La UE da dos semanas a Londres para poner cifras a la factura del «brexit»

La tozudez de los británicos pone en riesgo el pase a la segunda fase de negociaciones


bruselas / corresponsal

«Flexibilidad», «imaginación» y «voluntad». Es lo que pidió ayer el negociador británico del brexit, David Davis, a la Unión Europea para poder salir del agujero negro en el que se ha metido el Gobierno de Theresa May. Bruselas puso ayer el broche a la sexta ronda de negociaciones sin novedad a la vista.

Queda poco más de un mes para que los líderes europeos pasen de nuevo la lupa a las negociaciones para decidir si abren o no la puerta a la segunda fase de negociaciones, en la que deberán abordar el período transitorio de dos años que pidieron los británicos y la relación futura con el Reino Unido. El reloj sigue corriendo, pero May no da su brazo a torcer. Su equipo se fue ayer de la capital comunitaria con las manos vacías y dejando muy mal sabor de boca entre los expertos de la Comisión Europea.

El responsable europeo, Michel Barnier, le dio dos semanas a los británicos para certificar avances «suficientes» y «reales» en las tres patas que sostienen el acuerdo de salida: los derechos de los ciudadanos desplazados, la solución a la frontera entre las dos Irlandas y la factura del divorcio. ¿Qué ocurrirá si Reino Unido no logra abrir la puerta de la segunda fase en la cumbre del 14 y 15 de diciembre? «Tendremos que retomar las discusiones en el futuro», aseguró el galo quien recordó que la UE no pide a Londres «concesiones» sino cumplir con sus compromisos y traer certidumbre «a donde el brexit trajo incertidumbre».

La UE exigió ayer a May que concrete su voluntad negociadora en propuestas detalladas: «No estamos en el momento de dejar todo listo, pero queremos progresos suficientes y reales», insistió Barnier para quien sigue siendo «absolutamente vital» que la británica traduzca sus buenas palabras del discurso de Florencia en una oferta financiera, pero el Gobierno británico se niega a avanzar cifras si no se empieza a negociar las condiciones para el período transitorio de dos años y el acuerdo comercial futuro. «Solo podremos concluir todo en el contexto de la futura relación», insistió Davis.

El tory sigue empeñado en marcar la agenda política de los 27 y apremia a Barnier a hacer la vista gorda en aquellos puntos donde no hay acuerdo. Londres no quiere saldar cuentas en este momento. Tampoco avanza medidas para garantizar que la solicitud de residencia de los ciudadanos europeos será «simple» y «poco costosa». Las diferencias en torno a la reubicación familiar y las garantías sobre las cotizaciones y los beneficios sociales siguen siendo dos grandes obstáculos, lo mismo que el rol del Tribunal de Justicia de la UE. Londres no acepta su jurisdicción: «Sigue siendo una prioridad del Reino Unido preservar la soberanía de sus tribunales», manifestó Davis con tozudez.

La agenda aprieta. El divorcio se consumará el 29 de marzo del 2019, pero los trabajos deben quedar listos seis meses antes para dejar tiempo a los parlamentos nacionales y a la Eurocámara a estudiar el acuerdo y emitir un veredicto. Esto supone que los británicos tienen menos de un año para dejar todos los cabos atados. Bruselas asume ya que no dará tiempo. Los 27 tendrán que ofrecer ese balón de oxígeno de dos años para que el Reino Unido prepare un aterrizaje suave fuera de la UE. El problema es que ni se ha empezado a negociar.

May avisa a sus detractores de que no tolerará bloqueos

La bandera a cuadros ondea ya en el horizonte, pero el Reino Unido apenas ha logrado salir renqueante de boxes. A menos de un año de consumarse el brexit Theresa May solo ha atinado a poner fecha y hora al divorcio con puntualidad inglesa: «Las 23:00 del 29 de marzo del 2019». La tory enmendará la ley del brexit (Proyecto de Ley sobre la Retirada de la UE) para dar valor jurídico a la desconexión definitiva. «Que nadie tenga duda de nuestra determinación o cuestione nuestro propósito. El brexit se está produciendo», aseguró ayer insistiendo en el mantra del «brexit es brexit» que algunos de sus propios diputados están empezando a poner en duda.

Existe dentro de su partido una rebelión en ciernes que puede poner en peligro el proceso. Algunos empiezan a manifestar su inquietud por las indeseables consecuencias que traerá el divorcio al Reino Unido. May no quiere ni más retrasos ni fisuras en una formación que vive desde antes del referendo una guerra civil interna. «No vamos a tolerar intentos desde ningún lado para utilizar el proceso de enmiendas como mecanismo para bloquear la voluntad democrática del pueblo al intentar ralentizar o detener nuestra salida de la UE», advirtió intentando reducir los problemas que se le multiplican en casa. A su fracaso electoral que desembocó en la pérdida de la mayoría se suman ahora la guerra entre sus camaradas, los portazos de sus socios europeos a negociar de tú a tú y los escándalos de acoso sexual que han estallado en Westminster.

Se complica la hoja de ruta de May. A ojos de algunos expertos, la primera ministra está amortizada. Su caída podría dar un giro a las enquistadas negociaciones con Bruselas. Algunos británicos todavía albergan esperanzas de poder paralizar la cuenta atrás. El padre del artículo 50 del Tratado de Lisboa con el que el Reino Unido inició su desconexión, Lord Kerr, exigió ayer al Gobierno británico que deje de «engañar» al decir que el brexit es un proceso irreversible. «El país todavía puede elegir libremente sobre si procede (la salida). A medida que salgan más datos, la gente tiene el derecho a cambiar de opinión. No hay nada en el artículo 50 que diga que el proceso no puede ser frenado», explicó.

Esa es una de las posibilidades que la UE siempre puso encima de la mesa de los británicos. Nunca es tarde para retractarse. Barnier lo deslizó al término de la quinta ronda de negociaciones. Y es que, como dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, tras recibir la solicitud de divorcio: «Ya os echamos de menos».

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