Artículo 155, en territorio comanche

Los expertos destacan las dificultades que tendrá el Gobierno para aplicarlo y señalan las ventajas y riesgos de convocar las elecciones de forma inmediata


Aplicar el artículo 155 de la Constitución tendrá complicaciones, dada la dura resistencia que opondrán los independentistas desde las instituciones y desde la calle. Mariano Rajoy ha apostado por convocar elecciones el 21 de diciembre, aunque, según las encuestas, si concurren los independentistas el escenario político catalán no variaría. Seis destacados constitucionalistas y politólogos explican a La Voz lo que puede pasar.

¿Cuál es el escenario después de la adopción de las medidas del artículo 155 de la Constitución?

Para Roberto L. Blanco Valdés, «fundamentalmente es un escenario incierto, porque todo hace pensar que la oposición a su aplicación del nacionalismo catalán, desde las instituciones y desde la calle, será muy fuerte». Añade que «si la desobediencia institucional continúa, como anuncian los gobernantes depuestos, y dado el breve plazo hasta la celebración de las elecciones, el Gobierno se encontrará indudablemente con muchas dificultades. Probablemente tendrá que centrar su intervención solo en esferas clave para restaurar la legalidad, ante una imposibilidad material de hacer efectiva la sustitución de autoridades políticas con carácter general». El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidade de Santiago advierte: «A la vista del anuncio de los nacionalistas de que se llevará el conflicto a la calle para convertirla en su arma de combate contra el Estado, la situación podría adquirir una gravedad máxima», lo que llevaría a añadir al 155 «una eventual declaración del estado de excepción del artículo 116». El catedrático de Derecho Administrativo Santiago González-Varas está de acuerdo. «Es un primer paso para parar el independentismo; si no funcionara, habría que seguir dando otros, ya que el Estado tiene más mecanismos», sostiene.

«Es territorio desconocido, es la primera vez que el Gobierno central utilizará leyes coercitivas para imponer su voluntad», señala el politólogo Roger Senserrich. El analista electoral Jaime Miquel prevé un «escenario de intervención con resistencia del independentismo, actuaciones policiales y judiciales, quizá violencia, y que va para largo». «El escenario es de división total y frontal y, a medida que se ejecute el 155 por los medios políticos y administrativos, y quién sabe si coercitivos también, la división será más grande», considera el consultor político Santiago Martínez. Xavier Arbós señala que «legalidad constitucional y estatutaria» tiene más posibilidades de imponerse a la legalidad paralela de la república declarada «porque los medios a su disposición son mucho mayores».

¿Sería difícil aplicarlo?

Martínez apunta que «la Administración estatal es escasa en Cataluña, que mayormente es autonómica y nacionalista, así que sería muy complicado ejecutar decisiones si hubiera huelgas, ya sean de celo o en las calles». Y añade: «Asimismo, veo complicado un desalojo material de los cargos autonómicos de primer nivel, esa imagen podría ser muy perniciosa para Madrid». «Según como sea de dura la acción de la legalidad constitucional y estatutaria, por ejemplo si hay detenciones de personalidades públicas, el independentismo confirmará sus argumentos según los cuales el Estado español es inherentemente represivo», señala Arbós. Blanco Valdés prevé «muchas dificultades». Y lo explica: «en primer lugar, porque una posible dimisión en masa de cargos públicos intermedios haría imposible de hecho la sustitución de todos ellos, lo que repercutiría muy negativamente en el funcionamiento de la Administración autonómica». Pero, «aun en el caso de que no se produzca esa dimisión en masa, habrá boicots y desobediencia, más o menos activa, lo que obligaría a las nuevas autoridades a adoptar medidas disciplinarias que podrían generar una infernal espiral de acción-reacción de imprevisibles consecuencias». Senserrich apunta que habrá que ver «qué grado de obediencia hay en los funcionarios» y destaca que en Cataluña hay 200.000 empleados de la Generalitat y menos de 10.000 del Gobierno». Prevé que «habrá toda clase de protestas y algaradas de resistencia civil buscando provocar una reacción del Estado». Políticamente, cree que «el 155 puede dividir aún más a la sociedad catalana, con la apuesta de los secesionistas por escalar el conflicto, lo que haría el clima irrespirable». González-Varas señala que «pueden producirse dificultades, pero serán superables». Y en todo caso, «hay que ver qué se gana más que qué se pierde».

¿Es una buena solución convocar elecciones?

«Hago una interpretación restrictiva del artículo 155, que no creo que faculte al Gobierno para convocar elecciones, pero me parece políticamente oportuno que sean el 21 de diciembre, es la opción menos mala para desbloquear la situación», afirma Arbós. Blanco Valdés señala que «la ventaja de una convocatoria inmediata es que ha quedado disuelto un Parlamento que podría poner mil dificultades contra la intervención de la autonomía y que sería un instrumento más de agitación y propaganda y manipulación de la opinión pública». Explica que «al convocar elecciones el 21 se acorta además un período de interinidad que sin duda será muy duro y complicado para el Gobierno». Pero también advierte del riesgo de que ese breve plazo «no permita ni desmontar como es debido las bases de la rebelión ni reponer íntegramente la legalidad constitucional, cosas ambas que serían utilizadas por los nacionalistas para mantener la agitación popular que tanto les ha beneficiado». Porque, añade, «solo si el nacionalismo es derrotado en los comicios del 21 se abrirá una posibilidad cierta de resolver la gravísima crisis política y constitucional que ha provocado». Y concluye así: «Si no ocurre así, esa crisis se enquistará con consecuencias hoy imprevisibles, pero casi con toda seguridad profundamente negativas para Cataluña y para España».

Los analistas prevén en Cataluña un escenario político estable y cambios en el nacional

¿Cambiarán la DUI y la aplicación del 155 el escenario político catalán y español? El factor decisivo es si los independentistas boicotearán o no las elecciones. Martínez señala que «participar en unas elecciones convocadas desde Madrid tras una declaración de independencia sería incoherente y podrían usar la abstención como un aval del pueblo catalán a su decisión en caso de que esta fuera mayoritaria». Si concurren, «el resultado será básicamente el mismo que en las autonómicas del 2015», según Senserrich. Miquel recuerda que entonces «votó el 75% del censo, lo que significa que ya se retrató todo el mundo en aquellas elecciones plebiscitarias». Y se atreve a dar un pronóstico: «Ganaría ERC con 42 escaños, PDECat, hacia los 20 y la CUP, 9; lo que suma mayoría absoluta; del otro lado, Ciudadanos con 21 actas, PSC con 17 y los comunes con 16; distanciado, el PP, con 10 escaños».

A escala nacional, según Martínez, «los partidos tradicionales se verán reforzados». «La base electoral popular encaja bien las decisiones tomadas e incluso muchos expresaban que Rajoy debía haber actuado antes», explica. «El PSOE es probable que recupere voto de izquierda, pues si antes el clevage electoral del votante era ideológico (izquierda / derecha), ahora pasa a ser territorial (nacionalismo / centralismo), por lo que un considerable espectro electoral de Podemos vería más útil y encajable, en su visión territorial de España, apoyar a los socialista», añade.

Quién sube y quién baja

Para Miquel, «hay cuatro espacios claros, PP y Ciudadanos comparten uno y Pedro Sánchez tiene ahora opciones de ocupar el lugar central, mientras que Unidos Podemos y las confluencias quedan enfrente del orden de 1978». Blanco Valdés estima que «el escenario político se enrarecerá aún más, y es difícil saber quién puede salir beneficiado y perjudicado, pues las condiciones de la crisis cambian en cuestión de horas». Pero cree que «entre los partidos nacionales el que cuenta, tanto en España como en Cataluña, con más posibilidades de salir beneficiado es Ciudadanos, que juega sus cartas con toda claridad, y de salir perjudicado, el PSOE-PSC, que con su obsesión de contentar a todos podría acabar no contentando a nadie». En cuanto al PP, «dependerá sobre todo de cómo acabe la intervención de la autonomía». Y Podemos «debería sufrir también un severo castigo por su oportunismo».

La opinión de los expertos

Roberto Blanco Valdés. Catedrático constitucional

Incertidumbre. «Es un escenario incierto, pues no sabemos el grado de dureza con que se opondrá a su aplicación el nacionalismo, desde las instituciones y la calle, pero creo que será muy fuerte».

Roger Senserrich. Politólogo

Sin cambios. «Los resultados de las elecciones convocadas por Mariano Rajoy al amparo del artículo 155 serán básicamente los mismos que las que se celebraron en diciembre del 2015».

Santiago G.-Varas. Catedrático administrativo

Se gana más que se pierde. «Pueden producirse dificultades técnicas, pero serán superables y menores de lo que se piensa y, en todo caso, hay que ver qué se gana más que qué se pierde».

Santiago Martínez. Consultor político

Complicado. «La Administración estatal es escasa, así que será muy complicado ejecutar decisiones si hay huelgas, ya sean de celo o en las calles, y también un desalojo material de los cargos depuestos».

Jaime Miquel. Analista electoral

Los independentistas ganarían. «Ganaría ERC, con 42 escaños; PDECat, hacia los 20; y la CUP, 9; es decir mayoría absoluta. Del otro lado, Ciudadanos, 21; PSC, 17; los comunes, 16; y el PP, 10».

Xavier Arbós. Catedrático constitucional

Opción menos mala. «No creo que el 155 faculte al Gobierno para convocar elecciones, pero convocarlas el 21 de diciembre es quizá la opción menos mala para desbloquear la situación».

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