta pidió ayuda internacional. Holanda respondió a la llamada y los equipos de expertos del FBI también se sumarán a las pesquisas.

Recompensa

«No es solo un asesinato, es un crimen genuino en sí mismo por cuanto ha dejado una marca en nuestro país», admitió Muscat, quién anunció «una recompensa sustancial y sin precedentes» a quien ofrezca información del caso pero descartó pedir apoyo a sus vecinos europeos para ayudar a desmantelar el crimen organizado que opera en la isla y al que algunas voces en la oposición lo vinculan.

El escándalo ha traspasado las fronteras del pequeño país mediterráneo. Bruselas aseguró estar «horrorizada» con el asesinato de Daphne y pidió esta semana la máxima transparencia en la instrucción del caso. El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, anunció el jueves que la institución debatirá este asunto en el plenario de la próxima semana: «Muchos eurodiputados han pedido una investigación detallada, en profundidad. Tengo total confianza en las autoridades maltesas», aseguró el italiano.

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