Los «comunes» no quieren lista única

La formación de Ada Colau tiende la mano a Podemos


La Voz en BARCELONA

Poco a poco se van despejando las incógnitas sobre el 21D. Ayer, dos partidos decisivos hicieron públicas sus posturas: el PDeCAT sigue apostando por una lista unitaria y propone a Carles Puigdemont como candidato y Catalunya en Comú (la formación de Ada Colau y locomotora de Cataluña Sí que es Pot) escapa de la propuesta independentista e intenta atraer al dividido Podem (Podemos) para que cierre filas en torno a Xavier Domènech.

Los primeros fueron los exconvergentes, que reunieron a su consejo nacional en el que se estudió tomar medidas contra Santi Vila, exconsejero que podría armar un nuevo partido. En un discurso duro -«España practica el derecho de conquista»-, pero en un tono mucho menos agresivo que el de la víspera en ERC, Marta Pascal, coordinadora general del PDeCAT, abogó por una movilización «sin fisuras» para que «el día 21 las urnas estén llenas de dignidad». Defendió una respuesta «pacífica, serena, rotunda y democrática» ya que, recalcó, son un partido que ocupa «un espacio de centro soberanista, pragmático y europeísta».

Siguió apostando por una lista conjunta con otras fuerzas independentistas -en su programa, dijo, irá la república catalana, la amnistía a «los presos políticos» y la recuperación de las instituciones- en la que estén los ahora detenidos y también los cesados por el artículo 155, una lista que, proponen, encabece Carles Puigdemont. Aunque el consejo cerró filas en torno al gerundense -que envió un vídeo desde Bruselas- y los participantes se pusieron en pie coreando «¡Presidente!» cuando Pascal anunció que lo proponen como líder, la realidad podría acercarse a lo que dijo ayer mismo Artur Mas: si Puigdemont «quiere presentarse como candidato, el partido deberá ofrecerle un respaldo total»; dejaba entrever así que Puigdemont no era la opción más apetecible para PDeCAT, que quería ofrecer caras nuevas.

«Demasiados plebiscitos»

Estas caras nuevas también estarán en la lista de Catalunya en Comú, que ayer aprobó candidato en su coordinadora nacional. La portavoz de la formación, Elisenda Alamany, no dejó lugar a dudas sobre la idoneidad de Xavier Domènech para el puesto, ya que «representa la transversalidad», ya no solo del partido sino del «catalanismo político» y de las organizaciones sociales que buscan mejoras para la mayoría de la población.

Alamany criticó la política de frentes, y aunque convidan «a Podem para ir el 21D en una coalición», no están dispuestos a participar en una lista unitaria independentista: «Creemos que Cataluña ya ha estado sometida a demasiados plebiscitos (...) debemos pasar página de las listas unitarias (...) que han dado paso a políticas de recortes pilotadas por la antigua Convergencia». Sí creen que todos los partidos participantes en estas elecciones -«que no son nada normales»- deberían llevar en sus programas la petición de libertad «de los presos políticos» y la cancelación de la aplicación del 155.

No parece probable que estas ideas las exhiban PP, PSC y Ciudadanos, que tienen un discurso bastante más diferente entre sí de lo que los independentistas quieren transmitir.

Por su parte, Pedro Sánchez quiso separarse ayer de Rajoy al decir que «en un Estado de Derecho la justicia actúa, pero no hay soluciones penales para problemas políticos», aunque curiosamente esta crisis ha restablecido sus relaciones, lo contrario que ha pasado con Albert Rivera, quien parece sentirse algo ninguneado por Rajoy tras el apoyo del PSOE a la política territorial del Partido Popular.

Cataluña no volverá a la casilla de salida

Aunque vuelva al poder, el secesionismo tendrá que diseñar una nueva hoja de ruta porque el 155 cambia las reglas de juego

En contra de lo que están afirmando casi todos los que ven con desánimo las encuestas sobre el 21-D y concluyen que ese día volveremos a la casilla de salida, lo cierto es que ya nada volverá a ser igual en Cataluña, sea cual sea el resultado que arrojen las urnas. Aunque a algunos les cueste entenderlo, el objetivo de la aplicación del artículo 155 de la Constitución no era acabar con el independentismo, que es perfectamente legítimo, sino obligarlo a encauzar sus aspiraciones por vías estrictamente democráticas. Resulta infantil pensar que si, como parece probable, el Gobierno de Cataluña vuelve a estar en manos de un partido independentista, este vaya a repetir, como si se tratara de un bucle infinito, el proceso que ha llevado a todo el Ejecutivo catalán a la cárcel. Ese nuevo Gobierno no proclamará otra vez la independencia unilateral ni convocará otro referendo, porque ello obligaría a intervenir de nuevo la autonomía de Cataluña. De manera que, sin cejar un milímetro en sus aspiraciones, todo el conglomerado político y social del secesionismo deberá diseñar una nueva hoja de ruta que no concluya en una prisión y que no consista en violar sistemáticamente y de forma unilateral todas las leyes. Desde ese punto de vista, este procés está muerto y enterrado. Y ahora les tocará inventar otro. Imaginación han demostrado que no les falta. Y todo apunta que el nuevo procés pasará por continuas movilizaciones masivas para tratar de forzar al Gobierno a negociar un referendo pactado. Una estrategia que, aunque a muchos les pueda molestar, y aunque el Gobierno no vaya a ceder, es perfectamente legítima si se hace por cauces legales y pacíficos, y que no tiene nada que ver con las escenas esperpénticas que hemos visto en el Parlamento catalán derogando la Constitución en una tarde.

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